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La Segunda Oportunidad de Compañera del Rey Licántropo: El Surgimiento de la Hija del Traidor - Capítulo 414

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Capítulo 414: Una Reunión Privada

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Me encontraba en el corazón de la habitación de Estrella, el aire denso con los restos de emoción cruda—lágrimas aún brillando en mejillas, abrazos persistiendo como ecos, y esa palpable sensación de alivio bañando a todos como una suave marea. La madera viva de mi hogar pulsaba débilmente bajo nuestros pies, como si la casa misma respirara sincronizada con la reunión que se desarrollaba. Vincent—mi Estrella—y Katrina yacían entrelazados en la cama, sus dedos entrelazados, ajenos al mundo por un momento. Winter se aferraba a Nicholas, sus sollozos disminuyendo a suaves sorbidos, mientras los demás—Natalie con su porte regio, la postura protectora de Zane, los hermanos etéreos Jacob, Tigre, Águila, Burbuja y Zorro, e incluso Sebastián y Cassandra—flotaban como guardianes en un círculo de luz y sombra.

Pero debajo de la alegría, sentí la corriente subyacente de asuntos pendientes, un hilo cósmico tirando del tejido de la realidad. Era hora. No podía retrasarlo más. Cerrando brevemente los ojos, extendí mi esencia, esa fuerza neutral de creación que me unía a todas las cosas. Fue sin esfuerzo, como sumergirse en un estanque tranquilo, mientras invadía sus mentes—no forzadamente, sino con la sutileza de un susurro llevado por el viento. Natalie, Zane, Jacob, Tigre, Águila, Burbuja, Zorro, Sebastián, Cassandra… me acerqué a cada uno, plantando la convocatoria como semillas en tierra fértil.

«Venid a mí», proyecté, mi voz resonando en sus pensamientos, tranquila e insistente. «Tengo algo importante que compartir. Algo que nos concierne a todos. Encontradme en la puerta».

Abrí los ojos para ver las reacciones ondularse a través de ellos como una piedra saltando sobre el agua. La frente de Natalie se arrugó, sus ojos celestiales ampliándose con sorpresa mientras giraba ligeramente la cabeza, buscando la fuente. Los instintos licántropos de Zane se activaron; se puso rígido, un gruñido bajo retumbando en su garganta antes de controlarse, mirando a su reina con un gesto confuso de su cabeza. Jacob, el espíritu lobo, parpadeó rápidamente, su forma etérea brillando como si la intrusión hubiera alterado su esencia misma. Tigre, siempre el silencioso guardián con su cabello castaño dorado captando la luz como hojas otoñales, cruzó los brazos, sus ojos verdes estrechándose con tranquila sospecha. Águila, el espíritu del viento, se erizó como un pájaro sintiendo una tormenta, sus rasgos afilándose con intriga. Burbuja—espera, no, eso debe ser un error; quizás era un apodo juguetón para el espíritu del agua entre ellos—se movió inquieto, mientras Zorro, el espíritu del fuego con su pelo rojo ardiente, dejó escapar un suave resoplido, su naturaleza extrovertida ya burbujeando en la superficie. Sebastián, el señor vampiro, arqueó una ceja, sus ojos oscuros brillando con diversión mezclada con cautela, y Cassandra, su feroz compañera hombre lobo, colocó una mano en su brazo, sus instintos de cazadora en alerta.

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—¿Qué fue eso? —murmuró Zane en voz baja, su voz un timbre profundo que transmitía la autoridad de un rey. Escaneó la habitación, su mirada posándose en mí con una mezcla de curiosidad y cautela—. ¿Alguien más escuchó…?

Natalie asintió lentamente, su cabello rubio rojizo—muy parecido al de su hija—cayendo sobre su hombro.

—Sí. Fue Rayma. En mi cabeza otra vez —se volvió hacia mí, su expresión una mezcla de asombro y confusión—. ¿Qué quieres decir con ‘algo importante’? Acabamos de superar una crisis. ¿No puede esperar?

Sonreí suavemente, esa curva neutral de mis labios ni burlona ni tranquilizadora—simplemente presente.

—No, mi querida Princesa Celestial. No puede. Confía en mí, esta revelación iluminará caminos que no sabías que existían.

