LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 51
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Capítulo 51: Capítulo 51 — El traje blanco manchado de sangre
El cuerpo de Amadeus yacía destruido contra el suelo, torcido de una forma antinatural, irreconocible. La sangre se mezclaba con la neblina húmeda, formando pequeños charcos oscuros que parecían absorber la luz. No había honor. No había gloria. Solo el resultado de haber provocado al lobo.
A unos metros, Tadeo, cubierto de golpes y sangre, apenas lograba mantenerse de rodillas. Respiraba con dificultad, pero aun así… sonreía. Sabía que seguía vivo. Sabía quién había llegado.
En contraste absoluto, Adán permanecía de pie, sereno. Su respiración era estable, su postura firme. No había rastro de cansancio. El lobo ya había mordido… y ahora observaba.
Entonces, Adán giró levemente el rostro.
No fue una mirada cualquiera.
Fue una mirada que atravesó la neblina, que perforó la distancia, que señaló a alguien que creía estar oculto.
—…Ven —dijo con voz baja, fría—.
O iré hacia ti.
El silencio se quebró.
Desde entre la bruma emergió una figura: un hombre de abrigo oscuro, mirada cansada pero firme. Roldán. El investigador a cargo del asesinato de los padres de Kevin.
Adán no se movió.
Roldán sí.
Dio unos pasos al frente y, al llegar a una distancia prudente, levantó ambas manos, dejando claro que no llevaba intención de luchar. Sabía perfectamente que, ante ese monstruo, un solo error significaba la muerte.
Roldán tragó saliva… y luego hizo algo inesperado.
Se inclinó.
Una reverencia sincera, profunda, sin orgullo.
—No soy tu enemigo —dijo con voz grave—. Y no pretendo serlo jamás.
Adán lo observaba sin parpadear.
—He visto cosas —continuó Roldán—. He seguido pistas que nadie más quiso tocar. Mentiras, encubrimientos… y cuerpos que el sistema decidió olvidar.
—Hizo una pausa—. Yo busco justicia. Justicia real.
Levantó la mirada, sosteniendo los ojos de Adán.
—Y sé… que a tu lado, eso es posible.
El viento movió la neblina.
Tadeo observaba en silencio, aún de rodillas.
—Permítame estar a tu lado, Adán —dijo Roldán—. No como un superior. No como un juez.
—Apretó los dientes—. Sino como alguien dispuesto a ensuciarse las manos… para que la verdad se cumpla.
El lobo guardó silencio.
La noche contuvo el aliento.
Porque en ese instante, no era Roldán quien estaba siendo evaluado…
era el mundo el que estaba a punto de cambiar, dependiendo de la respuesta de Adán.
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