LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 113
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Capítulo 113: capitulo 113 — Un respiro en el camino
Valeria y Adán recorrían las calles mirando a todos lados. Valeria estaba encantada por lo hermosa y tranquila que se sentía la ciudad ahora, pero más le encantaba vivir esa experiencia con Adán. Él la miraba mientras ella exponía toda su felicidad en la caminata.
Mientras ellos daban destellos de alegría, Aren y Selene se encontraban entrenando intensamente: Aren, de la mano de Rafael, y Selene, de la mano de Ángel. Mientras ellos practicaban fuertemente, Tadeo tomó el día libre para descansar. Subió unas escaleras que parecían infinitas hasta que llegó al final del recorrido. Allí vio la tumba de su madre y se arrodilló frente a ella.
—Hola, madre —dijo, intentando intensamente contener las lágrimas—. Espero que estés bien dondequiera que estés. Me haces tanta falta. Al principio no encontraba un camino, ¡pero conocí a un chico increíble! Me enseñó mucho y siempre estuvo para mí. Pronto me iré a Alemania; pelearé para salvar a las personas. Tenemos un gran equipo y sé que estarás orgullosa de mí. Daré mi mejor esfuerzo, madre. Siempre te llevo en mi corazón, en mi mente y en todo mi ser. Te volveré a ver.
Al decir las palabras finales, Tadeo sentía cómo su garganta se cerraba; para él, esta era la pelea más difícil. Pero aun así seguiría adelante, porque eso fue lo que su madre le enseñó. Se despidió del lugar con una sonrisa y la esperanza de volverla a ver.
Mientras tanto, Adán y Valeria disfrutaban el día. Llegaron a una heladería callejera y Adán le preguntó: —¿Qué sabor te gustaría? Valeria, dudosa, eligió fresa y chocolate. —Yo elegiré chocolate y chocolate —dijo Adán. Valeria, al escucharlo elegir el mismo sabor dos veces, no pudo evitar reírse. —Es mi favorito —se justificó Adán. —Es rico, ¡pero el de fresa lo es más! Adán, indignado, replicó: —No, el de chocolate es mejor.
El heladero, al verlos discutir, encontró la escena muy tierna y les dijo: —Las parejas siempre discuten por estas cosas. Se miraron entre sí al escuchar el comentario y los tres comenzaron a reír. Luego siguieron caminando mientras comían. Valeria le ofreció un poco de fresa a Adán, pero él se negó. —Este es tu castigo por mentirme con lo de la araña esta mañana —sentenció ella.
Derrotado por el comentario, Adán accedió a comer. Valeria usó su cucharita y le dijo: —Adán, abre la boca. Él sonrió mientras pensaba: «Me trata como a un bebé». Abrió la boca y Valeria dirigió la cuchara hacia su destino. Adán hizo una mueca de desprecio hacia el sabor, mientras ella le insistía en que era rico.
Finalmente, vieron un lugar tranquilo y verde y decidieron sentarse. Ambos chocaron sus cabezas, pegaditos el uno al otro. —Adán, es increíble compartir este momento contigo. —Yo también siento que es increíble, Valeria. Espero que podamos tener más momentos así. —Lo tendremos, Adán —afirmó ella—. Lo tendremos. Ambos sonrieron bajo el sol, observándolo tranquilamente uno junto al otro.
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