El grupo intercambió miradas, el aire zumbando con preguntas no formuladas. Sebastián se inclinó hacia Cassandra, susurrando:

—Siempre ha sido enigmático, pero ¿hablar mentalmente? Eso es nuevo.

Cassandra sonrió levemente, su filo de guerrera mostrándose en el brillo de sus ojos.

—O antiguo. Quién sabe con él. Es como el viento—impredecible.

Jacob dio un paso adelante, su presencia lupina exigiendo atención. Como primer hijo de la diosa de la luna, llevaba un aura de poder primordial, su forma humana pero irradiando la esencia salvaje de todos los hombres lobo.

—Rayma, ¿de qué se trata esto? Invades nuestras mentes como si no fuera nada, nos convocas como sirvientes. Habla claramente.

Levanté una mano, apaciguando.

—Todo a su debido tiempo, Jacob. Pero primero… —Me volví hacia Nicholas y Winter, que todavía estaban acurrucados cerca de la cama. El cabello negro de Nicholas caía sobre sus ojos oscuros mientras miraba hacia arriba, su actitud arrogante suavizada por el brazo protector alrededor de Winter. Ella, con sus mechones rubios ahora despeinados por las lágrimas, se aferraba a él, su enigmática frialdad resquebrajada para revelar vulnerabilidad.

—Nicholas, Winter —dije en voz alta, mi voz firme y cálida, como la luz del sol filtrándose entre las nubes—. ¿Podríais quedaros aquí vosotros dos? Cuidad de Estrella y Katrina. Necesitan descanso, y vuestra presencia mantendrá las sombras a raya.

Nicholas asintió inmediatamente, su encanto magnético brillando en una rápida sonrisa a pesar del matiz sombrío.

—Por supuesto. Nos encargamos de esto. ¿Winter?

Ella levantó la cabeza de su hombro, su voz aún frágil pero resuelta.

—Sí. Cuidaremos de ellos. Hermano… Vincent… necesita tiempo para recordar. —Sus ojos se encontraron con los míos, un destello de gratitud mezclado con su culpa—. Id. Sea lo que sea esto, ocupaos de ello.

Katrina se movió ligeramente en la cama, sus ojos azules entreabriéndose de nuevo.

—¿Qué está pasando?

Me acerqué brevemente a la cama, colocando una mano suave sobre la manta tejida.

—Nada de qué preocuparse todavía, niña. Descansa. Tu viaje ha sido largo.

Vincent—Estrella—apretó su mano, su peligroso encanto suavizado en una tranquila preocupación.

—Tened cuidado, todos.

Con eso, lideré el camino fuera de la habitación, el grupo siguiéndome en una procesión que se sentía solemne y cargada de anticipación. Los pasillos de la casa, vivos con enredaderas retorcidas y suaves brillos bioluminiscentes de cristales incrustados, parecían estirarse acomodaticiamente mientras avanzábamos. Natalie caminaba junto a Zane, sus manos rozándose—un rey y una reina unidos. Detrás de ellos, Jacob murmuraba a sus hermanos.

—Esto mejor que sea bueno —refunfuñó Zorro, su pelo rojo prácticamente chisporroteando con su temperamento ardiente—. ¿Invadir mentes? Eso es grosero, especialmente cuando no se supone que sea posible sin un vínculo formado por dos o más partes.

Tigre, fiel a su forma, no dijo nada, pero su marco fuerte y apuesto se movía con la gracia de un depredador, sus ojos verdes escaneando los alrededores como si vigilara contra amenazas invisibles.

Águila se rió ligeramente, un silbido ventoso en su voz.

—¿Grosero? Es eficiente. Pero sí, desconcertado no lo describe. ¿Qué podría ser tan importante para que haga esto? ¿Y quién es exactamente este tipo?

Burbuja onduló con acuerdo, su forma fluida y brillante mientras se licuaba y solidificaba varias veces. Sebastián y Cassandra cerraban la marcha, la velocidad vampírica de Sebastián haciendo sus pasos silenciosos, mientras que los orígenes de hombre lobo de Cassandra le daban un andar inflexible.

Salimos de la casa a los brazos acogedores del bosque, el aire fresco con el aroma de pino y tierra, las hojas susurrando como secretos antiguos. Los guié por un sendero que serpenteaba entre árboles imponentes, su corteza grabada con runas brillantes que pulsaban al ritmo de mis pasos. El dosel sobre nosotros filtraba la luz solar en patrones moteados, creando un mosaico de luz y sombra que bailaba sobre nuestros rostros.

