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LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 37

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Capítulo 37: Capítulo 6: Nihilidad (Parte 6) – Espada y escudo

Para Zhen y Kai, quienes reverenciaban a Asher hasta el punto del fanatismo precisamente por los sacrificios que hacía a pesar de su frágil cuerpo, escuchar a este intruso insultarlo de esa manera y exigir su cabeza fue el detonante definitivo.

La temperatura en el cráter cayó en picada. El aura que comenzó a emanar de los dos discípulos ya no era solo la de una defensa desesperada, se había transformado en una intención asesina pura, densa y espeluznante.

—Lo siento, Maestro —dijo Zhen, como ofreciendo una disculpa anticipada por lo que estaban a punto de hacer.

Sin desperdiciar ni una palabra más, ambos discípulos se lanzaron al ataque.

[Peak Time Law: Void Echo]

[Peak Space Law: Infinite Sword]

Dos de sus mejores ataques se lanzaron hacia Tian sin ningún tipo de restricción. No había duda de que su intención era destruirlo por completo. Sin embargo…

Una mano cubierta de ki se levantó casualmente y la espada de Kai se partió en mil pedazos, como si fuera de frágil cristal. Por otro lado, el ataque de Zhen impactó de lleno en el pecho de su oponente, pero… no pareció hacerle el más mínimo daño. Tian permaneció inalterable.

—¡Jajajaja! Parece que aún no lo entienden —se burló Tian—. La diferencia entre los niveles dentro del Reino Avatar Divino no se compara a la de los reinos inferiores. Su fuerza apenas está en el segundo nivel, pero la mía está en la cima del noveno. Esta diferencia es un abismo imposible de superar. Podría quedarme parado aquí todo el día y jamás lograrían hacerme un solo rasguño.

—Imposible… —murmuró Zhen, palideciendo.

A su lado, Kai parecía igual de sorprendido y consternado.

«No pensé que la brecha entre nuestros poderes sería tan abismal. Es una pena, pero parece que este es nuestro fin. En ese caso…», fueron los rápidos pensamientos de Kai.

—¡Zhen, dame unos segundos! —gritó.

[Peak Space Law: Gate]

Kai realizó un corte transversal con lo que quedaba de su espada y, en su lugar, una violenta perturbación formó una especie de portal en el tejido del espacio. Sin dudarlo, voló hacia Asher y lo empujó hacia él con la intención de salvarlo.

—¡No, no, espera…! —fue el grito de Asher al darse cuenta de lo que su discípulo pretendía hacer.

Pero, antes de que su cuerpo pudiera siquiera atravesar el portal, sintió cómo el espacio a su alrededor se volvía denso y viscoso, impidiéndole moverse un solo centímetro.

—No recuerdo haberles dado permiso para retirarse —susurró la voz de Tian, escalofriantemente cerca.

—¡Maestro! —gritaron Zhen y Kai, aterrados al ver cómo, en una fracción de segundo y sin que ninguno de los dos lo notara, ese bastardo había aparecido justo al lado de Asher.

—Alto ahí. Si se mueven, lo aplastaré como a un insecto.

Zhen y Kai se congelaron en el acto, con los rostros desfigurados por la desesperación. Por su parte, Asher se encontraba completamente atrapado, incapaz de escapar de la abrumadora influencia del ki de Tian.

«Esto es malo… está decidido a doblegar sus espíritus usándome como rehén», pensó Asher, sudando frío.

—Preguntaré una última vez: ¿Se unirán a mí, o prefieren ver sufrir a esta basura una agonía peor que la muerte? —amenazó Tian, mientras usaba una técnica secreta diseñada para provocar el más cruel e inhumano dolor directamente en el alma de su prisionero.

Pero los gritos desgarradores que esperaba escuchar nunca llegaron.

—Ah… eso duele, desgraciado —fue la única reacción que consiguió de Asher. No estaba ni cerca de sonar como la voz de un hombre agobiado por el tormento absoluto; parecía más bien la queja molesta de alguien que acababa de golpearse el dedo del pie con la pata de una mesa. Además, luego del quejido inicial, pareció haberse recuperado, permaneciendo con una expresión inalterable.

«¿Ah? ¿Qué pasó? ¿Acaso fallé al ejecutar la técnica de tortura? Pero eso es imposible», pensó Tian, genuinamente desconcertado. Para alguien de su nivel, fallar en algo tan básico era inconcebible.

Pero eso solo dejaba una posibilidad que se negaba a creer, y era que esta basura fuera capaz de soportar estos niveles de umbral de dolor. Aunque era la única opción lógica, Tian se negaba a creer en esta posibilidad.

«Es absurdo. No hay forma de que este patético insecto sea capaz de soportar esta clase de dolor anímico de una manera tan casual», pensó, incapaz de darle sentido a este suceso.

—Quizás… ¿no eres tan bueno como crees? —dijo Asher con una actitud peligrosamente provocadora.

Una vena comenzó a hincharse y palpitar furiosamente en la frente de Tian.

—¿Una simple basura se atreve a burlarse de un Dios? —siseó, rechinando los dientes.

Estuvo a punto de aniquilarlo y hacerlo estallar en pedazos en ese mismo instante, pero, de pronto, una idea mucho más perversa surgió en su mente.

—Cambié de opinión. Ya no hace falta que se postren ante mí. En cambio, usaré sus muertes para que esta basura entienda las verdaderas consecuencias de burlarse de mí.

***

—♬ Un alma solitaria, el universo navegaba… sin embargo, mientras trotaba… ♬

—Espera… ¿las almas pueden trotar? —se preguntó en voz alta el alma de una joven Hume, deteniendo su canto para analizar su propia y absurda pregunta con una actitud bastante seria. Sin embargo, unos instantes después pareció llegar a una conclusión satisfactoria y retomó su melodía.

—♬ Un alma solitaria, el universo navegaba… sin embargo, mientras flotaba… ♬

¡BOOM!

