LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 — Sombras que se Mueven
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16: Capítulo 16 — Sombras que se Mueven 16: Capítulo 16 — Sombras que se Mueven En un edificio lujoso, oculto en el corazón político del país, se desarrollaba una reunión privada.
Allí estaban el padre de Albert, uno de los hombres más influyentes del país, y a su lado su investigador personal, un hombre meticuloso, frío y extremadamente detallista.
El ambiente era tenso, pero el padre de Albert mantenía su postura firme y dominante.
—¿Tienes alguna noticia de mi hijo, Albert?
—preguntó con voz grave.
El investigador abrió una carpeta.
—Sí, señor.
—Muy bien, quiero saber —ordenó el padre de Albert.
El investigador continuó: —La empresa de Albert está perdiendo inversionistas rápidamente.
Hace meses que no convoca una reunión, no asiste a eventos, no se mueve… es como si hubiera desaparecido de la actividad empresarial.
El padre de Albert permaneció inmóvil por un instante.
Luego, lentamente, una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.
De pronto, soltó una carcajada potente, profunda.
—Hijo… sé que estás planeando algo.
JAJAJAJAJAJAJA.
Golpeó suavemente la mesa con la palma abierta, satisfecho.
—Muy bien… mantenme informado si empieza a moverse.
—Sí, señor.
—El investigador inclinó la cabeza y la reunión concluyó.
— Mientras tanto, en la escuela… Al terminar las clases, los pasillos se iban vaciando.
Valeria observó a Adán mientras él guardaba sus cosas y salía sin prisa.
Reuniendo valor, se acercó.
—Adán… ¿cuándo empezaremos el trabajo?
—preguntó con voz suave.
Adán ni siquiera se detuvo.
—Luego de clases, ven a mi casa.
Las palabras fueron simples, pero para Valeria significaron el mundo.
—¡Biennn!
Te veré mañana!
—exclamó sin poder contener su alegría.
Adán siguió caminando, indiferente, sin mirar atrás.
— Ese mismo día, al llegar a su hogar, Adán dejó su mochila a un lado y se dirigió directamente al patio.
Se quitó la remera y comenzó su rutina.
Pero esta vez… su entrenamiento era más duro que nunca.
Golpes más rápidos.
Respiración más pesada.
Una mirada más fría.
Porque dentro de él, algo crecía.
Algo oscuro, inevitable… y hambriento.
Y Adán sabía que muy pronto, lo necesitaría.
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