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LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 39

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Capítulo 39: Volumen 2 – Prólogo

Planeta Tierra, año 2079

En un pequeño departamento donde el sol apenas se filtraba, una mujer rubia con el pelo recogido, estaba sentada en una cama, su apariencia era un poco descuidada, como si apenas acabará de despertarse, aun así su mirada, para nada cansada, estaba posada en una televisión. Mientras rechinaba los dientes, miraba a la presentadora de las noticias con una intensidad inquietante, un resentimiento profundo que se manifestaba cada vez que la veía en ese lugar que alguna vez le perteneció.

—Continuando con el programa especial por los 40 años de la tragedia de 2039 —anunció la presentadora, su tono era medido y profesional —Ahora les presentamos un documental que nos ayudará a recordar los momentos más importantes de ese oscuro episodio. Sé que para muchos de nuestros televidentes estos recuerdos son dolorosos, pero es necesario enfrentarlos. Solo recordando podemos aprender de nuestros errores y avanzar hacia un futuro mejor.

La rubia apretó más los puños, sus nudillos volviéndose blancos. Sabía muy bien que esas mismas palabras podrían haber salido de su propia boca, si no hubiera sido por esa traición que le costó su carrera.

La cámara hizo un leve acercamiento al rostro de la mujer en la televisión. Dejándole ver cada detalle de su rostro, que resultaría sumamente bello para la mayoría de personas, pero para la mujer en la cama, le resultaba repugnante y petulante en extremo hasta el punto de ser insoportable.

En un arranque de ira la mujer rubia agarro un libro a su costado y lo balanceo peligrosamente, pero en ultimo momento pareció recobrar la cordura.

—Cálmate, Sophie, respira… la televisión no tiene la culpa de nada —se murmuro a si misma, mientras trataba de recuperar el control, bajando el libro que estaba a punto de lanzar en un arranque de cólera.

Sophie Storm sabía que destruir su apartamento no cambiaría nada, pero cada vez que veía a esa presentadora en el lugar que alguna vez le perteneció, el resentimiento amenazaba con consumirla.

—Eso es, deja el libro, no debes de destruir nada, recuerda que aun tienes que pagar un préstamo…, el cual no tendrías problemas de pagar si no fuera por la culpa de esa maldita per*a —hacia el final de su frase, su animo que ya se estaba calmando, broto nuevamente como un volcán, levantando nuevamente el libro.

Finalmente tuvo que usar su otra mano para sujetarse la muñeca en el afán de contenerse.

—Este documental no solo aborda los horrores que enfrentamos, sino también el renacimiento de la humanidad, cuando dejamos atrás nuestras diferencias y nos unimos para reconstruir el mundo, guiados por nuestros salvadores —continuó la presentadora, su voz resonando en la habitación.

Entonces la imagen en la televisión cambió, no poniendo más a prueba la paciencia de Sophie, dando paso al documental pregrabado.

De pronto, una visión devastadora llenó la pantalla, mostrando ciudades reducidas a escombros, edificios colapsados, cubiertos por un cielo perpetuamente gris por la ceniza. El silencio acompañaba estas imágenes, como si el propio mundo hubiera perdido su voz.

—Mares contaminados, campos quemados, ciudades devastadas —una voz masculina grave y solemne acompañaba la sucesión de imágenes desoladoras en la pantalla. Paisajes irreconocibles, destruidos por la guerra, se desplegaban ante los ojos de los televidentes, mientras las palabras resonaban con el peso de una tragedia inevitable.

—Estas son solo algunas de las consecuencias que dejó la guerra nuclear del 2035. Cuando en un instante, la vida de todos cambió para siempre.

Tras una breve pausa, la pantalla mostró imágenes de personas corriendo desesperadas, el pánico y la confusión reflejados en sus rostros mientras el caos se apoderaba de las calles.

—Migraciones masivas, hambrunas, lluvias ácidas… —continuó la voz—, todo ello causó estragos incalculables en la población global, reduciendo los casi 10 mil millones de habitantes a menos de la mitad. Fue la mayor catástrofe que la humanidad haya enfrentado.

Las imágenes seguían fluyendo, mostrando el colapso de civilizaciones enteras.