El impacto visual y el eco sordo de una explosión colosal interrumpieron su canto de golpe.

—¡Guau! ¿Qué es eso? Parece una explosión de dimensiones descomunales. Quizás debería echar un vistazo —murmuró, sintiendo cómo la curiosidad innata de una exploradora espacial despertaba en su interior.

Hizo una pausa, flotando en medio de la nada.

—Espera, si Siena estuviera aquí me regañaría con toda seguridad, diciendo algo como: «¡Ni se te ocurra, tonta! No sabes lo peligroso que puede ser. Sabes bien que en la estadística de muertes de exploradores espaciales, los eventos cataclísmicos de nivel planetario ocupan el segundo lugar…» —imitó el alma, adoptando el tono estricto de su difunta amiga mientras analizaba la situación.

Luego, soltó un suspiro melodramático.

—Sí, quizás debería aprender a ser más prudente. Quién sabe lo que me podría pasar si voy… ¡incluso podría terminar muerta! —exclamó con un tono exagerado y teatral.

El silencio absoluto resonó en el gélido vacío del espacio.

—Creo que la mayor ventaja de estar sola es que puedo lanzar chistes malos sin que nadie me juzgue —murmuró con una leve sonrisa, mientras cambiaba su rumbo y se encaminaba directamente hacia el epicentro de la destrucción.

***

«¡Maldición, maldición! ¿Por qué otra vez? ¿No se suponía que evitaría que esto pasara?».

«¿Por qué estoy otra vez impotente, observando cómo las personas que me importan son masacradas?», fue el pensamiento de Asher, mientras se recriminaba a sí mismo.

Sus dientes estaban apretados al extremo, hasta el punto de que casi se rompían. Al mismo tiempo, la sangre escurría de entre sus puños cerrados, dejando entrever su desesperación extrema.

El dolor que siempre lo acompañaba parecía haber llegado a un nuevo umbral, causando que lágrimas de sangre rodaran de sus ojos.

El escenario era terrible. Zhen y Kai yacían postrados sobre el suelo mientras Tian los torturaba lentamente. A diferencia de Asher, ellos no eran capaces de soportar este tipo de dolor con tanto aplomo, causando que sus gritos desgarradores llenaran la explanada.

Asher ya había presenciado este tipo de escenarios antes, pero nunca había sido personal. Siempre habían sido terceros a los que no conocía. Por lo cual, nunca se había sentido tan frustrado y roto. Pero no podía hacer nada.

La barrera de ki que lo mantenía prisionero era simplemente infranqueable. Si fuera una barrera formada por una matriz o por magia, él podría usar sus vastos conocimientos para encontrar sus fallas estructurales y escapar. Pero este no era el caso, porque esta barrera no era más que poder puro, como un muro sólido e inamovible.

En este escenario, incluso su armadura suprema era inútil, ya que solo estaba diseñada para absorber energías de las leyes y los elementos universales, dentro de las cuales el ki puro no estaba incluido.

Incluso si sacrificaba su propia vida invocando una de las Leyes Supremas para intentar escapar, malgastaría todo el ínfimo límite de su cuerpo físico tan solo en romper esa prisión. Al final, quedaría completamente destrozado, agonizante e impotente frente a Tian, muriendo sin haber logrado salvar a nadie.

Finalmente, Tian pareció aburrirse de la sinfonía de gritos.

—¿Qué te parece, basura? —dijo, esbozando una sonrisa cargada de supremo desdén—. ¿Ahora entiendes por qué siempre debes mantener la cabeza gacha cuando te enfrentas a un verdadero Dios?

Sin esperar respuesta, y con la misma casualidad con la que alguien aplastaría a un par de insectos molestos, Tian cerró lentamente su puño. Dos crujidos sordos y horripilantes resonaron en la explanada cuando los corazones y los meridianos de Zhen y Kai fueron reventados simultáneamente por la presión del ki. Sus cuerpos se tensaron en un último y grotesco espasmo antes de caer flácidos y sin vida sobre la tierra calcinada. Sus auras, que apenas unos minutos antes brillaban con el esplendor de un Avatar Divino, se apagaron para siempre.

Satisfecho con su obra maestra de crueldad, Tian chasqueó los dedos y disipó abruptamente la barrera que apresaba a Asher.

Sin la fuerza invisible que lo sostenía, el frágil cuerpo del maestro se desplomó pesadamente, estrellándose de rodillas contra el suelo manchado de sangre.

Tian cruzó los brazos y lo miró desde arriba con ojos rebosantes de oscura diversión. Quería saborear este momento hasta la última gota. Quería deleitarse viendo cómo aquel individuo que había osado mirarlo con fría indiferencia ahora se arrastraba por la mugre, completamente quebrado, humillándose y llorando de desesperación frente a los cadáveres de sus preciados alumnos.

Asher cayó al lado de los cuerpos de quienes se habían llamado con orgullo sus discípulos. Quienes también eran unos de los pocos individuos que en sus miles de existencias lo habían tratado con bondad y respeto, hasta el punto de que estaban dispuestos a sacrificar sus vidas para intentar salvarlo.

—Lo siento… lo siento tanto —lágrimas rojas se derramaron de su rostro mientras decía estas palabras con el más profundo arrepentimiento.

De pronto, un recuerdo se asomó por su mente.

***

—Maestro, quizás sea grosero preguntarle esto, pero… ¿por qué está siempre solo? Nunca lo hemos visto abandonar los bosques aledaños a esta cueva. Quizás se está escondiendo de un enemigo formidable.

«Ah, quizás es así», pensó Asher en aquel entonces, pues, después de todo, a la maldición de su estúpida suerte se le podría llamar de esa manera.

Pero, luego de reflexionar un poco, decidió responder con sinceridad. —Sé que no me creen, pero soy como una calamidad viviente. Si alguien se me acerca sin tener la capacidad de protegerse, es muy probable que encuentre la muerte en poco tiempo. Realmente ni siquiera estoy seguro de si ustedes son lo suficientemente fuertes para superar este destino —respondió, mientras suspiraba al final de su frase.