Finalmente, llegamos al claro—una extensión impresionante donde el bosque se abría como cortinas en un escenario. Flores silvestres florecían en tonos vibrantes, cubriendo el suelo en un tapiz de rojos, azules, y dorados. Un arroyo cristalino burbujeaba cerca, sus aguas cantando una suave melodía sobre piedras lisas. En el centro se alzaba un roble antiguo, sus ramas extendiéndose como brazos acogedores, y el aire aquí zumbaba con energía elemental cruda, como si el velo entre mundos se adelgazara.

Me detuve en el corazón del claro, girándome para enfrentarlos. Se reunieron en un semicírculo suelto, expresiones que iban desde la paciente curiosidad de Natalie hasta el ceño fruncido impaciente de Zorro.

—Bien, Rayma —dijo Zane, su fuerza alfa evidente en sus anchos hombros y tono autoritario—. Estamos aquí. Suficientemente privado para ti. Suéltalo. ¿Qué es tan importante?

Tomé un respiro profundo, saboreando el momento—la emoción de la revelación construyéndose como una tormenta en el horizonte.

—Jacob —comencé, fijando los ojos con mi nieto, el espíritu lobo—. Necesito que llames a tu madre, Selena—la diosa de la luna. Y a tus tíos, Sol y Sombra.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire como truenos, y las reacciones explotaron en una cascada de shock. Los ojos de Jacob se hincharon, su rostro palideciendo como si lo hubiera golpeado. Retrocedió tambaleándose un paso, su boca abriéndose y cerrándose como un pez sacado del agua.

—¿Qué… cómo…? —tartamudeó, su voz quebrándose.

Natalie se congeló, su mano volando a su boca, sin palabras, su magia celestial parpadeando débilmente a su alrededor como estrellas sobresaltadas. La mandíbula de Zane cayó, sus ojos licántropos ensanchándose con incredulidad.

—¿Sabes sobre eso? ¿Su linaje?

La actitud silenciosa de Tigre se agrietó; dejó escapar un raro gruñido, su cabello castaño dorado pareciendo erizarse mientras se transformaba parcialmente, sus manos cambiando a patas parecidas a las de un tigre antes de revertir. La esencia de espíritu del viento de Águila levantó una repentina brisa, hojas arremolinándose a nuestro alrededor mientras su ofensa hervía.

—¿Qué tan loco estás, Rayma? —exigió, su voz llevada como una ráfaga—. ¿Crees que Madre y nuestros tíos simplemente… aparecerían porque chasquees los dedos? ¿Quién crees que eres?

Zorro, siempre franco, dio un paso adelante, llamas bailando en su cabello rojo mientras su temperamento se encendía.

—¡Sin respeto! Eso es lo que es esto. ¡Sin respeto por los dioses! Llamas sus nombres como si fueran viejos compañeros de bebida. Selena, Sol, Sombra—tan casual como te plazca. ¿Has perdido la cabeza?

Burbuja burbujeó—literalmente, pequeños orbes de agua formándose a su alrededor en agitación—mientras Sebastián cruzaba los brazos, una sonrisa tirando de sus labios a pesar de la tensión.

—Esto es… inesperado. Incluso para ti, Rayma.

Cassandra, leal y feroz, miró a Natalie, quien permanecía absolutamente sin palabras, sus ojos azules abiertos con una mezcla de horror y fascinación.

No pude evitar sonreír más ampliamente, esa diversión neutral burbujeando—divertido, de manera cósmica, cómo mortales y etéreos por igual se aferraban a jerarquías.

—Calmaos, todos —dije, mi voz calmante como un bálsamo en nervios desgastados—. Respirad. Si no queréis llamar a Selena y sus hermanos, está bien. Lo haré yo mismo.

Jacob, ya boquiabierto, se atragantó con el mismo aire, tosiendo violentamente como si manos invisibles apretaran su garganta. Se dobló, manos en las rodillas, jadeando.

—Tú… tú… ¿qué? ¿Tú mismo? Rayma, no puedes simplemente…

Los demás estallaron en un coro de protestas y preguntas, el claro vivo con energía dramática—vientos aullando de Águila, llamas parpadeando de Zorro, el suelo retumbando débilmente bajo los pies de Tigre. Natalie finalmente encontró su voz, dando un paso adelante.

