LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 48
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48: Capítulo 48 — Vestiduras blancas 48: Capítulo 48 — Vestiduras blancas Las clases llegaron a su fin.
El bullicio habitual llenó los pasillos mientras los alumnos comenzaban a marcharse.
En la salida, Valeria se acercó a Adán con una sonrisa suave, aunque en sus ojos había algo de inquietud.
—Ve con cuidado —le dijo.
Adán la miró un instante y asintió.
—Tú también.
Nada más.
Pero en ese breve intercambio hubo algo distinto, como si ambos sintieran que el aire estaba más pesado de lo normal.
Un poco más atrás, Tadeo observó la escena.
Luego sonrió levemente hacia Adán.
Adán giró la cabeza apenas lo suficiente.
—Ya vete.
Tadeo entendió de inmediato.
Sin decir nada, siguió su ruta de siempre, alejándose de la escuela.
No habían pasado ni dos cuadras cuando lo sintió.
No fue un sonido.
No fue una sombra.
Fue una presencia.
Tadeo redujo el paso, sin detenerse.
Su respiración se volvió controlada.
Sabía perfectamente cuándo alguien lo seguía… y esto no era cualquiera.
A lo lejos, entre la neblina que aún no se disipaba, apareció una silueta.
Alta.
Imponente.
Vestida con un traje blanco impecable, tan limpio que parecía fuera de lugar en aquella calle gris.
El corazón de Tadeo se tensó.
—…Así que ya me encontraron —pensó.
No necesitó ver su rostro.
Esa vestimenta.
Esa presión en el ambiente.
La Santa Iglesia.
El hombre avanzaba con pasos tranquilos, seguros, como si no tuviera prisa alguna.
Cada paso parecía marcar el territorio.
Tadeo se detuvo.
Giró lentamente y lo enfrentó.
Sus dedos se cerraron alrededor del relicario.
La cadena tintineó suavemente mientras la deslizaba entre sus manos.
Sabía la verdad.
No tenía oportunidad.
No contra alguien así.
Pero aun así… No retrocedería.
—Aunque tenga que morir aquí… —murmuró— lo daré todo.
El hombre de blanco se detuvo a unos metros.
No adoptó postura de combate.
No habló.
Solo lo observó.
Eso fue suficiente.
Tadeo se puso en guardia, su cuerpo tenso, su mirada firme.
La neblina los envolvió.
Y sin una sola palabra más… la pelea comenzó.
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