Zhen y Kai cruzaron miradas por un breve instante. Sin embargo, en lugar de retroceder o mostrar una pizca de temor ante la sombría advertencia, una determinación fiera se encendió en sus ojos.

—Si ese es nuestro destino, entonces entrenaremos hasta que ni siquiera los cielos puedan amenazarnos —respondió Kai, arrodillándose en el suelo con una reverencia absoluta.

—Así es, Maestro —añadió Zhen, imitando a su compañero y bajando la cabeza con devoción—. No nos importa cuán inmensa sea esa calamidad ni qué clase de infortunio lo persiga. Por favor, déjenos convertirnos en la espada y el escudo que lo protegerán y romperán su maldición.

***

—Es cierto… como su Maestro, no puedo permitir que sus palabras sean en vano —dijo Asher.

Una nueva y escalofriante determinación apareció en sus ojos, desterrando por completo y de un tajo la paralizante desesperación que lo ahogaba.

Inmediatamente después, una luz argenta brilló con una intensidad cegadora, y su armadura suprema centelleó mientras cubría su frágil cuerpo. Sin perder ni una fracción de segundo, posó sus manos sobre los cuerpos sin vida de Zhen y Kai, activando la primera propiedad oculta de su equipo.

[Núcleo de Retribución]

Las vastas energías residuales de las Leyes del Tiempo y el Espacio, que aún persistían en los meridianos destrozados de sus discípulos, fluyeron como torrentes enfurecidos hacia las gemas de almacenamiento incrustadas en el metal de su armadura. Pero no permanecieron mucho tiempo allí.

[Circuito Sinérgico]

Una segunda propiedad de la armadura se activó con un zumbido resonante, manipulando y fusionando estas energías conceptuales a una velocidad abrumadora. El aire a su alrededor dejó de fluir y la realidad misma pareció detenerse ante la presión de lo que estaba a punto de nacer.

Ignorando la sangre que comenzaba a brotar de sus propios poros debido al estrés casi insoportable que sufría su cuerpo mortal, Asher alzó la vista hacia el cielo y pronunció su sentencia.

[Supreme Time Law: Shield of Time Zero]

[Supreme Space Law: Omniscient Sword]

Primero, un escudo de negrura absoluta un vacío perfecto se expandió violentamente desde el brazo derecho de Asher. Visualmente ni siquiera la luz podia escapar de el por lo que no parecía una cúpula de energía, sino un recorte bidimensional de la realidad.

Era sin duda una anomalía carente de volumen o profundidad. En su interior, el concepto del tiempo quedó absoluta y literalmente congelado. El polvo flotando en el aire, la luz del entorno, e incluso la aplastante presión del ki de Tian, al impactar contra el borde de esta oscuridad absoluta, se detuvieron en seco, rechazados por un escudo donde el futuro simplemente no existía.

Asher entendía perfectamente que el tiempo no era más que la tasa de cambio del universo, si este se detenía, significaba que nada podía cambiar y todo permanecería inalterable.

Este concepto no solo hacía a este escudo impenetrable, sino también inamovible. Es decir, incluso si un guerrero empuñara un escudo forjado con una aleación indestructible, aún tendría que soportar la fuerza de reacción de los ataques enemigos para mantenerse en pie. Pero un escudo donde el tiempo se había detenido era diferente, porque ni siquiera la fuerza cinética podía actuar sobre él.

Detrás de este escudo, incluso una hormiga podía soportar el ataque de un Dios sin inmutarse. Era una defensa absoluta.

Al instante siguiente, el espacio colapsó sobre sí mismo.

En la mano izquierda de Asher, la energía dimensional se condensó hasta formar la Omniscient Sword. No era una espada física con una hoja visible, sino una fractura pura en el lienzo de la realidad que irradiaba una luz plateada incomprensible. Emitía un zumbido aullante que amenazaba con partir el planeta en dos. Esta espada no necesitaba viajar una distancia para alcanzar a su objetivo, por que su filo ya se encontraba en todas partes al mismo tiempo.

Lo único que le impedía masacrar instantáneamente a su enemigo era que la inmensa energía de un Avatar Divino interfería con el espacio circundante, por lo que Asher no podía simplemente hacer aparecer la hoja directamente dentro de su corazón. Aun así, cuando esta espada se balanceaba, no había absolutamente nada en la existencia que no pudiera rebanar. Porque no cortaba la materia, sino que dividía el espacio mismo que la contenía.

Aun con esto, Asher sabía que no era suficiente. La velocidad era la reina del combate y él carecía por completo de ella. Ni siquiera estaba seguro de poder reaccionar a los ataques de su oponente, y esto era algo crucial en una batalla donde cualquier error reclamaría su vida al instante.

Por suerte, aún le quedaba una última carta de triunfo.

[Ouroboros]

La cuarta y última propiedad de su armadura finalmente se manifestó.

Esta era, sin duda, la habilidad más fuerte que poseía, y sin embargo se había negado a usarla anteriormente en la batalla contra el Maestro del Imperio. El costo de activarla era su propia vida. En ese entonces, aunque sabía que podía usar esta técnica para masacrar a su enemigo y descargar todo su odio, no lo hizo, porque anhelaba seguir compartiendo sus días junto a sus discípulos.

Pero ahora, todo era diferente. Tian no sabía que, al quitarle la vida a Zhen y Kai, había desatado el verdadero y aterrador estilo de lucha de Asher: un arte marcial provisto de técnicas suicidas y de sacrificio que ni los más osados se atreverían a usar. Después de todo, para él la muerte nunca fue el final, a su modo de ver, era solo un estado de transición antes de una nueva vida.

