La Sanadora de Nivel Máximo Transmigra a la Trama de la Hija Rica Verdadera y la Falsa - Capítulo 170
- Inicio
- La Sanadora de Nivel Máximo Transmigra a la Trama de la Hija Rica Verdadera y la Falsa
- Capítulo 170 - 170 Demoníaco 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
170: Demoníaco (2) 170: Demoníaco (2) —El Mayordomo Huang no accedió a dejarlos entrar.
Dijeron que se quedarán en la entrada del patio y le harán una reverencia.
Mientras la anciana hablaba, señaló hacia fuera del corredor.
Separados por el desordenado patio y la nieve, pudieron ver al Mayordomo Huang, a unos veinte o veinticinco metros de distancia, ataviado con un impermeable y un sombrero de bambú.
Él y un joven conversaban mientras se dirigían a la entrada del patio, caminando sobre la nieve.
El esbelto joven estaba de espaldas a Gu Yanfei y sostenía un paraguas de aceite de tung para protegerse de la nieve.
En ese momento, el cielo estaba oscuro y la nieve era demasiado densa.
Apenas pudo distinguir que vestía una túnica roja, y que poseía un cuerpo espigado y una figura grácil.
En el momento en que el joven llegó a la entrada del patio, los cuervos de los alrededores parecieron enmudecer y guardaron silencio.
Hubo un silencio sepulcral dentro y fuera del patio, como si el tiempo se hubiera congelado en ese instante.
Gu Yanfei miró aturdida al joven que sostenía el paraguas.
Lo que atrajo su atención fue la suerte escarlata que persistía alrededor del joven.
En esta noche oscura sin estrellas ni luna, en la inmensa nevada, el «escarlata» seguía siendo tan brillante y demoníaco.
Era como si una gran bola de fuego demoníaco ardiera con ferocidad.
Tan fascinante y ostentoso que parecía querer devorar la interminable oscuridad a su alrededor.
Era como si fuera el único que quedaba en el mundo.
El Mayordomo Huang le dijo algo al joven, quien se dio la vuelta y miró en dirección a Gu Yanfei.
Al darse la vuelta, los cuervos que estaban posados en los alrededores alzaron el vuelo de repente y huyeron en todas direcciones.
Las copas de los árboles sobre el muro quedaron vacías al instante.
Frufrú…
Unas pocas plumas negras de cuervo descendieron flotando.
Una se posó sobre el paraguas.
El joven bajo el paraguas estaba ligeramente pálido.
Sus rasgos eran hermosos, tan perfectos como el jade.
Aquellos encantadores ojos de fénix se rasgaban, y sus oscuras pupilas brillaban a la sombra del paraguas de aceite de tung.
La inmensa tormenta de nieve no lograba apagar su belleza.
Su belleza era brillante y deslumbrante.
¡Era él, sin duda!
Los ojos de Gu Yanfei se movieron con rapidez, pero ella permaneció serena.
La joven de las flores del Pabellón Tianyin de aquel día.
De entre todas las personas que había visto, él era el único rodeado por esa extraña suerte escarlata.
En el Pabellón Tianyin, el joven vestía suntuosas ropas femeninas como una de las jóvenes de las flores.
Las joyas y el exquisito maquillaje lo hacían parecer una grácil peonía roja, fascinante y deslumbrante.
Y ahora, vestía ropas de hombre.
Sus ropajes rojos eran como el fuego: intensos, pero sin llegar a quemar.
Era menos fascinante y más elegante.
Su temperamento era ligeramente femenino, pero aún poseía el encanto para cautivar a todos los seres vivos.
El hermoso joven sonrió y saludó juntando los puños, mientras sostenía el paraguas.
Su manga roja resbaló, revelando una muñeca tan nívea como la porcelana.
Juntó las manos, miró a Gu Yanfei, que estaba bajo el corredor, y dijo con cortesía: —Mi apellido es Xia.
Gracias por acogernos, Señorita.
