LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 52
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Capítulo 52: Capitulo 52 — La ira de la Santa Iglesia
Adán sostuvo la mirada de Roldán durante largos segundos.
No había ira. No había duda.
Solo una evaluación fría, como si estuviera decidiendo si una pieza merecía existir en su tablero.
Finalmente, habló:
—Quédate.
Una sola palabra.
Pero para Roldán, fue un veredicto que le cambió la vida.
El investigador inclinó la cabeza con respeto, aliviado, y habló de inmediato:
—Kevin ya no es un problema. Lo envié muy lejos, a casa de unos familiares. Nadie podrá encontrarlo… ni usarlo.
Adán no respondió.
El nombre Kevin ya no significaba nada. Era un asunto terminado.
Sin decir una palabra más, Adán se acercó a Tadeo, lo sujetó con firmeza antes de que su cuerpo cediera por completo, y juntos desaparecieron entre la neblina.
Esa noche, el lobo volvió a esconder los colmillos.
Pero el mundo ya había sido marcado.
Al día siguiente…
Las pantallas de televisión estallaron con la noticia.
—“Un hombre vestido con un traje blanco fue encontrado muerto esta madrugada en plena vía pública” —informó una periodista, visiblemente alterada—.
—“Según el informe forense, el rostro de la víctima está completamente destruido”.
Las imágenes mostraban la escena acordonada.
—“Los peritos afirman que hubo una pelea extremadamente violenta. Una de las paredes de una vivienda cercana presenta marcas profundas, como si algo… o alguien… hubiera sido estampado contra ella con una fuerza inhumana”.
El periodista tragó saliva antes de continuar.
—“No sabemos qué clase de persona pudo haber hecho esto, pero lo que sí podemos decir… es que fue algo macabro. Nunca antes visto”.
La ciudad entera escuchaba en silencio.
Mientras tanto… en la Santa Iglesia.
Las campanas internas habían llamado a junta urgente.
En el enorme edificio de piedra blanca, los cinco directivos se reunían junto a los mejores guerreros de la Santa Iglesia.
Nadie hablaba.
La atmósfera era irrespirable.
El padre de Kevin fue el primero en romper el silencio, golpeando la mesa con furia:
—¿¡UN CLAN!? —rugió—. ¿¡ES ESO!?
—¿¡CÓMO ES POSIBLE QUE ALGUIEN SE ATREVA A IR CONTRA NOSOTROS OTRA VEZ!?
Los guerreros permanecían inmóviles.
Ni una respiración fuera de lugar.
Entonces…
el primer ejecutivo levantó la mano.
El silencio fue absoluto.
Sus dedos temblaban. No de miedo… sino de rabia contenida.
Apretó los dientes y, sin previo aviso, golpeó la mesa con tal fuerza que la madera se partió en dos.
—No sé quién es —dijo con voz baja y cargada de odio—.
—No sé de dónde viene.
Alzó la mirada, una por una, hacia todas las personas presentes.
—Pero lo que sí sé… es que tenemos que matarlo ya.
La guerra acababa de comenzar.
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