Él sabía perfectamente que sus reservas naturales de energía eran patéticas. Las Leyes Supremas que acababa de invocar eran absurdamente demandantes y, a pesar de haberlas refinado hasta el límite para disminuir su costo energético, si dependiera únicamente de su ki, no duraría ni un minuto de pie. Una vez que el Núcleo de Retribución consumiera las energías residuales de Kai y Zhen, Asher se quedaría completamente impotente.

Por esto, necesitaba desesperadamente una manera de obtener energía ilimitada. Pero, ¿cómo podría conseguir algo que desafiaba el sentido común?

Finalmente, después de incontables vidas de estudio, había llegado a una epifanía. El concepto era simple: en una batalla siempre hay un gasto masivo de energía, pero ¿a dónde va esa energía luego de ser utilizada en un ataque? La respuesta era a ningún lado. Permanece dispersa en el aire, saturando el ambiente, pero no puede ser reabsorbida y usada directamente porque se encuentra en un estado caótico, requiriendo un tiempo considerable para que la naturaleza la estabilice.

Pero… ¿y si él pudiera acelerar ese proceso? Si lograba crear matrices que manipularan las leyes en sentido inverso sobre esa energía dispersa, significaba que podría asimilar constantemente la fuerza caótica que ambos gastaran en el combate, estabilizándola en segundos para reabastecerse de forma continua.

Esa brillante y suicida teoría fue la idea base que dio forma a esta cuarta propiedad.

Pero, por supuesto, este método distaba mucho de ser perfecto. Asher solo había logrado que los intrincados circuitos mágicos de su armadura realizaran un primer refinamiento básico del caos ambiental. Como resultado, la energía absorbida seguía siendo inestable y sumamente tóxica, corroyendo el cuerpo físico del usuario desde adentro sin tregua alguna, consumiéndolo implacablemente hasta acabar con su vida.

Pero, a cambio de este doloroso suicidio, la brutal saturación de energía causaria que se volviera casi solida, lo cual en su sistema le proveería de un nivel de poder explosivo e inagotable. Este torrente salvaje circulando a la fuerza por sus frágiles venas le permitía a Asher destrozar temporalmente todas las barreras físicas y espirituales, elevando sus capacidades muy por encima de los límites de lo que un cultivador del Reino Tierra jamás podría soñar con hacer.

Sin dudar ni un instante más, Asher activó la cuarta propiedad.

Inmediatamente, una parte de la energía caótica que saturaba la explanada, producto de los ataques previos y la muerte de los dos Avatares Divinos, fue devorada frenéticamente por los circuitos de la armadura y bombeada sin piedad hacia los frágiles meridianos de Asher.

Escupió una bocanada de sangre oscura al sentir cómo millones de cuchillas invisibles trituraban sus entrañas y corroían su carne, pero, a la vez, una fuerza hercúlea y abrumadora inundó cada fibra de su ser. Sus ojos brillaron bajo la capucha, las cadenas de su débil cultivo habían sido destrozadas por la pura violencia del sacrificio.

Si el universo se había empeñado en llamarlo una calamidad viviente, entonces finalmente le daría el gusto. Había quemado cualquier puente de regreso a la vida, transformando su propia carne y alma en el combustible de una venganza de la que ni siquiera un Dios podría escapar.

A unos metros de distancia, la sorpresa inicial que experimentó al presenciar el nacimiento de aquellas incomprensibles leyes, había mantenido a Tian completamente congelado por un par de segundos. Sin embargo, su ego desmesurado y su arrogancia patológica no tardaron en sofocar ese miedo instintivo. Apretó los dientes con furia, borrando cualquier rastro de duda de su mente.

Convenciéndose a sí mismo de que era absolutamente imposible que un simple e insignificante insecto del Reino Tierra poseyera un poder real capaz de amenazar a un Dios, una sonrisa cruel volvió a deformar su rostro. Aquello no podían ser más que los trucos visuales y baratos de una basura moribunda intentando alargar su miserable vida.

—¡Jajajaja! Por un momento casi me engañaste. Si no fueras una simple basura, me lo habría creído, pero…

Su frase fue interrumpida abruptamente por un sutil movimiento del brazo de Asher. No balanceó su espada en dirección a Tian, sino hacia un espacio completamente vacío a su lado derecho. Sin embargo, en ese mismo y exacto instante, un tajo espacial apareció de la nada justo a la izquierda del falso Dios.

Fue un destello imperceptible, a escasos centímetros de su cuerpo. Tian casi no tuvo tiempo para reaccionar, pero, respaldado por la absurda dureza de su cultivo, confió en que su cuerpo bloquearía cualquier ataque. Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios… hasta que sus ojos se abrieron de par en par al ver cómo el corte espacial atravesaba su brazo izquierdo sin encontrar la más mínima resistencia, como si cortara el aire mismo.

Alarmado, golpeó el suelo con la punta del pie y retrocedió decenas de metros en un abrir y cerrar de ojos. Sin perder un segundo, examinó la magnitud del daño, pero cuando miró su brazo, quedó desconcertado. No había ni una sola gota de sangre. No pudo encontrar ninguna herida visible; la piel, los músculos y los huesos parecían intactos.

«¿Fue solo una ilusión? Sí, eso debe ser. No hay forma de que un ataque de este patético insecto sea capaz de atravesar mis defensas tan fácilmente», pensó, recuperando rápidamente su actitud arrogante.

Pero antes de que pudiera terminar su tren de pensamientos, notó que Asher había vuelto a balancear su espada en otra dirección aparentemente al azar.

Otro corte espacial se materializó delante de él amenazando con cortarlo al instante siguiente.

Escarmentado por la extraña naturaleza del primer ataque, Tian no se atrevió a confiarse nuevamente y decidió condensar un denso escudo de ki delante de él para bloquearlo. Sin embargo, cuando intentó levantar su brazo izquierdo para convocarlo, un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Se había dado cuenta de que este simplemente no respondía. Colgaba inerte y muerto a su costado.