—Rayma, explica. ¿Cómo sabes todo esto? ¿Y por qué ahora?

Pero mantuve mi posición, la emoción de la inminente convocatoria electrificando el aire, sabiendo que este era el precipicio de verdades que sacudirían sus mundos.

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Natalie~

Me quedé allí en el corazón de ese claro encantado, mi corazón latiendo fuerte en mi pecho, las flores silvestres bajo mis pies meciéndose suavemente como si ignoraran la tormenta que se gestaba entre nosotros. El aire vibraba con una tensión eléctrica, densa y palpable, como los momentos previos a un relámpago. La mano de Zane rozó la mía, un ancla silenciosa en el caos, su calor de Lycan filtrándose a través de mi piel, conectándome a tierra. Pero ni siquiera eso podía calmar el torbellino de emociones que giraban dentro de mí: confusión, frustración y una curiosidad punzante que arañaba mi alma.

Rayma nos enfrentó a todos, su expresión neutral irritantemente calmada en medio del alboroto. Jacob todavía estaba doblado, tosiendo y escupiendo como si hubiera tragado una ráfaga, mientras que los vientos de Águila arremolinaban hojas frenéticamente a nuestro alrededor. El pelo rojo de Zorro parecía encenderse con llamas reales parpadeando en las puntas, su furia evidente irradiando un calor que hacía que el aire temblara. Tigre permanecía silencioso como siempre, sus ojos verdes entrecerrados, su cabello castaño dorado captando la luz moteada del sol mientras escaneaba el perímetro como un depredador vigilante. La forma de Burbuja ondulaba y burbujeaba, con orbes de agua estallando en agitación, y Sebastián cruzó los brazos con esa sonrisa característica, aunque sus ojos oscuros revelaban un destello de inquietud. Cassandra, siempre la guerrera feroz, se posicionó protectoramente cerca de mí, su paso de hombre lobo listo para la acción.

—Rayma —finalmente logré decir, mi voz firme a pesar del temblor en mi interior. Mi magia celestial parpadeaba débilmente a mi alrededor, como estrellas asustadas bailando en la periferia de mi visión—. Explícate. ¿Cómo sabes todo esto? ¿Y por qué ahora?

Inclinó ligeramente la cabeza, esa sonrisa enigmática jugando en sus labios—no burlona, sino divertida de una manera que hacía hervir mi sangre.

—Natalie, mi querida Princesa Celestial —dijo, su tono tranquilizador pero impregnado de una corriente subyacente de autoridad cósmica—. Pronto responderé a todas tus preguntas. A cada una de ellas. Pero primero, necesito llamar a Selena, Sol y Sombra. Deben estar aquí para esta revelación.

El agarre de Zane se apretó en mi mano, su fuerza de Alfa evidente en el sutil gruñido retumbando en su garganta.

—¿Llamarlos? ¿Así sin más? —exigió, sus ojos de lycan destellando con incredulidad—. Hablas de los dioses como si estuvieran esperando junto a un teléfono. Esto no es una convocatoria casual, Rayma. Son seres eternos—Selena, la misma Diosa de la Luna, y sus hermanos. Y Sombra… él está encarcelado. Para siempre. Todo el mundo lo sabe.

Jacob finalmente se enderezó, su rostro sonrojado, ojos abiertos con una mezcla de horror e incredulidad. Como el espíritu del lobo, el primer hijo de Selena, llevaba el peso de nuestro linaje etéreo como una corona de espinas.

—Tú… tú… ¿qué? ¿Tú mismo? —tartamudeó de nuevo, haciendo eco de su shock anterior—. Rayma, no puedes simplemente—Madre no es una sirvienta para ser convocada. ¿Y mi Tío Sombra? ¡Está encerrado en un vacío impenetrable! ¡Esto es una locura!

Águila soltó una risotada ventosa que bordeaba lo histérico, el viento aumentando y despeinando mi cabello.

—¿Locura? ¡Eso es quedarse corto, hermano! ¿Quién se cree que es este tipo? Pavoneándose por aquí, soltando nombres como si fueran viejos amigos de una pelea de taberna. Selena, Sol, Sombra—¡ja! Lo próximo será invitar a las estrellas a tomar el té.

