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LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 CAPÍTULO 14 — Un rival vuelve a la vida
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14: CAPÍTULO 14 — Un rival vuelve a la vida 14: CAPÍTULO 14 — Un rival vuelve a la vida Kevin abrió los ojos lentamente.

La luz blanca del hospital le quemaba las pupilas, pero una cosa sí recordó al instante: el rostro de Adán encima de él.

Su respiración se volvió agitada.

Cuando finalmente entendió dónde estaba, un rugido de furia escapó de su garganta.

—¡ADAAAAAAN!

No importa qué… te destruiré… solo espera… Su voz quebrada se mezcló con el pitido del monitor cardiaco.

Los médicos, sorprendidos por su reacción, fueron a buscar a sus padres.

Ellos llegaron casi corriendo; la madre tenía lágrimas en los ojos, el padre venía rojo de rabia.

—Kevin, hijo… ¿qué pasó?

—preguntó la madre, tomándolo de la mano—.

¿Quién te hizo esto?

Kevin apretó los dientes, recordando el dolor, recordando el miedo.

—Fue Adán… el chico de segundo año… del salón al que voy.

Tienen que expulsarlo.

¡YA!

Esa frase fue suficiente para encender la chispa que faltaba.

Sus padres se miraron.

Lo habían perdido todo por un segundo —su tranquilidad, su confianza, incluso su dignidad—.

Ver a su hijo así les dolió más que cualquier cosa.

La madre empezó a temblar.

El padre, con el ceño fruncido, sintió que su paciencia llegaba hasta ahí.

—Esto no se va a quedar así —juró el padre—.

No vamos a dejar que pisen a nuestro hijo.

No otra vez.

Ambos salieron del hospital con la misma misión: expulsar a Adán a cualquier costo.

— No sabían, sin embargo, que un nuevo movimiento ya estaba hecho en las sombras.

Cuando Adán se reunió con Albert días antes, le pidió una cosa muy específica: “Habla con el director.

Convéncelo de que es mejor estar de nuestro lado.” Albert no tardó en hacerlo.

Y el director, ambicioso, calculador y cobarde, hizo su propia balanza mental.

¿Qué le convenía más… proteger a los matones o apoyar al heredero de una familia poderosa como los Reyes?

La respuesta era obvia.

Lo que él no sabía… era que ese sería el primer paso hacia su caída.

Adán lo usaría.

Lo dejaría actuar libremente.

Y cuando ya no sirviera, lo tiraría como basura.

— Cuando los padres de Kevin llegaron furiosos a la dirección… —¡Expulse a ese chico!

¡Nuestro hijo estuvo en coma!

—exigió el padre, golpeando el escritorio.

—Adán es un estudiante ejemplar —respondió el director, manteniendo la compostura—.

Buenas notas, comportamiento estable… nunca hubo problemas con él.

—¡ÉL DEJÓ ASÍ A MI HIJO!

¡NO DIGA ESTUPIDECES!

—gritó el padre.

La madre lloraba silenciosamente, frustrada.

Pero el director, sin retroceder un centímetro, agregó: —Tenemos testigos, todo coincide.

Fue un accidente.

No molesten más.

Fue entonces cuando el padre de Kevin perdió los estribos y le lanzó la frase que siempre usaba cuando quería intimidarlo: —Te hemos dado mucho dinero.

MUCHÍSIMO.

No te conviene jugar con nosotros.

El director, que ya no necesitaba esos “favores”, sonrió hipócritamente.

—¿Dinero?

No sé de qué habla.

No tengo registro de nada.

Eso los dejó helados.

El padre de Kevin sintió un golpe en el estómago.

La madre abrió los ojos, incrédula.

El director les había dado la espalda… para siempre.

Sin poder hacer nada, solo les quedó retirarse.

Pero antes de irse, el padre, con la voz rota de frustración, escupió: —Esto no quedará así… director.

Solo espera.

— Mientras tanto, en el hospital, Kevin seguía mirando el techo con los puños apretados.

Aún débil.

Aún adolorido.

Pero más decidido que nunca.

Un murmullo escapó de su boca, como una promesa envenenada: —Solo espera, Adán… cuando me recupere volveré… y te derrotaré… cueste lo que cueste.

Su odio ya tenía forma.

Su objetivo ya estaba marcado.

El tablero se movía… y nadie estaba preparado para lo que vendría.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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