Su voz también era muy diferente a la de aquel día en el escenario.
Era clara y singular.
—No es nada.
Joven Maestro Xia, no tiene por qué darlas —dijo Gu Yanfei con una leve sonrisa en los labios mientras caminaba por el corredor hacia la entrada del patio.
El corredor de arriba proyectaba una tenue sombra sobre el hermoso rostro de Gu Yanfei, desdibujándolo.
No tenía intención de quedarse de brazos cruzados esperando a que alguien le quitara la vida.
Puesto que la lucha entre ambos bandos era inevitable, más le valía atacar primero para tomarlos por sorpresa.
Gu Yanfei caminaba a un ritmo pausado.
Su gran capa cubría por completo la espada corta que llevaba en la cintura, sin dejarla ver en absoluto.
—Señorita —dijo el Mayordomo Huang, inclinándose ante Gu Yanfei con inquietud.
Al bajar la cabeza, el sombrero de bambú se le resbaló y se apresuró a enderezarlo.
Se acercaban cada vez más.
De repente, Gu Yanfei sintió sonar las alarmas en su interior y el vello de la nuca se le erizó.
Sus instintos le decían que ya había una emboscada más adelante, y que no se trataba de una sola persona.
La oscuridad y la nieve se habían convertido en el mejor escondite para los emboscados.
Pares de ojos asesinos se ocultaban en las tinieblas y la observaban.
Incluso desde lejos, Gu Yanfei podía oler la sangre que impregnaba a aquellas personas.
Aquellas personas eran auténticas máquinas de matar, manchadas con la sangre de sus víctimas.
Cuanto más avanzaba, más evidente se volvía esa intención asesina.
El Mayordomo Huang no notó nada, pero Gu Yanfei, que había experimentado innumerables pruebas de vida o muerte en el Reino del Espíritu Brillante, podía percibir la intención asesina oculta en la nieve.
Aunque nunca se había encontrado con él ni había luchado contra él, podía sentirlo profundamente—
Una vez que la otra parte atacara, ella no podría esquivarlo de ninguna manera.
Cuando esta certeza se manifestó con claridad en su mente, Gu Yanfei se detuvo como si nada.
Se paró a menos de tres metros de las dos personas que tenía delante.
El Mayordomo Huang y el joven que se hacía llamar Xia estaban fuera del patio, mientras que ella permanecía dentro.
La nieve caía como una cortina semitransparente entre ellos.
Al acortar la distancia, el rostro del joven se hizo claramente visible.
Su piel era tersa y sin imperfecciones.
Su espeso cabello negro estaba recogido con una horquilla de jade rojo, y sus ropajes rojos refulgían con un lustre dorado bajo la luz oscilante.
Se podían entrever exquisitos patrones bordados en la tela con hilos del mismo color.
De su cintura colgaban un pequeño sello de heliotropo y una bolsa de color rojo oscuro.
En conjunto, su atuendo era de lo más extravagante.
Gu Yanfei lo miró con calma y sonrió.
Dijo con el tono justo: —Joven Maestro Xia, no se contenga.
Descanse bien esta noche.
Luego, le dio instrucciones al Mayordomo Huang: —Mayordomo Huang, lleve al Joven Maestro Xia al patio de invitados para que se instale.
El Mayordomo Huang asintió repetidamente.
El Joven Maestro Xia parecía haber venido solo para darle las gracias.
Juntó las manos y se despidió: —Entonces no la molestaré más.
Tan pronto como terminó de hablar, se dio la vuelta sin prisa y volvió a mirarla.
Sus ojos estaban llenos de una belleza aterradora.
En el momento en que puso un pie fuera del patio, el graznido espeso y agudo volvió a sonar desde lo alto del muro.
Unos cuantos cuervos regresaron y sobrevolaron el tejado sobre el muro, de forma molesta e inquietante.
El viento y la nieve aullaban sin cesar.
Sonaba como un lamento y un quejido, haciendo susurrar las ramas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com