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Zorro dio un paso adelante, con llamas ahora visiblemente bailando en sus dedos, su pelo rojo crepitando como una hoguera.

—¡Sin respeto! Eso es lo que es —gruñó, su naturaleza franca volviendo el aire ácido con calor—. ¡Sin respeto por los dioses! Pronuncias sus nombres como si fueran compañeros de copas. ¿Has perdido la cabeza, Rayma? ¿O solo estás tratando de que nos pulvericen a todos por tu diversión?

Burbuja gorjeó en acuerdo, su forma fluida cambiando erráticamente, pequeñas olas chocando dentro de él como reflejando la agitación del grupo.

—Esto… esto no tiene precedentes —burbujeó, su voz como agua corriendo sobre rocas—. Ni siquiera las mareas convocan a la luna sin permiso.

Sebastián rió oscuramente, su encanto vampírico enmascarando la tensión en su postura.

—Inesperado es quedarse corto. Rayma, tienes agallas, te lo reconozco. Pero si esto nos explota en la cara, te echaré la culpa—y créeme, la eternidad es mucho tiempo para guardar rencor.

Cassandra le lanzó una mirada fulminante, sus instintos de hombre lobo haciendo que se le erizara el pelo.

—No estás ayudando, Seb. Natalie, ¿estás bien? Este tipo habla como si estuviera por encima del orden divino. Deberíamos…

Levanté la mano, interrumpiéndola, mi mente acelerada. El peso de mi propia herencia me oprimía—la Princesa Celestial, hija de profecías y poderes que a veces deseaba poder desechar. Mis ojos azules se encontraron con los de Rayma, y sentí un impulso de impulsividad, esa feroz independencia que Katrina heredó de mí burbujeando.

—Rayma, detente —dije, mi voz más afilada ahora, bordeada con la rabia divina que hervía justo debajo de mi piel—. Deja de ser delirante. No puedes simplemente convocar a la diosa de la luna y sus hermanos como si fueran niños errantes. Esto no es un juego. Tenemos amenazas reales—Vincent, Winter, los conflictos de los niños. Si no vas a…

Pero antes de que pudiera terminar, la expresión de Rayma cambió. Sus ojos, esos pozos neutrales que no contenían ni luz ni oscuridad sino todo lo intermedio, se profundizaron en algo antiguo y dominante. Tomó aire, y cuando habló, su voz retumbó como un trueno rodando a través del cosmos, profundo y resonante, sacudiendo el mismo suelo bajo nosotros.

—¡Selena! ¡Sol! ¡Sombra! ¡Os ordeno que aparezcáis ante mí ahora!

Las palabras resonaron por el claro, reverberando en la corteza del roble antiguo, haciendo temblar las flores silvestres y fallar la melodía del arroyo. Un silencio cayó sobre nosotros, espeso y sofocante, como si el mundo mismo contuviera la respiración. La mano de Zane apretó la mía tan fuertemente que dolía, pero apenas lo noté, mi corazón golpeando contra mis costillas.

Por una fracción de segundo, no pasó nada. Zorro resopló, a punto de desatar otra diatriba.

—¿Ves? Nada. Solo aire caliente de un…

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Entonces, el aire tembló. Una ondulación, como ondas de calor elevándose de la tierra horneada por el sol, distorsionó el espacio en el centro del claro. La luz se fracturó en prismas, colores sangrando unos en otros—dorados vibrantes, plateados etéreos y negros tinteros arremolinándose en un vórtice. Una ráfaga de viento, no de Águila esta vez, azotó a través de nosotros, llevando aromas de luz lunar, luz diurna abrasadora y vacíos abisales. Mi magia celestial se encendió involuntariamente, estrellas orbitando mis dedos como si respondieran a sus parientes.

Y entonces, aparecieron.

Primero, Selena—la Diosa de la Luna, mi madre etérea y de Jacob, aunque su presencia siempre se sentía como un sueño distante y luminoso. Se materializó en una cascada de luz brillante, su forma clara como el cristal y radiante, justo como describen las leyendas. Su cabello fluía como plata líquida, sus ojos lunas gemelas brillando con una claridad sobrenatural. Llevaba un vestido tejido de luz estelar y niebla, ondeando a su alrededor mientras se tambaleaba ligeramente, su elegante compostura interrumpida por puro asombro.

