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LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 — El lobo sacia su hambre
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21: Capítulo 21 — El lobo sacia su hambre 21: Capítulo 21 — El lobo sacia su hambre Adán mantuvo la mirada fija en Kevin.

Una mirada fría, feroz… inhumana.

Kevin tragó saliva; ese no era el mismo chico con el que había intentado meterse meses atrás.

Ese era otra cosa.

Adán habló con una calma que helaba la sangre.

—Te anhelaba, Kevin.

Pero ahora… eres solo basura.

Ya no eres nada.

Solo un juguete.

Mírate… un idiota inútil.

Cada palabra perforó la mente de Kevin como si fuesen agujas ardientes.

Algo se quebró dentro de él.

El miedo desapareció, sustituido por una rabia desesperada.

Gritó y corrió a toda velocidad hacia Adán, decidido a destrozarlo, a matarlo si hacía falta.

Pero apenas estuvo a un paso de él… PUM.

Un solo puño.

Sencillo, directo, perfecto.

El golpe de Adán atrapó el impulso de Kevin y lo redirigió hacia el suelo como si su cuerpo fuese un misil guiado.

Kevin chocó contra el piso con la cara deformada por el impacto y la mano de Adán aún sostenida en su rostro.

Un chorro de sangre salpicó el suelo.

La nariz de Kevin quedó destruida, torcida, hecha trizas.

—AAAAHHHHHHH— El grito de dolor fue desgarrador.

Adán lo observó sin emoción alguna.

Ni pena.

Ni furia.

Ni siquiera diversión.

Solo aburrimiento.

—Patético —murmuró.

Sin darle tiempo a respirar, Adán levantó la pierna y ¡CRACK!

lanzó una patada brutal al rostro de Kevin, que quedó completamente noqueado, tirado como un muñeco roto.

Rei, aún tirado en el piso a unos metros, observó toda la escena temblando.

No de miedo… Sino porque acababa de comprender algo: Adán no era humano.

Era un monstruo disfrazado de estudiante.

Adán se dio media vuelta sin mirar atrás.

— Afuera del edificio Valeria estaba esperando, mirando hacia la puerta con las manos apretadas.

Había ignorado a todos, incluso al profesor Gustavo.

Solo quería verlo salir.

Cuando Adán apareció, intacto, sin una sola marca, Valeria corrió hacia él.

—¡Adán!

¿Estás bien?

¡Tenía un mal presentimiento, pensé que…!

Él la miró apenas un instante.

—No era nada.

Pasó caminando como si la pelea hubiese sido tan irrelevante como respirar.

Valeria lo siguió con la mirada, sin saber si alegrarse o temer.

— El siguiente día Adán no fue a la escuela.

Sus compañeros inventaron mil rumores.

Valeria se preocupó más que nadie.

Pero Adán tenía otros asuntos importantes que atender.

Estaba parado frente a su casa con sus padres.

Varias cajas estaban apiladas en la entrada.

—Adán… —dijo su madre, confundida— ¿por qué estamos empacando?

Adán respondió con calma: —Nos mudamos a una casa nueva.

Mucho mejor.

—¿QUÉ?

—preguntó su padre, sorprendido— ¿Pero de dónde…?

Su madre dio un paso adelante, claramente preocupada.

—Adán… ¿cómo conseguiste una casa?

Él no dudó.

—Trabajando.

Entré a una empresa hace unas semanas y he estado ahorrando.

No quiero ser una carga para ustedes.

Sé cuánto se esfuerzan.

Los padres se quedaron en silencio.

Orgullosos.

Aliviados.

Y con un nudo de nostalgia al mirar la vieja casa donde habían visto crecer a su hijo.

Nada de lo que Adán dijo estaba tan lejos de la verdad… Pero tampoco era la verdad completa.

Días atrás, él y Albert habían discutido cuidadosamente cómo cubrir la compra de la casa sin levantar sospechas.

La excusa del trabajo fue la más sólida.

Perfecta.

Imposible de refutar.

—Si eso es lo que quieres, hijo… —dijo su madre, abrazándolo— entonces te apoyamos.

—Estamos orgullosos —agregó su padre.

Y así, con cajas en mano y un silencio cargado de emoción, se despidieron del hogar que había sido suyo durante tantos años.

Sin saber que su hijo… ya había comenzado a moverse en un mundo muchísimo más oscuro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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