—¿Qué…? —murmuró, incapaz de ocultar su sorpresa.

En un instante comprendió que algo andaba terriblemente mal, y el miedo lo invadió al percibir el siguiente ataque acercándose a gran velocidad.

Desesperado, estimuló su ki al máximo para desplazarse y esquivarlo. Pero había reaccionado una fracción de segundo tarde. Solo logró apartarse lo suficiente para que el corte apenas rozara su pecho.

Nuevamente, se preparó mentalmente para ver su sangre brotar a borbotones, pero nada pasó. No había desgarros en su piel ni sintió el menor dolor físico.

Pero entonces se dio cuenta de la aterradora verdad. El inmenso flujo de su energía interna se había estancado bruscamente. El Meridiano del Palacio Vital, uno de los canales principales de ki ubicado exactamente en la sección del pecho que había sido rozada por la espada, había sido bloqueado.

Asher no se quedó quieto. Movió su brazo izquierdo varias veces, trazando veloces y letales cortes en distintas direcciones aparentemente aleatorias.

Tian sudó frío cuando sintió los cortes espaciales surgir a su alrededor, pero ya había recuperado su aguda concentración. Luego de analizar frenéticamente la intención detrás de cada ataque invisible, se movió a velocidades casi instantáneas, esquivándolos uno a uno por escasos milímetros.

—¡Maldita basura! Veo que conoces algunos trucos bizarros, pero ni siquiera eso te salvará —rugió.

Una cantidad abrumadora de ki tomó forma en el aire, llenando el cielo detrás de Tian con docenas de deslumbrantes espadas doradas. Con un colérico movimiento de su mano sana, todas se lanzaron como una lluvia de meteoros directamente hacia Asher.

Pero esto era exactamente lo que Asher estaba esperando. Solo realizó un leve movimiento, interponiendo su oscuro escudo en la trayectoria del apocalíptico bombardeo.

Tian confiaba ciegamente en el poder destructivo de sus espadas de ki, por lo que esperaba ansioso ver cómo desintegraban la carne de su oponente, pero el escenario que se presentó desafió toda lógica y expectativa.

Cuando sus deslumbrantes espadas tocaron ese extraño escudo que parecía un vacío absoluto en el espacio, simplemente desaparecieron sin dejar el más mínimo rastro.

Por un momento quedó atónito, jamás había visto algo así. Sabía perfectamente que esa inmensa cantidad de poder condensado debería haber causado una catástrofe al detonar, arrasando con todo el cráter y sus alrededores. Sin embargo, no hubo explosiones, ni temblores, ni siquiera una leve perturbación en el viento.

Nada. Al entrar en contacto con el oscuro escudo, las espadas desaparecieron completamente. Para los ojos de Tian, era simplemente como si nunca hubieran existido.

—Se dice que existen personas a las que la vida nunca les ha mostrado su propia cobardía, me alegra saber que pude ayudarte en ese aspecto —una voz fría y burlona resonó directamente en los oídos de Tian.

La incertidumbre y el leve miedo que habían nacido en su interior a partir de estos incomprensibles sucesos fueron barridos de golpe por una cólera demoledora. Después de todo, siempre había sido una existencia absolutamente respetada y temida. Nadie se atrevía a ofenderlo en lo más mínimo, o de lo contrario, su destino asegurado sería una muerte horripilante e inmediata.

Impulsado por la furia hirviente de haber sido humillado, Tian desató una tormenta de destrucción absoluta. Ya no le importaba mantener su postura de superioridad divina. En este momento solo quería borrar a ese insecto de la existencia.

Rayos de ki dorado, palmas masivas que oscurecían el cielo y esferas de energía condensada llovieron sobre Asher como un castigo celestial. Sin embargo, se mantuvo firme en el epicentro del apocalipsis.

El [Shield of Time Zero] devoraba en silencio los impactos directos, congelando las arremetidas frontales en una galería grotesca de energía letal detenida en el tiempo. Para los ataques que llovían desde los flancos o la espalda, Asher balanceaba la [Omniscient Sword], abriendo rápidas y precisas grietas en el tejido del espacio que se tragaban el ki de Tian, desterrándolo al vacío dimensional.

Sin embargo, en medio del frenético bombardeo, no todos los ataques impactaron contra sus defensas. Una colosal esfera de ki ultracondensado erró su trayectoria y se estrelló brutalmente contra el suelo, a escasos metros de la posición de Asher.

«¡Maldición!», pensó Asher, mientras la tierra estallaba y una devastadora ola de destrucción masiva se alzaba como un tsunami, amenazando con tragarlo por completo.

Sin perder una fracción de segundo, balanceó su espada para rasgar el lienzo de la realidad. Dibujó una grieta espacial frente a él y se arrojó a su interior para escapar a un lugar seguro lo más rápido posible.

No obstante, su cuerpo físico seguía atado a las limitaciones de un mísero Reino Tierra. Fue un instante demasiado lento. Aunque logró evadir la aniquilación total del centro de la explosión, la poderosa onda expansiva lo alcanzó justo antes de que la grieta se cerrara a sus espaldas. El impacto no atravesó su piel, pero la fuerza cinética pura sacudió violentamente sus órganos internos, los cuales ya estaban siendo corroídos por los efectos de [Ouroboros], obligándolo a escupir una pesada bocanada de sangre oscura al reaparecer.

Este suceso no escapó de los agudos ojos de Tian, que al fin logró conseguir un poco de entendimiento sobre su rival.

—¡Jajajaja! Así que era eso. En realidad, sigues siendo una simple basura que solo sabe algunos trucos…

Asher no esperó a que Tian terminara su frase y empezó a lanzar una frenética serie de tajos al aire, que pronto se manifestaron al lado de su enemigo.

Pero era inútil. Ahora que Tian estaba completamente alerta, no le representaba mucho problema esquivarlos. Después de todo, la velocidad de reacción y movimiento de un Avatar Divino era abrumadoramente superior.

