LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 50
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Capítulo 50: Capitulo 50 — El lobo desatado
La neblina seguía cubriéndolo todo, espesa, opresiva.
Amadeus estaba de pie, erguido, respirando con calma frente a Tadeo.
Tadeo, en cambio, apenas podía sostenerse: arrodillado, una mano apoyada en el suelo, la otra temblando. Su sangre se mezclaba con el pavimento húmedo.
No había escapatoria.
No había testigos.
Solo silencio.
Entonces…
A lo lejos, pasos.
No eran normales.
Eran rápidos. Violentos. Desesperados.
El aire mismo pareció tensarse.
Las agujas invisibles del tiempo comenzaron a moverse más lento.
Tadeo lo sintió primero.
Ese aura.
Y sonrió.
Amadeus frunció el ceño apenas un segundo, lo justo para sentirlo…
y en ese mismo instante—
¡ADÁN!
Una figura atravesó la neblina a toda velocidad.
Amadeus no tuvo tiempo de reaccionar.
Adán giró todo su torso, concentrando cada músculo, cada rabia, cada latido, y lanzó un golpe mortal.
CRACK.
El impacto dio de lleno en el rostro de Amadeus.
El sonido fue seco. Horrible.
La mandíbula se quebró, torciéndose de forma antinatural, y el cuerpo de Amadeus salió despedido varios metros, rodando violentamente contra el suelo… pero no se detuvo ahí.
Adán ya estaba encima de él.
Sin darle respiro, cargó otra vez a toda velocidad, sujetó su cabeza con ambas manos y lo estampó brutalmente contra la pared de una casa cercana.
¡BAM!
La pared se resquebrajó.
La cara de Amadeus quedó irreconocible:
la nariz destruida, la boca abierta y partida, los dientes manchados de sangre. Apenas podía emitir sonidos ahogados.
Adán lo sostuvo de la cabeza, levantándolo apenas del suelo.
—¿Quién mierda te creés…? —gruñó, con la voz baja y cargada de odio—. Te vi. Te sentí.
Hizo fuerza, hundiendo más sus dedos.
—Y aun así… te atreviste a aparecer frente a mí.
Los ojos de Amadeus se llenaron de terror.
Su voz salió rota, suplicante.
—P-por favor… no… —balbuceó—. Haré lo que quieras… traicionaré a la Santa Iglesia… lo siento… ¡lo siento!
Nada.
Ni una duda.
Ni un titubeo.
Los ojos de Adán eran los de un lobo acorralado… y furioso.
—No es suficiente.
Adán deslizó su mano hasta el cuello de Amadeus y apretó.
Amadeus intentó resistirse, pataleó débilmente, con lágrimas mezclándose con la sangre.
—P-por favor… nooo…
CRACK.
Un movimiento seco. Preciso.
El cuello se rompió sin resistencia.
El cuerpo de Amadeus cayó inerte al suelo, perdiéndose entre la neblina.
Silencio.
Solo entonces Adán giró la cabeza hacia Tadeo.
Tadeo, aún de rodillas, lo miraba… impresionado.
Había visto muchas cosas.
Pero eso…
Eso era el verdadero lobo.
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