—Ni siquiera los esfuerzos combinados de todos los gobiernos pudieron detener el inevitable colapso del clima, mientras el delicado equilibrio del planeta se rompía, llevándonos al borde de la extinción.

La pantalla mostraba imágenes de tornados devastando ciudades enteras, océanos devorando costas, y cielos teñidos de un enfermizo color amarillento por la radiación. Sophie se estremeció al ver las ruinas de lo que alguna vez fue París, ahora sumergida bajo las aguas tóxicas del Sena. El documental capturaba perfectamente el momento en que la humanidad comprendió que ya no había vuelta atrás.

La narración hizo una breve pausa, el silencio más elocuente que cualquier palabra. Las imágenes de destrucción se desvanecieron lentamente en la pantalla, como si el propio documental necesitara un momento para que los espectadores procesaran la magnitud de lo ocurrido. Sophie notó que había estado conteniendo la respiración y se obligó a exhalar lentamente.

—Sin embargo, no todo estaba perdido. Ciertos sectores del planeta lograron conservar suficiente vitalidad para albergar la vida —continuó la voz del narrador, ahora con un tono que sugería un rayo de esperanza —Estos lugares pronto se convirtieron en santuarios para los pocos sobrevivientes que quedaban.

Estas zonas, protegidas por accidentes geográficos o condiciones climáticas únicas, fueron como un oasis en medio de un planeta moribundo.

Una imagen de una región verde, protegida, apareció en la pantalla, como un tenue rayo de esperanza en medio de la devastación.

—Para el año 2038, gracias a los esfuerzos de la Unión Internacional y la implementación del plan “Renacimiento”, la humanidad consiguió una chispa de esperanza. Logramos estabilizar el deterioro medioambiental y recuperar un frágil equilibrio que renovó nuestra visión de un futuro mejor.

—Impulsados por la tragedia. Por primera vez en nuestra historia toda la humanidad restante trabajo al unisonó dejando de lado sus diferencias, y por un momento breve la humanidad se unió como nunca lo había hecho en sus doscientos mil años de historia. Hombres y mujeres trabajábamos juntos horas extras sin pedir nada más que lo mínimo elemental para nuestra supervivencia. Todos avanzando hacia un mismo objetivo.

—”Salvemos el planeta” era el lema que se extendía como el fuego en denso bosque. Nunca en todos los años de nuestro existencia habíamos puesto tanto a prueba nuestras capacidades de supervivencia.

—La humanidad trabajaba como una máquina bien engrasada. Los hombres trabajaban hasta el cansancio mientras sus manos sangraran.

Los científicos vieron estimulada su inteligencia y desarrollaban día a día nuevos e innovadores métodos para restaurar el mundo. Incluso los líderes mundiales dejaron de lado cualquier ambición o deseo individualista para unirse con el mismo objetivo.

Las imágenes mostraban el esfuerzo supremo que estaba haciendo la humanidad mientras guiaban la lenta restauración del mundo, haciendo que la esperanza brotará nuevamente.

—Pero el optimismo duró poco —el tono de la narración se oscureció una vez más.

—Lamentablemente, ese mismo año, se desató el virus RV-OMEGA. Nunca se pudo confirmar si fue obra del hombre o si surgió de manera natural, pero su rápida y mortal propagación quedó registrada como la mayor pandemia de la historia. Su tasa de mortalidad llego a alcanzar el 71 por ciento, convirtiendo el virus en uno de los episodios más trágicos jamás vividos.

—Mmm, ese bastardo de Frank, se lució otra vez —murmuró Sophie, observando con admiración y cierta amargura la impecable calidad del documental. A pesar de su disgusto hacia la presentadora, no podía negar que el trabajo de producción era sobresaliente, obra de su antiguo colega Frank, con quien alguna vez tuvo una buena amistad. Sin embargo, esa amistad se había desmoronado junto con todo lo demás.

La transmisión continuaba, pero el silencio en la habitación donde ella permanecía se volvía cada vez más tenso, cargado de emociones que no se atrevían a salir a la superficie.

—Por si fuera poco, el virus RV-OMEGA era altamente contagioso —continuó la voz masculina en el documental —, y su largo periodo de incubación hizo que muchos no lo tomaran en serio hasta que su propagación fue inevitable.