Aun así, Asher siguió esforzándose, moviéndose y lanzando corte tras corte en una danza aparentemente desesperada. Finalmente, Tian pareció cansarse de este patético juego. Habiendo recuperado por completo su retorcida confianza, se lanzó como un meteoro directamente hacia él, dispuesto a aplastarlo de un solo golpe.

«¡Eso es!», pensó Asher, viendo finalmente la oportunidad que había estado tejiendo.

A mitad de su monstruosa embestida, una alarma ensordecedora estalló en la mente de Tian. Todos sus instintos de supervivencia le gritaron que retrocediera, pero la inercia de su inmensa velocidad se lo impedía. De repente, el espacio aparentemente vacío por el que estaba cruzando brilló con una letal y fina luz plateada.

Tian no lo sabía, pero la [Omniscient Sword] no solo dividía el espacio sino que dejaba profundas e invisibles “cicatrices” en el lienzo de la realidad. Asher simplemente reactivó el rastro latente de la caótica red de tajos que acababa de lanzar, los cuales nunca fueron hechos al azar.

En una fracción de segundo, Tian abrió los ojos con terror al verse encerrado en una jaula tridimensional de fracturas espaciales, sin suficiente espacio para maniobrar.

Preso del pánico absoluto, quemó su ki al límite, retorciendo su cuerpo en ángulos anatómicamente imposibles para deslizarse a través de las letales rendijas de la trampa. Logró salir con vida, estrellándose pesadamente contra la tierra calcinada y rodando varios metros, pero cuando intentó apoyarse para levantarse, su pierna derecha colapsó por completo.

Al igual que había ocurrido con su brazo, no había ni una sola gota de sangre ni desgarro en su ropa. Visualmente, su pierna estaba intacta, pero al intentar moverla, sintió el mismo vacío aterrador.

El intocable Dios ahora estaba tirado en el polvo, con un brazo colgando inútil y una pierna muerta, mirando a su frágil oponente con una mezcla de odio puro y genuino terror.

Asher no se detuvo y lanzó varios cortes dirigidos directamente a su cuello.

Tian apenas reaccionó, esquivando en el último milisegundo usando su inmenso ki para levitar. Aun sin poder usar una pierna, era capaz de moverse por los cielos a una velocidad incomprensible.

Pero su mente ya estaba al límite. Ya no quería jugar, esta batalla estaba poniendo sus nervios de punta y devorando su cordura. Por lo que, de inmediato, empezó a canalizar su ki de forma caótica para lanzar ataques masivos. Centenares de deslumbrantes espadas doradas volaron en todas direcciones, estrellándose y detonando contra todo el paisaje en un frenesí destructivo.

Asher sabía que ese sería el próximo movimiento de su rival. Por lo tanto, no había perdido el tiempo y ya se había alejado abriendo una grieta espacial. Pero al reaparecer a la distancia, Tian ubicó inmediatamente su débil presencia en medio del caos y siguió lanzando ataques a diestra y siniestra, persiguiéndolo con una lluvia de aniquilación.

Este proceso se repitió una y otra vez, con Asher escapando a través de cortes dimensionales en un ciclo que parecía interminable.

La presión a la que se sometía era absurdamente alta.

Durante toda la pelea, Asher había estado usando múltiples leyes y elementos sin un solo segundo de descanso.

Cada ágil movimiento de su frágil cuerpo era el producto de la estimulación del elemento del rayo directamente sobre sus nervios, forzando una velocidad de reacción inhumana. Los vientos huracanados y las letales ondas expansivas eran desviados por su control milimétrico del elemento del aire. Al mismo tiempo, usaba su profunda comprensión sobre el elemento del fuego para aislar el calor extremo y evitar quedar calcinado en el mar de lava y tierra derretida que se elevaba hacia los cielos tras cada explosión.

Pero el verdadero infierno ocurría en su interior. Su corazón palpitaba a más no poder, de hecho, ya había sufrido múltiples infartos masivos que casi lo detienen para siempre, pero logró salvarse a sí mismo estimulando el músculo cardíaco con violentos impulsos eléctricos. Sus órganos internos empezaron a sangrar profusamente por el esfuerzo, pero él usó su poco ki restante para sellar las hemorragias a la fuerza. Sus huesos crujían y se agrietaban con cada paso, mientras sus músculos se encontraban al borde del colapso absoluto por el esfuerzo continuo.

Aun así, perseveró. Apretando los dientes manchados de sangre, usó cada minúsculo recurso y gota de conocimiento que poseía para sobrevivir en esta lucha desesperada.

Su frágil cuerpo era como una máquina al borde del colapso total, a la cual se le aplicaban parches desesperados y reparaciones temporales solo para retrasar su inevitable explosión.

«Aún no… todavía no puedo morir», era el pensamiento obsesivo que resonaba en su cabeza.

Pero, lamentablemente, la carne tiene un límite que no se puede superar únicamente con fuerza de voluntad. En un fatídico momento, mientras escapaba de otra explosión masiva, un escombro disparado a la velocidad del sonido lo golpeó en la cabeza, causándole una violenta concusión que sacudió su cerebro y nubló sus sentidos por una milésima de segundo.

Fue todo lo que Tian necesitó.

Un rayo de ki ultraconcentrado salió disparado desde su dedo índice, perforando el aire y golpeando a Asher por la espalda. El ataque atravesó limpiamente su pecho, derritiendo incluso un segmento de la armadura suprema. La brutal fuerza del impacto lo mandó a volar por los aires, dejándolo caer como un muñeco roto con un espantoso agujero humeante justo en el lugar donde debía estar su corazón.

—¡Jajajaja!… Finalmente… maldito hijo de perra, tu fin ha llegado —dijo Tian, jadeando pesadamente mientras celebraba su enfermiza victoria, aprovechando el momento para recuperar el aliento.

