LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 — Bajo la Lluvia el Prodigio Cae
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30: Capítulo 30 — Bajo la Lluvia, el Prodigio Cae 30: Capítulo 30 — Bajo la Lluvia, el Prodigio Cae La lluvia caía con violencia, empapando el asfalto y apagando cualquier sonido ajeno a la respiración de ambos.
No hubo cuenta regresiva.
No hubo palabras.
Adán fue el primero en moverse.
En un instante, su cuerpo desapareció del lugar donde estaba y apareció frente a Tadeo.
Un puño directo, limpio, brutal, se hundió en el estómago del prodigio de la Santa Iglesia.
—¡GH…!
El aire abandonó los pulmones de Tadeo como si se los hubieran arrancado.
Su cuerpo se dobló levemente y retrocedió varios pasos, los pies deslizándose sobre el suelo mojado.
Tadeo alzó la mirada, los ojos abiertos de par en par.
¿Qué… fue eso…?
No era solo fuerza.
Era densidad, era peso, era como si ese puño cargara algo más que músculo.
Sin tiempo para pensar, Tadeo respondió.
Giró la cadera y lanzó una patada lateral, rápida, precisa, apuntando al torso.
Adán levantó el brazo.
El impacto chocó contra su antebrazo con un sonido seco.
—Tsk… La patada había sido perfecta.
Pero Adán ni siquiera se movió.
En el siguiente segundo, Adán corrió.
No fue un avance normal.
Fue una explosión.
El agua saltó detrás de él mientras cerraba la distancia en un parpadeo.
Tadeo reaccionó por instinto y lanzó otra patada, esta vez directa a la cara.
Adán se deslizó hacia abajo, rozando el suelo mojado, pasando bajo la pierna como una sombra… y desde esa posición, giró el torso y conectó un puño directo al rostro de Tadeo.
—¡GHK!
La cabeza del prodigio se sacudió violentamente hacia un costado.
Su visión se nubló, el mundo giró durante un segundo eterno.
Pero Tadeo no cayó.
Apretó los dientes, retrocedió un paso y levantó la guardia.
—…No… Lanzó una ráfaga de cinco golpes, todos dirigidos al rostro de Adán.
Rápidos.
Técnicos.
Mortales.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Adán los esquivó todos.
Sin esfuerzo.
Sin apuro.
Como si supiera exactamente dónde estaría cada golpe antes de que naciera.
Tadeo sentía cómo su respiración se volvía pesada.
No puede ser… Adán levantó la pierna.
Una patada directa a la cara.
Tadeo levantó ambos brazos para cubrirse, concentrando toda su defensa arriba.
Pero en ese instante— La patada fue solo una sombra.
Adán cambió el movimiento en pleno aire.
El giro se cerró.
El cuerpo descendió.
Y entonces— Un golpe seco, brutal, sin piedad, se hundió de lleno en el estómago de Tadeo.
—¡¡GHAAAA!!
El impacto fue devastador.
No hubo bloqueo.
No hubo margen de reacción.
El cuerpo de Tadeo se dobló como si hubiera sido atravesado por un martillo invisible.
Sus rodillas golpearon el suelo mojado.
La lluvia caía sobre su espalda mientras jadeaba, la boca abierta, incapaz de respirar bien.
El dolor no era solo físico.
Era humillante.
Adán permanecía de pie frente a él, intacto, respirando con calma.
Tadeo temblaba.
Sus manos se clavaron en el asfalto.
—No… —murmuró, la voz quebrada—.
No puedo… Alzó la cabeza, los ojos encendidos de desesperación y rabia.
—¡NO PUEDO PERDER!
—¡TENGO QUE VOLVER… TENGO QUE VENGARME!
—¡¡NO PUEDO TERMINAR ASÍ!!
La lluvia cubría sus gritos.
Y frente a él, el verdadero monstruo seguía en pie.
Observándolo.
Esperando.
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