LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 107
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Capítulo 107: capitulo 107 — El Camino hacia la Asamblea
El ejército rebelde comenzó su marcha triunfal hacia la Asamblea. Albert lideraba la columna, flanqueado por los guerreros que aún respiraban fuego.
—Sigan a Albert —ordenó Adán, deteniendo su paso—. Tengo algo pendiente.
Aren, con la curiosidad a flor de piel, no pudo evitarlo:
—¿A dónde vas, Adán?
—¡CÁLLATE, HERMANO! —le espetó Selene, dándole un golpe en el hombro—. ¡No seas metido donde no te llaman! Yo misma lo corregiré. Adán.
Antes de marcharse, Adán cruzó su mirada con los cuatro veteranos del escuadrón de los 80. Sintió una conexión extraña, un hilo invisible que lo unía a aquel hombre del sombrero negro viejo.Al pasar de largo, uno de los veteranos soltó un suspiro:
—Mierda… por un momento pensé que el chico nos atacaría. Su presencia es abrumadora.
El padre de Adán dejó escapar una carcajada ronca Tras darse cuenta de que su hijo sabe que es él…
El Héroe en la Puerta
Adán caminó bajo el sol de la tarde por las calles de Ciudad Central. Desde los edificios, la gente se asomaba a los balcones con asombro.
—¡Mira, mamá! ¡Es él! ¡Es el chico que peleó! —gritaba un niño, señalando la figura de negro.
—Tienes razón… —respondió la madre, conmovida.
—¡De grande quiero ser tan fuerte como él! —exclamó el pequeño, mientras ella sonreía al ver cómo su hijo encontraba un nuevo héroe.
Finalmente, Adán llegó a una casa tranquila, un oasis de paz en medio del caos. Tocó la puerta. Dentro, los padres de Valeria saltaron del sofá, nerviosos. Cuando la madre abrió, retrocedió por la impresión y casi tropezó al alzar la vista hacia la figura imponente de Adán. El padre, reconociendo al guerrero de la televisión, se acercó temblando de emoción.
—Tú… tú eres el chico de la batalla —dijo, extendiendo la mano con respeto—. ¡Es un honor! Gracias por pelear por nosotros… por favor, pasa, pasa.
Adán negó con la cabeza, manteniendo su serenidad. En ese momento, Valeria apareció, atraída por el alboroto.
—¿Qué es tanto ruido? —preguntó… hasta que sus ojos se iluminaron—. ¡ADÁAAAAAN!
—Hola, Valeria —respondió él suavemente.
Los padres quedaron en shock.
—¡Hija! ¿¡Lo conoces!? —preguntó el padre, alternando la mirada entre el chico que había visto derrotando generales y su propia hija.
—Es mi futuro esposo —respondió ella con una sonrisa traviesa y triunfal.
Adán abrió los ojos de par en par. Parpadeó un par de veces, preguntándose en qué momento exacto se había decidido eso, pero al ver la felicidad de Valeria, decidió no discutir la logística. Simplemente sonrió de medio lado y dejó que ella tuviera su momento.
Valeria no esperó más y corrió a refugiarse en sus brazos. Lo abrazó con fuerza, sintiendo la energía que todavía emanaba de él.
—Sabía que lo lograrías —le susurró al oído, ignorando que sus padres estaban a punto de desmayarse.
Aún aferrada a él, preguntó en voz baja:
—¿Qué harás ahora, Adán?
La expresión de Adán cambió al instante: la calidez desapareció, dando paso al hielo de la justicia.
—Iré a la Asamblea —respondió con voz profunda—. Y destruiré a todos los que estén allí.
Valeria asintió y lo soltó, permitiéndole cumplir su misión. Se despidieron con una mirada cargada de significado, mientras los padres seguían inmóviles, tratando de procesar que el “monstruo” de la televisión era, según su hija, el futuro miembro de la familia.
Adán aún permanecía en la calle cuando habló en voz baja:
—Buen trabajo, Roldán.
Roldán apareció desde las sombras.
—Hice lo que me pediste: quedarme para proteger a Valeria. Pero, Adán… ¿estás pensando en llevarla contigo a Alemania?
Adán soltó una pequeña risa.
—Es muy terca. Aunque me niegue, insistirá una y otra vez. Así que la llevaré. Además… me siento más tranquilo si está a mi lado y no lejos. Nuestra conexión va más allá de todo. Incluso si estuviéramos en universos distintos, seguiríamos sintiéndonos.
Roldán sonrió con sinceridad.
—Amas mucho a Valeria. Me alegra, Adán. Me pone feliz que tengas a alguien.
Adán asintió y luego preguntó:
—¿Y el helicóptero?
—Sí, ya está en la azotea, listo para despegar.
—Bien —dijo Adán—. Entonces vayamos a la Asamblea.
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