Para forzar a esa escoria a este punto y acorralarlo, había gastado una cantidad absurda de energía, por lo que su estado tampoco era el óptimo, más aún con las extremidades “amputadas”. Aun así, conservaba la abrumadora mayoría de su poder de combate.

Tirado en la tierra, la consciencia de Asher comenzó a desvanecerse.

«Otra vez perdí. Lo usé todo, pero no pude vencer a este bastardo… No pude vengarlos. Lo siento», pensó. Se sentía débil, inútil, patéticamente impotente.

Por su mente agonizante desfilaron los últimos recuerdos de sus seres más amados: su madre y su hermana abrazándolo cálidamente antes de morir; su padre sacrificando todo lo que poseía para darle una oportunidad de ser feliz, y Zhen y Kai, sus leales discípulos, entregando sus vidas incondicionalmente para tratar de protegerlo.

«¡NO! ¡NO! ¡NO! No quiero perder otra vez. ¿De verdad voy a quedarme aquí tirado y ceder como un cobarde?».

Una cólera inagotable y primitiva estalló desde lo más profundo de su ser. Asher estaba asqueado y harto de la derrota. Estaba absolutamente decidido a no dejar que la historia se repitiera una vez más.

«Si no tengo un corazón… entonces me fabricaré uno».

De repente, en el macabro y sangriento agujero de su pecho, un resplandor argénteo e intenso comenzó a brillar. Pura energía condensada se entrelazó a una velocidad pasmosa, esculpiendo una forma exacta a la del órgano biológico que él conocía a la perfección tras ceintos de vidas de estudio anatómico. En un instante, ese núcleo de luz comenzó a latir.

La sangre estancada volvió a ser forzada a fluir por su sistema, ahora cargada de densas partículas de ki puro que nutrieron cada una de sus agonizantes células con una fuerza revitalizante y destructiva.

Lentamente, ignorando las leyes de la vida y la muerte, se levantó del suelo y clavó su mirada gélida en Tian.

—Es… es imposible —tartamudeó Tian, retrocediendo instintivamente al verlo erguirse.

Porque, aunque pudiera creer que un experto en la cima del Reino Avatar Divino sobreviviera unos minutos sin su corazón gracias a su inmensa vitalidad, no podía asimilar la herejía que se mostraba delante de él. Era solo un patético y minúsculo insecto del Reino Tierra negándose a morir, forjando un órgano vital a partir de pura energía y poniéndose de pie para seguir cazándolo.

La [Omniscient Sword] se balanceó una vez más, ahora trazando un arco plateado incluso más rápido que antes. Tomó a Tian completamente por sorpresa, que no pudo esquivarlo a tiempo, provocando que su otra pierna quedara completamente inútil.

—¡Ah, bastardo! ¿Por qué no te mueres de una puta vez? —gritó, mientras el pánico genuino comenzaba a acentuar cada facción de su rostro.

Tian había masacrado mundos enteros sin pestañear, pero los gélidos ojos de Asher lo perturbaban profundamente. De pronto, vio en ellos un destello idéntico al de aquella misteriosa Hume que alguna vez lo había derrotado en el pasado.

Ese amargo recuerdo, avivado por el terror, lo indujo a actuar con una brusquedad irracional, detonando nuevamente cientos de ataques saturados de ki a su alrededor. Asher continuó interceptando todo lo que podía con su escudo y evadiendo a través de grietas espaciales, pero esta vez no solo huía, sino que devolvía el fuego lanzando letales cortes dimensionales hacia Tian.

Como resultado, Tian perdió varios dedos de su mano sana y su ojo izquierdo fue rebanado limpiamente. Pero, impulsado por su terror creciente, se negó a detener su frenética lluvia de destrucción.

«Solo un poco más… ya casi es suficiente», se repetía Asher en su mente, apretando los dientes cada vez que el oscuro escudo absorbía y congelaba en el tiempo uno de los apocalípticos impactos de Tian.

«Está listo», pensó finalmente con una chispa de alivio al sentir que su objetivo se había cumplido.

Pero…

Una cascada de sangre negra brotó violentamente de su boca, arrastrando consigo fragmentos destrozados de sus propios órganos internos. Finalmente había alcanzado su límite absoluto.

El brillante corazón de ki en su pecho parpadeó y se extinguió por completo.

Sus dedos entumecidos soltaron la empuñadura. La espada se deslizó de su mano, cortando silenciosamente el tejido del espacio mientras caía y abriendo una última y pequeña grieta dimensional a sus pies. Al mismo tiempo, el pesado escudo que había colgado firmemente de su brazo resbaló, perdiendo su único punto de apoyo y precipitándose directamente hacia el interior de esa grieta.

—Es una lástima que no pueda vivir lo suficiente… para ver tu destrucción —fue el último susurro que escapó de sus labios ensangrentados.

Con sus agudos sentidos divinos, Tian vio y escuchó todo. Para él, esa frase sonaba como la patética declaración de rendición de un hombre roto, pero su miedo persistente no le permitió relajarse. Condensó todo su poder y lanzó un último y colosal ataque.

Asher levantó el rostro al cielo por última vez, mirando con paz el hirviente mar de ki que amenazaba con devorarlo. Y entonces, su vida llegó a su fin.

Luego de una última y catastrófica explosión que arrasó con todo lo que quedaba en el cráter, un silencio sepulcral se extendió por la devastada explanada. Hasta que, finalmente, fue roto por una risa desquiciada.

—¡Jajajaja!… ¡Jajajaja! ¡Al fin murió! ¡Al fin se murió! —celebró Tian con una euforia demencial.

Nunca había imaginado que exterminar a una simple basura le habría costado tanto. Pero, mientras su enfermiza alegría iba en aumento, sintió una sutil sombra caer desde arriba de él. No le prestó mayor importancia, asumiendo que era solo un escombro que había salido despedido demasiado alto tras la última explosión.

