LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 — Nacimiento del odio
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28: Capítulo 28 — Nacimiento del odio 28: Capítulo 28 — Nacimiento del odio Las luces del hospital eran frías y silenciosas.
Kevin estaba sentado en la cama, con la nariz vendada y todavía adolorido por la golpiza que Adán le había dado días atrás.
Intentaba dormir… pero algo en el ambiente se sentía extraño.
De pronto, entraron dos enfermeras, con expresiones tensas.
—Kevin… necesitamos hablar contigo —dijo una de ellas con voz suave.
Él levantó la mirada, confundido.
—¿Qué pasa?
Las enfermeras se miraron entre sí.
Y entonces llegó la frase que destrozó su mundo.
—Kevin… tus padres fueron encontrados muertos.
Todo el aire se le escapó del pecho.
Un temblor cruzó su cuerpo.
Y, como si algo en su interior se quebrara al mismo tiempo, rompió a llorar de la forma más desesperada que había llorado en toda su vida.
—N-no… n-no… ¡NO!
—gritaba mientras las lágrimas caían sin control— ¡Es culpa de Adán!
¡ÉL arruinó mi vida!
¡ÉL lo hizo!
¡TODO ES CULPA DE ADÁN!
La habitación quedó en silencio.
Hasta que alguien abrió la puerta.
— Un joven entró.
De la misma edad que Kevin.
Rostro sereno.
Ropa completamente blanca.
Y un collar con una cruz plateada colgando en su pecho.
La presencia era extraña… casi solemne.
—¿Quién eres tú?
—escupió Kevin entre lágrimas.
El chico se acercó con calma.
—Soy un enviado de la Santa Iglesia.
Vengo a ayudarte.
Dime lo que ocurrió.
Kevin lo miró con desesperación, como si hubiera encontrado a alguien al fin dispuesto a escucharlo.
—Fue Adán… ¡ÉL mató a mis padres!
¡ÉL destruyó mi vida!
¡Lo juro!
El joven entrecerró los ojos.
No necesitaba escuchar más.
La Santa Iglesia ya tenía su nuevo objetivo.
—Entiendo.
Entonces… la Santa Iglesia se encargará de él.
Una sonrisa casi imperceptible cruzó su rostro.
— **Mientras tanto… Adán se despedía de sus padres antes de ir a reunirse con Albert.** —Vuelvo en unas horas —dijo con su tono sereno de siempre.
Cerró la puerta de su casa mientras el cielo ya comenzaba a oscurecer.
Al llegar a la oficina de Albert, lo encontró viendo documentos, absorto.
—Llegaste —dijo Albert levantándose.
Ambos se sentaron y comenzaron a hablar sobre lo sucedido.
Albert escuchaba con atención, el ceño fruncido.
—Entiendo… pero dime, Adán… ¿qué haremos ahora?
Los movimientos son demasiado visibles.
Los inversionistas ya están presionando… y ahora el gobierno también.
Adán cruzó los brazos, analizando cada dato con frialdad.
—Los inversionistas tienen un ojo fijo sobre vos.
Y el gobierno pronto querrá ponerte trabas.
No solo por el dinero que acumulamos con Bitcoin, sino por el crecimiento de tu empresa.
Albert apretó la mandíbula.
—Entonces… ¿qué proponés?
Adán lo miró directamente a los ojos.
—Solicitá una reunión con todos los inversionistas.
Vamos a destinar fondos, pero no cualquier fondo.
Vamos a hacer algo que fortalezca tu imagen, que haga crecer la empresa, y que hasta el gobierno tenga que aprobar… aunque no quieran.
Albert se inclinó hacia adelante, interesado.
—¿Y qué proponemos?
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