Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 114

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO
  4. Capítulo 114 - Capítulo 114: capitulo 114 — El peso de una madre
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 114: capitulo 114 — El peso de una madre

Adán y Valeria pasaron todo el día juntos. Al caer la noche, él la acompañó hacia su casa; al llegar, la abrazó de nuevo. Fue un abrazo intenso, como si fuera la última vez que la vería. Valeria sonrió y Adán dijo:

—Mañana nos volveremos a ver temprano.

—Sí —respondió ella.

—Bien, te veré mañana entonces.

Valeria lo abrazó mientras apoyaba su cabeza en el pecho de Adán, quedándose así por varios segundos hasta que habló:

—Adán, te amo mucho. Gracias por este maravilloso día, mi niño.

Adán rió y le respondió:

—Te amo intensamente, Valeria.

Se despidieron y Adán regresó a su casa. Su madre lo recibió con cara de sospecha, mientras que su padre «desaparecía del radar» estratégicamente.

—Hoola, madre —dijo Adán.

Ella le preguntó qué había estado haciendo, a lo que él respondió:

—Cosas de chicos.

—¿Cosas de chicos es pelearse contra un ejército? —replicó su madre.

Adán se sintió atrapado. Se tocó la cabeza y dijo:

—Seguro era un clon mío. Mamá, ¿tuviste un gemelo y no me has dicho nada?

La madre rió.

—Eres astuto como tu padre, hijo.

El padre, que estaba oculto, entró en escena y dijo:

—Amor, volvió nuestro hijo.

La esposa le advirtió que luego hablarían, mientras dirigía su mirada a Adán y lo abrazaba muy fuerte.

—Estaba muy preocupada por ti, hijo mío.

—Lo sé, madre —dijo Adán.

—Prométeme que no lo volverás a hacer, Adán.

Él bajó la mirada y, con dificultad, le dijo:

—Perdón, madre, pero no me puedo detener. Hay muchas personas a las que tengo que proteger y salvar. Entiendo tu preocupación —la miró a los ojos—, pero, madre, no me odies por hacer esto.

La madre comenzó a llorar y Adán la abrazó fuertemente.

—Nunca te odiaría, hijo. Solo soy una madre preocupada; eres mi único hijo y nosotros te amamos con todo nuestro ser. Si eso es lo que quieres, entonces te apoyaré, aunque no me guste. Te apoyaré siempre, porque eso es lo que hace una verdadera madre.

El padre se unió y, con sus largos brazos, rodeó a los dos. Los tres permanecieron juntos, unidos en un solo abrazo.

Al día siguiente, Adán despertó con un pensamiento claro: esa noche zarparía el barco. Se despidió de sus padres y se dirigió a la casa de Valeria. Al llegar, el padre lo recibió con entusiasmo:

—¡Hola, mi querido Adán!

—¡Basta, papá! —interrumpió Valeria.

—No seas egoísta, hija —se quejó él.

—Yo me lo llevaré; ustedes hablen tranquilos —intervino la madre.

Valeria y Adán rieron y ella sentenció:

—Vayamos.

Mientras caminaban, Valeria miró a Adán y le preguntó:

—¿Qué planes tenemos hoy?

—Lo he estado pensando mucho —respondió él—. Pensé en una cita romántica o en mostrarte la Casa Presidencial. Ya sé… ¿qué tal si te muestro la Casa Presidencial y allí tenemos nuestra cita?

—¡Me encanta la idea!

—Bien —dijo Adán—. Iremos allá.

Tiempo después, al llegar al lugar, Valeria quedó asombrada.

—¡Wow, es muy grande!

Los custodios abrieron rápidamente las puertas y Valeria les agradeció con amabilidad. Adentro, Albert los saludó de inmediato. Valeria le confesó que lo admiraba mucho y que había estado increíble en la batalla.

—Así que el rey tiene una reina —comentó Albert, rompiendo a reír.

Adán lo miró fijamente a los ojos y Albert, captando la indirecta, añadió, nervioso:

—Ah… recordé que tengo algo que hacer. ¡Adiós!

—Adiós, Albert —dijo Valeria mientras seguían recorriendo el lugar.

Adán le mostró los objetos históricos que habitaban la mansión. Luego, llegaron a un salón espacioso, con una mesa en el centro e inundado de flores.

—¿Te gusta? —preguntó Adán.

—¡Me encanta! —respondió ella, feliz.

Adán acompañó a Valeria a su asiento con elegancia.

—Todo un caballero eres, Adán —admitió ella.

—Sigue, sigue —dijo él, agrandándose.

Valeria se negó a seguir alimentando su ego entre risas. Adán destapó la olla que estaba en el medio de la mesa; ambos coincidieron en que olía delicioso. Durante la comida, rieron y hablaron de sus cosas, hasta que, al terminar, Adán abordó lo que vendría:

—El barco saldrá esta noche. ¿Hablaste con tus padres?

—Aún no —respondió Valeria—. Mi padre, al saber que tú estarás conmigo, no se enfadará. Pero mi madre… ella se enfadará; tendré que lidiar con eso más tarde. ¿Y tú?

—Yo ya lidié con eso. A mi madre, al principio, no le agradó, pero terminó apoyándome. ¿Sabes que tendremos que dejar la escuela?

—Lo sé —dijo Valeria con firmeza—, pero vale la pena. Te seguiré, no importa qué.

—Eres tan testaruda —murmuró Adán.

—Lo soy —afirmó ella.

Ambos terminaron riendo nuevamente bajo el techo del nuevo gobierno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo