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LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 CAPÍTULO 18 — “La sonrisa que no existió”
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18: CAPÍTULO 18 — “La sonrisa que no existió” 18: CAPÍTULO 18 — “La sonrisa que no existió” La luz gris del amanecer se filtraba apenas por la ventana cuando Adán abrió los ojos.

A su lado, Valeria dormía hecha un ovillito, cubierta hasta la nariz, respirando suave.

La tormenta de la noche anterior aún dejaba un eco distante en el cielo, pero la casa estaba tranquila.

Valeria despertó segundos después, sobresaltada al recordar dónde estaba.

—Ah… buenos días —murmuró, todavía roja por la noche anterior.

Adán simplemente asintió.

Se levantó sin mucho misterio, abrió su ropero y, como si estuviera completamente solo, se quitó la remera para ponerse el uniforme de la escuela.

Valeria, que estaba guardando sus útiles, giró justo en ese preciso instante.

Quedó completamente paralizada.

El físico de Adán era… demasiado.

Los músculos marcados, la espalda ancha, la cintura definida.

Nada que pudiera tener un chico de su edad.

Nada.

—P-pero ¿qué haces, Adán?

—preguntó ella, roja como un tomate, tapándose la cara con ambas manos.

—¿Qué?

Solo me estoy cambiando la remera —respondió él con total tranquilidad.

Valeria bajó las manos muy lentamente, aún aturdida.

—Tu físico… está muy por encima de los chicos de tu edad.

¿Siempre fuiste así?

Adán no respondió, pero por primera vez en mucho tiempo… sonrió, una sonrisa mínima, fugaz, casi inexistente.

Valeria lo vio.

Y explotó.

—¿ACABAS DE SONREÍR?

¡ADÁN, ADÁN, ACABAS DE SONREÍR!

—No —respondió él muy serio—.

Debes comprarte lentes, estás viendo mal.

—¡Qué malo eres!

—protestó ella dándole un golpecito en el brazo, aún toda sonrojada.

Ambos terminaron de alistarse e iniciaron el camino a la escuela.

Caminaban juntos, más cerca que de costumbre, compartiendo silencios que no eran incómodos.

Silencios que decían más de lo que cualquiera de los dos admitía.

— En la escuela — “¿Vinieron juntos?” Apenas cruzaron la puerta, comenzó el murmullo.

—¿Vinieron juntos?

—¿Adán y Valeria… juntos?

—Pero si él nunca va con nadie.

—¿Estuvieron…?

No, no puede ser.

—¡Sí se quedaron juntos, míralos!

—Ay, Dios, qué pareja más rara… pero linda.

Los comentarios crecían como una ola, subiendo de volumen, de intensidad, de malicia curiosa.

Valeria se escondía detrás del cabello, muerta de vergüenza.

Adán, como siempre, impasible.

Pero Camila escuchó todo.

Y su expresión se quebró.

Los ojos se le abrieron tanto que parecía que se le iban a salir.

La respiración se volvió entrecortada y una sombra oscura cruzó su mirada.

—No… no, no, no.

Él es mío —susurró primero.

Luego la voz le tembló, rota por un arranque de celos enloquecido—.

MÍO.

Solo mío.

De nadie más.

Apretaba los dedos como si quisiera desgarrar algo.

Su sonrisa se distorsionó en una mueca inquietante.

—Valeria… te juro que no te lo voy a dejar —murmuró, cada vez más perdida.

— En el aula El profesor Gustavo entró con su carpeta bajo el brazo.

—¡Buen día a todos!

Espero que no me decepcionen con sus trabajos.

Pongan todo el empeño, ¿entendido?

Uno a uno los grupos fueron pasando.

Algunos trabajos eran buenos, otros muy flojos; el profesor tomaba nota sin cambiar de expresión.

Hasta que llegó el turno de Adán y Valeria.

Ambos se pusieron de pie.

Valeria tragó saliva.

Adán, en cambio, mantenía la misma calma inquebrantable de siempre.

— Exposición — “Las injusticias del país” Valeria comenzó: —Nuestro trabajo trata sobre las injusticias presentes en nuestra sociedad y cómo las leyes, en muchos casos, protegen a los corruptos por encima de las víctimas.

Adán tomó el control con un tono firme, seguro, completamente diferente al chico callado que todos conocían: —Analizamos casos reales donde personas con poder económico o político fueron protegidas por vacíos legales, conexiones o influencias.

Existen leyes que, aunque escritas para garantizar derechos, han sido utilizadas para esconder delitos, manipular juicios o retrasar condenas… hasta que pierden sentido.

Los compañeros murmuraban sorprendidos.

Adán continuó: —En contraste, las víctimas —especialmente las de clases bajas— enfrentan procesos largos, costosos y llenos de trabas.

La justicia debería ser igual para todos, pero en la práctica, termina siendo un privilegio.

Valeria agregó: —Queremos mostrar cómo estas situaciones generan desconfianza en el sistema y aumentan la desigualdad.

Porque cuando la corrupción tiene protección, la gente honesta queda expuesta.

El salón quedó en silencio.

Incluso el profesor Gustavo, conocido por ser estricto y difícil de impresionar, levantó una ceja… sorprendido.

—Muy buen trabajo —dijo finalmente—.

Claridad, evidencia y un análisis crítico.

Felicitaciones.

Valeria sonrió orgullosa.

Adán solo inclinó la cabeza, aunque una chispa diferente brilló en sus ojos.

Y desde el fondo del aula… Camila los miraba con una sonrisa torcida, completamente silenciosa.

Algo se había roto en ella.

Algo que no iba a volver a su lugar…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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