A su lado, Sol estalló en existencia con un resplandor de brillo eterno, su figura alta e imponente, piel brillando como oro fundido, su cabello una corona de llamas que no quemaban sino que iluminaban todo con una luz cálida e implacable. Sus ojos eran soles en sí mismos, penetrantes e intensos, pero ahora abiertos en total desconcierto.

Y luego—imposiblemente—Sombra. El dios de la oscuridad eterna, encarcelado para siempre en un vacío creado por la fuerza combinada de mi madre y mi tío Sol. Emergió de un zarcillo enroscado de negrura, su forma sombría y fluida, bordes difuminándose en el entorno. Sus ojos eran vacíos, absorbiendo la luz, pero se movían alrededor en shock, su postura rígida como si hubiera sido arrancado de cadenas.

Los tres estaban allí, en carne y hueso, el aire a su alrededor crepitando con poder crudo. La mano de Selena voló a su pecho, su voz un susurro melodioso impregnado de confusión.

—¿Qué… cómo estamos aquí? Esto no es posible. Estaba en los reinos lunares, atendiendo las mareas. ¿Quién nos ha convocado?

El resplandor de Sol se intensificó, creando largas sombras a través del claro, su voz retumbando como una llamarada solar.

—¡Imposible! Sentí un tirón—una orden que no pude resistir. Pero ¿quién se atreve? Y… ¿Sombra? ¿Hermano? ¿Estás… libre? ¡La prisión era eterna!

La forma de Sombra onduló, oscuridad filtrándose en la hierba como tinta, su voz un siseo bajo y resonante que me erizó la piel.

—¿Libre? No… esto no es libertad. Estaba en el vacío, atado por sellos inquebrantables. Sin embargo aquí estoy. ¿Cómo? ¿Quién tiene el poder de atravesar lo impenetrable?

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Sus ojos escanearon al grupo, posándose en cada uno de nosotros—los ojos saltones de Jacob, el raro gruñido de alarma de Tigre mientras sus manos se transformaban en patas, los vientos de Águila muriendo a un susurro de asombro, las llamas de Zorro apagándose mientras su mandíbula caía, Burbuja congelándose en un charco inmóvil. La sonrisa burlona de Sebastián desapareció, reemplazada por un shock con los ojos muy abiertos, y Cassandra agarró la empuñadura de su espada, aunque su mano temblaba. Zane me acercó más, su cuerpo tenso, listo para transformarse.

Pero fue Jacob quien rompió el silencio primero, su voz quebrándose como un trueno. —¿Madre? ¿Tíos? ¿Ustedes… realmente están aquí? Pero ¿cómo? ¿La invocación… funcionó?

La mirada de Selena se suavizó sobre su hijo, pero la confusión reinaba. —¿Jacob? Mis hijos… todos ustedes. ¿Qué es este lugar? ¿Quién nos llamó? La voz—era absoluta. Irresistible.

Sol se volvió, su brillo haciéndome entrecerrar los ojos. —¡Hablen! ¿Quién de ustedes ejerce tal autoridad? ¡Esto desafía el orden cósmico!

Los vacíos de Sombra se estrecharon, sospecha goteando de su tono. —¿Y por qué yo? El encarcelado. ¿Es esto un truco? ¿Un nuevo tormento?

Lo sentí entonces—un cambio colectivo. Todos los ojos, incluidos los de los dioses, se volvieron hacia Rayma. Él permanecía sin cambios, esa sonrisa neutral todavía en su lugar, pero ahora… ahora había algo más. Un aura que no había notado antes, vasta e incomprensible, como mirar el nacimiento del universo.

El miedo se infiltró, frío e inesperado, retorciéndose en mis entrañas. ¿Quién era este hombre? ¿Este ser que acababa de ordenar a los dioses como marionetas? El gruñido de Zane se volvió protector, Jacob retrocedió tambaleándose, e incluso Zorro, por una vez, se quedó sin palabras. El indicio de miedo en el aire era nuevo, agudo e innegable, suspendido sobre nosotros como una nube de tormenta lista para estallar.

Rayma encontró nuestras miradas, su voz tan calmada como siempre. —Ahora que todos están aquí, ¿comenzamos?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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