Las imágenes de los santuarios, llenos de personas abarrotadas, dieron paso a escenas de desesperación y caos. Las ciudades refugio, diseñadas para proteger a la humanidad de la devastación, se convirtieron en trampas letales.

—Las poblaciones humanas, concentradas en los santuarios, no tuvieron forma de reaccionar a tiempo. La infección se expandió con una velocidad aterradora, afectando a gran parte de la población y, peor aún, a los líderes y cabezas que dirigían la reconstrucción del planeta. Con su caída, la organización colapsó, llevando al mundo nuevamente a la anarquía y el caos.

Sophie observaba las imágenes con una mezcla de fascinación y frustración. Las ruinas, los cuerpos apilados, las calles vacías… Eran historias ampliamente conocidas, que su abuelos le habían contado hasta el cansancio, pero aun así eran mucho más impactantes de escuchar acompañados por la música desoladora y los efectos visuales del documental.

—Los incipientes esfuerzos por salvar el planeta colapsaron —continuaba la voz—. En ese momento, la humanidad pensó que todo había terminado, que nuestro fin estaba cerca. Sin liderazgo y sin los recursos para afrontar la creciente crisis, la situación continuó deteriorándose hasta alcanzar su punto más crítico en el año 2039.

—Las pocas organizaciones que sobrevivieron se aislaron en búnkeres subterráneos, pero sabían que ni siquiera eso los salvaría. El virus no solo estaba diezmando a los humanos, sino también a los animales sobrevivientes, destruyendo cualquier esperanza de restaurar el ecosistema. Una vez que las últimas provisiones se agotaran, también ellos estarían destinados a perecer.

La tensión en la narración aumentaba. Las imágenes estremecedoras parecían irreales, pero Sophie sabía que eran muy reales.

—Para finales de ese año, la población humana no alcanzaba ni siquiera los dos mil millones, y de ellos, el 90 por ciento estaba infectado, con un pronóstico de vida menor a un par de meses. Era, sin duda, la situación más desesperanzadora que la humanidad había enfrentado.

Las palabras finales resonaron en el aire como un eco.

—Entonces, ¿Qué podía salvarnos? ¿Había siquiera alguna forma de recuperar lo perdido?

La pantalla se oscureció por un momento, aumentando la tensión antes de que la voz del narrador concluyera.

—Fue entonces, cuando lo último de nuestra esperanza se había desvanecido, que llegaron.

—Lo que la humanidad había intentado probar durante tanto tiempo, finalmente se hizo realidad cuando miles de naves espaciales, aparecieron cubriendo el cielo.

Las imágenes mostraron como las naves extraterrestres se desplegaron, mientras sus tripulantes finalmente descendieron. Mostrando unos seres que parecían haber sido sacados de algún mito o leyenda.

Los seres mostrados eran de complexión esbelta y atlética, con rasgos marcadamente agudos. Sus orejas puntiagudas se extendían hacia atrás, dándoles un aire etéreo y alienígena. La piel de un tono azul pálido contrastaba con el brillo de sus armaduras tecnológicas, llenas de patrones lumínicos y detalles mecánicos avanzados. Sus ojos, intensos y expresivos, irradiaban inteligencia, mientras que su cabello, de un color celeste con reflejos plateados, flotaba ligeramente como si desafiara la gravedad.

El silencio en la habitación de Sophie se hizo aún más denso. Ella había visto las grabaciones de su llegada hasta el cansancio, pero aun así cada vez que los veía, algo en su interior se agitaba. Estos seres, a los que el mundo de ahora llamaba “Humes”, habían cambiado el destino de la humanidad para siempre.

—Me avergüenza decir que nuestro recibimiento estuvo marcado por conflictos —continuó la voz masculina del narrador, con un tono afligido, cargado de remordimiento.

Las imágenes mostraban un campo de batalla improvisado, donde grupos de humanos, desesperados, disparaban sus metralletas y lanzaban explosivos hacia los alienígenas. Aún así, ellos avanzaban con una calma casi sobrehumana mientras atravesaban el caos sin prisa. El fuego de las armas humanas, no parecía afectar de ninguna manera sus imponentes armaduras. Había una serenidad en sus movimientos que desafiaba la situación, una especie de paz palpable que parecía envolverlos a medida que caminaban entre las explosiones y el ruido ensordecedor.

