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LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 112

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Capítulo 112: Capítulo 112 — El gorro

Los cuatro se sentaron a la mesa: Valeria al lado de Adán y, enfrente, sus padres. La madre comenzó preguntando:

—Adán, ¿cuándo entraste?

Adán soltó una risa nerviosa y estaba por responder, pero el padre de Valeria lo interrumpió:

—Yo le abrí la puerta —dijo, mientras le guiñaba un ojo a Adán.

Valeria pensó para sus adentros: “Mi padre admira mucho a Adán”.

El padre encendió la televisión y los cuatro prestaron atención a las noticias. La reportera hablaba con entusiasmo:

—¡Buenos días a todos los ciudadanos! ¡Les traemos noticias de calidad! Albert reformó todas las leyes del país y bajó enormemente los impuestos que nos afectaban a todos. Ahora el país tiene un nuevo rumbo, y quien lo maneja se llama: ¡ALBERT REYES!

En las calles, las personas celebraban al comenzar su jornada; incluso los dueños de las empresas dieron el día libre debido a las noticias. El padre de Valeria comentó:

—Es increíble. Tú eres increíble, Adán —dijo, mirándolo fijamente.

Adán agradeció por la comida y por los comentarios. Al terminar de desayunar, Valeria le propuso salir a pasear.

—No podremos estar tranquilos —contestó Adán—, creo que me reconocerían fácilmente.

—¡No te preocupes! —dijo Valeria—. ¡Yo tengo la solución! Padre, ¿aún tienes ese gorro feo?

—Hija, ¿cómo que feo? Es hermoso. ¿Verdad, amor? —preguntó, buscando apoyo en su esposa, pero ella miró hacia otro lado.

—No me importan sus opiniones —sentenció el padre—. ¡Adán, verás que te encantará! ¡Tú sabrás reconocer lo hermoso que es mi gorro! Ven.

El padre acompañó a Adán a la habitación y cerró la puerta. Le mostró un gorro negro.

—Con esto pasarás desapercibido. Y, Adán… sobre el casamiento, ¿tienen fecha?

Adán rió y respondió:

—Pronto

El padre se sintió orgulloso y feliz, pensando con fuerza: “¡ESTE ES EL INDICADO, HIJA!”.

Al volver a la mesa, el padre actuaba diferente; estaba muy sonriente. Valeria lo miró con sospecha.

—Padre, ¿a qué viene tu sonrisa intensa?

—Amor, ¿qué hiciste? —preguntó la madre.

—Nada —contestó él en voz baja, con una risa nerviosa mientras miraba hacia otro lado—. Solamente le enseñé el gorro.

Valeria le dijo a Adán que era hora de irse. Ambos se levantaron y ella tomó la mano de Adán, guiándolo hacia la puerta. La madre los miraba feliz por su hija, mientras que el padre estaba genuinamente feliz por Adán.

Valeria y Adán recorrían las calles mirando a todos lados. Valeria estaba encantada por lo hermosa y tranquila que se sentía la ciudad ahora, pero más le encantaba vivir esa experiencia con Adán. Él la miraba mientras ella exponía toda su felicidad en la caminata.

Mientras ellos daban destellos de alegría, Aren y Selene se encontraban entrenando intensamente: Aren, de la mano de Rafael, y Selene, de la mano de Ángel. Mientras ellos practicaban fuertemente, Tadeo tomó el día libre para descansar. Subió unas escaleras que parecían infinitas hasta que llegó al final del recorrido. Allí vio la tumba de su madre y se arrodilló frente a ella.

—Hola, madre —dijo, intentando intensamente contener las lágrimas—. Espero que estés bien dondequiera que estés. Me haces tanta falta. Al principio no encontraba un camino, ¡pero conocí a un chico increíble! Me enseñó mucho y siempre estuvo para mí. Pronto me iré a Alemania; pelearé para salvar a las personas. Tenemos un gran equipo y sé que estarás orgullosa de mí. Daré mi mejor esfuerzo, madre. Siempre te llevo en mi corazón, en mi mente y en todo mi ser. Te volveré a ver.

Al decir las palabras finales, Tadeo sentía cómo su garganta se cerraba; para él, esta era la pelea más difícil. Pero aun así seguiría adelante, porque eso fue lo que su madre le enseñó. Se despidió del lugar con una sonrisa y la esperanza de volverla a ver.

Mientras tanto, Adán y Valeria disfrutaban el día. Llegaron a una heladería callejera y Adán le preguntó: —¿Qué sabor te gustaría? Valeria, dudosa, eligió fresa y chocolate. —Yo elegiré chocolate y chocolate —dijo Adán. Valeria, al escucharlo elegir el mismo sabor dos veces, no pudo evitar reírse. —Es mi favorito —se justificó Adán. —Es rico, ¡pero el de fresa lo es más! Adán, indignado, replicó: —No, el de chocolate es mejor.

El heladero, al verlos discutir, encontró la escena muy tierna y les dijo: —Las parejas siempre discuten por estas cosas. Se miraron entre sí al escuchar el comentario y los tres comenzaron a reír. Luego siguieron caminando mientras comían. Valeria le ofreció un poco de fresa a Adán, pero él se negó. —Este es tu castigo por mentirme con lo de la araña esta mañana —sentenció ella.

Derrotado por el comentario, Adán accedió a comer. Valeria usó su cucharita y le dijo: —Adán, abre la boca. Él sonrió mientras pensaba: «Me trata como a un bebé». Abrió la boca y Valeria dirigió la cuchara hacia su destino. Adán hizo una mueca de desprecio hacia el sabor, mientras ella le insistía en que era rico.

Finalmente, vieron un lugar tranquilo y verde y decidieron sentarse. Ambos chocaron sus cabezas, pegaditos el uno al otro. —Adán, es increíble compartir este momento contigo. —Yo también siento que es increíble, Valeria. Espero que podamos tener más momentos así. —Lo tendremos, Adán —afirmó ella—. Lo tendremos. Ambos sonrieron bajo el sol, observándolo tranquilamente uno junto al otro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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