LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 117
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Capítulo 117: capitulo 117 — Rumbo a Alemania
Adán y su padre se dirigían hacia la casa de Valeria. Al llegar, Adán tocó la puerta mientras su padre esperaba a un lado. El padre de Valeria, al escuchar el sonido, pensó: «Seguro es Adán, iré a saludarlo primero». Al abrir y verlo, no pudo contenerse y lloró desconsoladamente mientras lo abrazaba.
—Espero que te cuides, muchacho, y sigas logrando estas cosas. Siempre te admiraré —le dijo con una sonrisa intensa.
Valeria regañó a su padre, diciendo que ni por ella actuaba así. La madre apareció y saludó a Adán:
—Por favor, cuida mucho de mi hija.
Adán, de forma firme y sin perder de vista los ojos de la madre preocupada, se acercó y le dijo:
—Siempre la protegeré, incluso si mi vida corriera peligro. Ella es todo para mí.
La madre agradeció sus dulces palabras, sintiendo que su hija realmente había encontrado al indicado. El padre de Adán saludó a ambos, orgulloso. Finalmente, se despidieron, dejando atrás a una madre preocupada y a un padre lleno de confianza en que volverían.
Al caminar en la noche, divisaron a lo lejos la figura del gran barco y a los guerreros de Adán. Él se sintió feliz y decidido: «Nadie morirá mientras yo esté aquí», se prometió. Al verlo llegar, los guerreros le hicieron una reverencia. Adán les agradeció por estar allí y muchos se sonrojaron por el gesto de su líder.
Tadeo se acercó:
—Cuánto tiempo, líder.
—Sí, ha pasado un poco de tiempo —respondió Adán.
El navegador le comentó que, si salían en ese momento, llegarían al amanecer. Adán dio la orden de poner en marcha el barco. Observó a Rafael y Ángel junto a Aren y Selene.
—Por lo que veo, entrenaron fuertemente —les dijo.
—¡Sí! —respondieron los hermanos al mismo tiempo.
Adán miró a Ángel y le preguntó por qué no estaba con Albert.
—Solo seguí mi corazón —respondió él, y Adán sonrió comprendiendo.
Adán vio a Valeria junto al navegador, curiosa por cómo se manejaba el barco, y no pudo evitar sonreír; lo hacía cada vez que la miraba. Luego, él y Tadeo se apartaron a un lugar silencioso.
—¿Cómo estuvo tu descanso? —preguntó Adán.
—Fue refrescante. Necesitaba ir a verla —confesó Tadeo.
Ambos se sentaron en la proa, con las piernas colgando hacia el agua. Adán señaló el océano:
—Es hermoso, ¿verdad?
Tadeo no entendió bien y Adán añadió:
—El mar es hermoso y tranquilo.
Tadeo seguía sumido en sus pensamientos mientras Adán se levantaba, dejándolo solo frente a la inmensidad.
En otro lado del barco, Aren discutía con su hermana mientras señalaba el horizonte.
—¡Te dije que llegaríamos al amanecer! Sé orientarme mejor que tú.
—¿Tú? —replicó Selene, cruzándose de brazos—. La última vez aseguraste que sabías exactamente a dónde íbamos… y terminamos dando un rodeo innecesario.
—Eso fue estrategia —se defendió Aren—. Estaba analizando el clima.
—Ah, claro… entonces tu “análisis” también incluía decir que el mar te “hablaba” y te daba indicaciones —respondió ella con una sonrisa burlona.
—¡Oye! A veces hay que confiar en la intuición.
—Sí, sí, el gran susurrador del océano —rio Selene.
Aren se acercó y le despeinó el cabello.
—Admítelo, hermana, sin mí te aburrirías mucho.
—Y tú sin mí no durarías ni un día —contestó ella, empujándolo suavemente.
Ambos terminaron riendo hasta que Ángel y Rafael aparecieron para retarlos, dejándolos callados en el acto.
Adán caminó hasta llegar a Valeria.
—Es muy interesante la navegación —dijo ella al verlo.
—Sí, es muy interesante —respondió él, guiñándole un ojo.
—¡Te vi! —rio Valeria.
—Yo también —respondió Adán con complicidad.
Se sentaron juntos, mirando el mar en silencio.
—Adán… —dijo ella—, ¿qué crees que pase en Alemania?
—No sé qué pasará, pero espero que nadie muera —confesó él—. Todos me siguen ciegamente y no puedo dejar de pensar en eso.
—Nadie te sigue ciegamente —le aseguró Valeria—. Te has ganado su confianza y todos saben lo que podría pasar, pero lucharán a tu lado. Y ahora yo también —añadió riendo.
Adán abrió los ojos sorprendido y se recostó.
—Tienes razón. Espero que nos vaya bien.
Valeria también se recostó a su lado.
—Nos irá bien, Adán. Lo sé.
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