—Por suerte, nuestras armas resultaron ineficaces frente a su avanzada tecnología, y los visitantes nunca devolvieron los ataques. En lugar de responder con violencia, se mostraron amables y comprensivos.

Las imágenes cambiaron a escenas de confusión y pánico en las zonas donde los Humes hicieron su primera aparición. La humanidad, asustada y desconfiada, apenas comenzaba a entender lo que ocurría. Sin embargo, esa confusión pronto dio paso a una calma inesperada, cuando los extraterrestres continuaron avanzando sin mostrar hostilidad, sus movimientos deliberados pero suaves.

—En poco tiempo, la humanidad comprendió que estos visitantes no venían con malas intenciones. Esa convicción se consolidó cuando comenzaron a tratar a los enfermos.

La pantalla mostró imágenes impactantes. Los Humes operaban máquinas que parecían sacadas de una novela de ciencia ficción. Dispositivos complejos, con luz pulsante y patrones geométricos, aplicaban tratamientos avanzados a los humanos infectados. Mientras trabajaban, sus rostros reflejaban una combinación de concentración y una inesperada compasión, un contraste poderoso con sus armaduras metálicas y tecnológicamente complejas. Era como si esos seres, hubieran venido con el único propósito de salvarnos.

Sophie no pudo evitar conmoverse, las imágenes le habían hecho recordar los relatos que había escuchado sobre esos días, tiempos que nunca vivió, pero que habían marcado profundamente a la generación de sus abuelos.

—Para el año 2040, el virus había sido erradicado por completo —prosiguió la voz en el documental—, y la veneración hacia los visitantes alcanzó niveles sin precedentes. Se convirtieron en nuestros salvadores.

Las imágenes mostraban multitudes adorando a los recién llegados, en lo que parecía más una escena de culto que de agradecimiento.

—Para ese entonces, ya habíamos establecido comunicaciones con los visitantes y, finalmente, pudimos conocer más sobre ellos. Se llamaban a sí mismos los “Humes”. Ellos nos contaron que, como una civilización avanzada, habían observado nuestra tragedia y decidieron actuar para salvarnos.

Sophie sentía un deseo inquebrantable de conocer a los Humes en persona, de estar cara a cara con aquellos seres que, más allá de su avanzada tecnología, encarnaban una virtud casi divina. Había dedicado toda su vida a esa aspiración, soñando con el día en que pudiera entrevistarlos y transmitir sus palabras en vivo a la humanidad entera. Lamentablemente ese sueño se había ido por el retrete hace casi un año.

Las imágenes del documental continuaron mostraban a los Humes trabajando incansablemente junto a los humanos, utilizando su avanzada tecnología para restaurar los ecosistemas dañados, purificar los océanos, limpiar la radiación y revivir zonas que antes habían sido consideradas inhabitables. Su conocimiento en biotecnología y sus recursos parecían infinitos. Donde antes solo había ruinas y desolación, pronto comenzó a surgir nueva vida.

—En la mitad de la década del 40, la humanidad, guiada por los Humes, emprendió una recuperación sin precedentes —continuaba la narración—. No solo estabilizamos el clima, sino que logramos reforestar vastas extensiones de terreno y purificar el aire y el agua. La civilización renació de las cenizas, más fuerte, más unida y, sobre todo, con una renovada visión de nuestro papel en el universo.

Las imágenes mostraban ciudades verdes y futuristas, donde humanos y naturaleza coexistían en un delicado equilibrio. La tecnología mejoro la vida cotidiana, transformando el mundo en un lugar mejor de lo que había sido antes de la tragedia. Los avances en energías renovables, la ingeniería genética y la medicina habían cambiado el curso de la humanidad para siempre.

—Una vez estabilizada la situación, los Humes decidieron partir, no sin antes dejarnos un último regalo que cambiaría la biología humana para siempre —dijo la voz con reverencia—. Nos entregaron la fórmula para el “despertar genético”, un avance que extendió la esperanza de vida humana en 50 años y mejoró las capacidades de nuestros cuerpos.

Gracias a este despertar, no solo vivimos más, sino que también somos más resistentes, y estamos mejor preparados para enfrentar los desafíos del futuro.

La pantalla mostró escenas de humanos jóvenes y ancianos, todos beneficiados por el regalo de los Humes, con cuerpos más ágiles y mentes más lúcidas, lo que les permitía disfrutar de vidas más largas y plenas.

—Con su misión cumplida, los Humes partieron de la Tierra en el año 2047, dejando detrás de ellos un legado imborrable —continuo el narrador.

—Pero antes de que se marcharan, el representante de los Humes, un ser alto de porte sereno y sabio, entregó un último mensaje a la humanidad, que quedó grabado en la memoria de todos.

La imagen en la pantalla mostraba al imponente Hume, de pie sobre una plataforma, dirigiéndose a la humanidad reunida.

—Su raza ha sufrido demasiado —comenzó el Hume con una voz profunda y solemne—. Pero esto no se debe a su falta de conocimiento o su tecnología. No. La razón por la cual este desastre ocurrió fue su falta de unión. Durante demasiado tiempo, sus diferencias los han dividido, sus egos los han cegado, y sus ambiciones individuales han destruido lo que juntos podrían haber construido.

La cámara enfocaba los rostros de los humanos escuchando con atención, algunos con lágrimas en los ojos.

—Nosotros no somos más fuertes que ustedes por lo que sabemos o por las herramientas que poseemos —continuó el representante—. Nuestra fuerza reside en nuestra unidad. Solo cuando dejaron de lado sus diferencias y trabajaron juntos lograron sobrevivir. Recuerden esto siempre, su mayor fortaleza no está en sus máquinas, ni en su ciencia, sino en su capacidad de unirse como uno solo.

El Hume hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran profundamente en todos los presentes.

—El futuro de su especie no está escrito —añadió, con un tono de esperanza—. Depende de ustedes. Pero si pueden aprender de este sufrimiento y mantenerse unidos, entonces no solo sobrevivirán, sino que prosperarán más allá de lo que jamás imaginaron.

Con estas palabras, el representante inclinó la cabeza en señal de respeto, y los Humes, con la misma serenidad con la que habían llegado, se prepararon para partir.

Las últimas imágenes mostraban el cielo despejado mientras las naves se elevaban hacia el espacio, con un resplandor que dejó a la humanidad mirando al horizonte, sintiendo gratitud pero también una profunda responsabilidad.

—Nos salvaron y nos dejaron las herramientas para salvarnos a nosotros mismos —finalizó la narración—. El destino de la Tierra ya no dependía de ellos, sino de nosotros.

La pantalla se oscureció una vez más, dejando en los televidentes la sensación de que, aunque los Humes ya no estaban, su presencia seguiría viva en cada rincón del planeta y en cada corazón humano.

En su habitación Sophie se estremeció, mientras las emociones la embargaban mientras sonreía, pero lamentablemente este sentimiento se esfumo rápidamente cuando la pantalla de la televisión volvió a mostrar a la presentadora.

—Eso fue magnifico. Me siento obligada de dar crédito a Frank por su impecable trabajo dirigiendo este documental. Me siento triste por los otros participantes del premio Oscar a mejor al mejor largometraje documental este año —Dijo la presentadora mientras lanzaba una pequeña risa.

Mientras tanto en su habitación, Sophie ahorcaba a un oso de peluche de manera casi inconsciente.

Un pequeño perro salchicha, que estaba entrando alegremente a la habitación, vio esa imagen y decidió sabiamente que no era el mejor momento para pedir comida, retirándose de manera silenciosa.

—Por ultimo, para finalizar este programa, les tenemos una gran noticia. Como ya saben, los Humes finalmente después de muchos años de espera, anunciaron que enviarían a un equipo diplomático el próximo año. Pues bien, nuestro canal en un esfuerzo tremendo !Por fin logro conseguir una exclusiva con uno de ellos! —exclamo la presentadora con una alegría que casi rompía su tono profesional.

—¡AHHHHHH! —Un grito furioso arraso la habitación, mientras la cabeza de un oso de peluche voló por el aire. La ira de Sophie, había alcanzado niveles asesinos.

Cuando el pequeño perro vio la cabeza del oso de peluche rodando por el suelo, su expresión se volvió complicada, mientras que por un momento parecía estar considerando la posibilidad de buscar otro hogar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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