Sin embargo, cuando el objeto cayó a la altura de su rostro, el tiempo pareció detenerse. Vio aquel maldito y extraño escudo de negrura absoluta atravesar su campo de visión. Justo cuando su mente destrozada empezaba a preguntarse cómo diablos había llegado eso allí arriba, el concepto de tiempo cero se rompió.

Finalmente se había liberado la ley del escudo. La oscuridad absoluta se disipó de repente, dejando paso a un resplandor tan intenso que lo cegó por completo, liberando de golpe toda la energía acumulada de sus propios ataques en un solo instante.

El terror absoluto que sintió en ese instante no tuvo tiempo de reflejarse en su rostro. Un milisegundo después, su cuerpo fue envuelto y devorado por una explosión planetaria que superó con creces cualquier cataclismo que ese mundo hubiera presenciado.

La liberación simultánea de miles de ataques divinos, detenidos y comprimidos en el tiempo, destrozó la corteza terrestre en pedazos. El cuerpo mutilado de Tian fue expulsado hacia la estratosfera a una velocidad absurda que desafiaba cualquier ley física, atravesando el gélido vacío del espacio hasta estrellarse violentamente contra la superficie de una luna cercana, quedando profunda y completamente enterrado en el corazón de un cráter titánico. Si aún seguía con vida después de semejante impacto, era un misterio.

Este era el brillante y suicida plan que Asher había orquestado desde el primer segundo. Él sabía perfectamente que, incluso apoyado por el incomprensible poder de las Leyes Supremas, su ínfima base de cultivo jamás le permitiría generar un ataque lo suficientemente poderoso como para aniquilar a un Avatar Divino. Por lo tanto, había recurrido a la única fuerza abrumadora disponible en el campo de batalla: usar la energía de su enemigo en su propia contra.

La más cruel y poética de las ironías era que, si Tian hubiera logrado controlar su pánico y hubiera permanecido sin moverse ni atacar durante toda la batalla, habría tenido la victoria completamente asegurada. Después de todo, la imponente [Omniscient Sword] no hacía un daño físico real; solo cortaba y separaba temporalmente las coordenadas espaciales. En el momento en que Asher muriera y el tejido del espacio se estabilizara, todas las conexiones nerviosas y meridianos de Tian se habrían restablecido por sí solas, dejándolo completamente ileso.

Fue su propio ego, su terror irracional y su insaciable sed de destrucción lo que cargó hasta el límite la bomba de tiempo que terminó destrozándolo.

***

En la completa oscuridad, Asher recuperó la consciencia en su forma etérea. Su cuerpo físico había sido completamente aniquilado en la explosión planetaria, pero la muerte era algo que ya había experimentado incontables veces. Para alguien atrapado en un ciclo eterno de renacimiento, perder un recipiente mortal no era motivo de preocupación; era simplemente el doloroso inicio de una nueva página.

O al menos eso creyó, hasta que notó un detalle aberrante que le hizo sentir un terror inconcebible, un frío abismal que jamás había experimentado en sus miles de vidas.

«¿Qué…?», fue su pensamiento de pura estupefacción al intentar examinar su propio ser. Su alma, la esencia inmutable que siempre lo había acompañado intacta a través de los eones, estaba profundamente fracturada. Grietas irregulares y parpadeantes recorrían su forma espiritual, filtrando su energía vital hacia el vacío oscuro. Esto era algo que escapaba por completo de su vasta experiencia; nunca, en ninguna de sus reencarnaciones, había vivido algo similar.

«No me digas que…»

Una teoría aterradora se empezó a formar en sus pensamientos mientras unía las piezas. El ki. Quizás el inmenso y abrumador ki de un experto en la cima del Reino Avatar Divino no era solo una fuerza destructiva que operaba en el plano físico, tal vez a ese nivel de cultivo, la energía era tan espesa y autoritaria que lograba interferir directamente con el plano espiritual. La tortura anímica que Tian había intentado usar al principio, sumada al catastrófico desgaste físico y al impacto de las explosiones de ki puro, habían traspasado la barrera de su carne, rebanando la tela misma de su alma.

Y entonces, una revelación aún más devastadora lo golpeó, hundiéndolo en la más oscura de las desesperaciones.

Si su propia alma antigua y milenaria estaba resquebrajándose y perdiendo cohesión… ¿qué había pasado con Zhen y Kai? Ellos habían soportado la presión y la tortura directa de Tian mucho más tiempo, y sus cuerpos habían sido reventados desde adentro sin la protección de ninguna defensa.

—No… no, por favor, no —suplicó el alma de Asher en la inmensidad del vacío espacial, temblando de pavor.

Comprendió con una claridad absoluta que un alma destrozada no puede entrar en el ciclo de la reencarnación. Si lo que creía era cierto, esta vez, la muerte no era un simple estado de transición hacia un nuevo cuerpo. El destino que le aguardaba a él, y trágicamente a sus amados y leales discípulos, era desvanecerse para siempre como polvo de estrellas, disolviéndose en el olvido absoluto hasta dejar de existir.

Finalmente pudo sentir las almas de sus discípulos, pero esto solo confirmó su peor teoría: sus almas estaban incompletas y, con cada instante que pasaba, se volvían más y más débiles.

La verdad golpeó a Asher con tanta fuerza que su cordura casi colapsó.

Su maldita suerte, al final, lo había destruido todo. El dolor en su alma se acrecentó hasta un punto inconcebible al darse cuenta de que no solo había perdido, sino que incluso había arrastrado a sus discípulos con él al abismo.

Al final había fallado. Sentía que le había escupido en la cara a los esfuerzos de todos los que alguna vez se sacrificaron y lo habían apoyado para intentar superar su maldición.

—¡AAAHH… AAAAHH, AHH! —Sus gemidos de dolor puro llenaron su consciencia, la cual parecía que se rompería en cualquier momento.

Su alma se sumergió en la más profunda desesperación, mientras se acercaba inevitablemente a la eterna y absoluta Nihilidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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