LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 CAPÍTULO 3 - EL PRIMER MOVIMIENTO DEL JUGADOR
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3: CAPÍTULO 3 – “EL PRIMER MOVIMIENTO DEL JUGADOR” 3: CAPÍTULO 3 – “EL PRIMER MOVIMIENTO DEL JUGADOR” El espejo devolvía un reflejo distinto.
No era el mismo chico roto de antes.
En un solo mes, su cuerpo había cambiado: los hombros más firmes, los brazos más definidos, la mirada más fría.
Adan se observó en silencio… y sonrió.
No una sonrisa amable.
Una sonrisa afilada, peligrosa, como un cuchillo recién sacado del fuego.
Mientras caminaba hacia el parque para entrenar como cada mañana, una idea le recorría la mente una y otra vez: “Este año… todos pagarán.” El recuerdo de los bullies lo acompañaba como un eco.
Sus risas.
Sus insultos.
La impotencia.
Pero esta vez no sería la presa.
Ahora era el cazador.
Durante días corrió, golpeó, planificó y dejó que su odio se afilara como una espada.
Y mientras entrenaba, una sonrisa maliciosa se dibujaba en su rostro, llena de pensamientos que podían quemar el mundo entero.
Pero había un problema.
Un plan de venganza tan grande no se sostenía solo con fuerza física.
Necesitaba dinero.
Necesitaba recursos.
Y sobre todo… necesitaba que sus padres no sospecharan nada.
Adan no tenía cómo costear nada de lo que necesitaba.
Su familia apenas llegaba a fin de mes.
“Entonces buscaré apoyo en otra parte”, pensó.
Y en ese momento, recordó a alguien.
Albert.
Un empresario millonario, dueño de una empresa mediana conocida en la ciudad.
Alguien fácil de manipular… si sabías por dónde entrar.
La idea tomó forma de inmediato.
Perfecta, fría.
Como todas las ideas que nacen del odio.
Esa tarde, Adan salió de casa diciendo: —Voy a entrenar.
Pero no iba al parque.
Iba a la empresa de Albert.
Subió al transporte público.
Bajó frente al enorme edificio.
Caminó hacia la entrada sin dudar.
El guardia de seguridad lo detuvo.
—¿Buscás a alguien?
—Vengo a ver a Albert —respondió Adan con la voz firme.
El guardia se rió.
Una carcajada completa.
—Volvé a tu casa, nene.
Ese tipo no recibe a cualquiera.
Pero Adan no se inmutó.
Había previsto esa reacción.
Una semana antes, cuando decidió su plan, sabía que no lo dejarían pasar.
Así que investigó.
Siguió al guardia después de su turno.
Revisó con quién se veía, dónde vivía, qué hacía.
Buscó un punto débil.
Y lo encontró.
El guardia tenía una amante.
Adan registró todo: fotos, videos, ubicaciones.
Y luego… las envió al correo personal del guardia sin mensaje alguno.
Solo las imágenes.
Volviendo al presente, Adan levantó la mirada y dijo con calma: —¿Te gustaron las fotos?
La cara del guardia palideció de inmediato.
—¿Q-qué…?
¿Cómo las—?
Adan dio un paso adelante, su voz ahora gélida: —Dejame pasar… o tu vida se derrumba hoy mismo.
El guardia tragó saliva.
Miró a los lados.
Y abrió la puerta sin decir palabra.
Adan sonrió levemente.
“Nadie está por encima de mí.
Yo muevo las piezas.” Caminó por el pasillo como si conociera ese lugar desde siempre.
Tomó el ascensor.
Presionó el botón del último piso.
Cuando las puertas se abrieron, se encontró frente a la oficina más importante del edificio.
La del hombre al que pensaba manipular.
La puerta decía: ALBERT – Director General Adan levantó la mano… …y golpeó.
Su juego acababa de comenzar.
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