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LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 — El Tablero Empieza a Calentarse
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19: Capítulo 19 — El Tablero Empieza a Calentarse 19: Capítulo 19 — El Tablero Empieza a Calentarse Pasaron unas pocas semanas.

El ambiente de la escuela parecía el mismo… pero Adán no.

Su físico había mejorado aún más: músculos más definidos, postura firme, mirada afilada.

Cada día que pasaba, su presencia se hacía más intensa.

Valeria también había cambiado.

Brillaba más que nunca.

Sus compañeros la veían distinta: más segura, más radiante, más conectada a Adán… aunque ella intentaba disimularlo.

Y mientras todo seguía su curso, un rumor recorría los pasillos: —Kevin ya casi vuelve… —susurraban.

En la cima del edificio de cuarto año, los Cinco Soberanos observaban a lo lejos.

—Pronto regresará —dijo Nikolai, cruzado de brazos—.

Cuando eso pase, sabremos qué ocurrió realmente.

Los demás asentían, ansiosos y tensos.

— Cuando terminó ese día de clases, Adán se dirigió a su reunión con Albert.

Albert lo esperaba eufórico, sin poder ocultar la emoción.

—Genio… ¡no lo puedo creer!

—decía casi temblando—.

Hemos crecido demasiado en tan poco tiempo.

¡Demasiado!

Adán lo miró con calma.

—Dime cuánto acumulamos.

Albert respiró hondo.

—Po-poco más de… cien millones de dólares.

Adán asintió sin sorpresa.

—Perfecto.

Ahora gastaremos algo de dinero.

—Sí, sí, claro.

¿En qué lo invertiremos ahora?

—preguntó Albert con los ojos brillando.

Adán empezó a marcar el rumbo: —Primero: destinaremos varios millones a caridad.

Tu imagen pública es clave.

Si la gente ve que tienes dinero para donar… creerán que tienes incluso más.

Y atraerás inversionistas.

Segundo: comprarás una casa para mis padres.

Y tercero… mantente alerta.

Muy pronto el tablero empezará a calentarse.

Albert lo escuchaba como si recibiera órdenes de un dios.

—E-entendido.

Haré absolutamente todo… todo —respondió con devoción.

— Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, la atmósfera era muy distinta.

En una casa oscura, apenas iluminada por una lámpara vieja, los padres de Kevin terminaban de planificar su próximo movimiento.

—Ese mocoso… —dijo el padre, apretando los puños—.

A Kevin casi lo mata.

Esto no quedará así.

La madre sonrió con una frialdad que no parecía humana.

—La justicia no nos hará nada.

Aunque encuentren pruebas… jamás se atreverán a tocarnos.

—Exacto —añadió él—.

Nosotros tenemos amigos importantes.

Políticos que nos deben favores.

Y uno de los más cercanos… ya sabes quién es.

La madre inclinó la cabeza con orgullo siniestro.

—Aurelio Reyes.

El padre sonrió.

—El Tiburón Blanco.

El hermano mayor de Albert.

Ambos se miraron con una mezcla de locura y seguridad total.

—Prenderemos fuego la casa de ese chico —dijo la madre finalmente—.

Y cuando ocurra, nadie podrá culparnos.

La lluvia empezó a caer afuera, como si el cielo supiera lo que estaban por hacer.

El tablero, tal como dijo Adán… estaba empezando a calentarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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