LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 56
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Capítulo 56: Capitulo 56 — Volverse más fuerte
Pasaron los días.
Tadeo finalmente regresó a la escuela. Caminaba por los pasillos como siempre, pero Adán lo notó de inmediato: la cabeza baja, la mirada apagada, los pasos más pesados de lo normal.
Ya no era el prodigio altivo de antes… era alguien que había probado la derrota de frente.
Las clases terminaron y, a la salida, Adán se detuvo a su lado. No hizo falta preguntar nada.
Adán lo entendió todo con solo mirarlo.
—Te sientes débil —dijo Adán, directo, sin rodeos.
Tadeo apretó los puños, pero no respondió.
Adán dio un paso más cerca y agregó, con una calma firme:
—Te volveré más fuerte.
A partir de mañana… entrenaremos juntos.
Tadeo levantó la vista de golpe. Sus ojos, cansados, brillaron por primera vez en días.
—¿De verdad…?
—Sí —respondió Adán—. No volverás a caer así.
Tadeo sonrió, una sonrisa sincera, casi infantil.
—Muchas gracias, Adán.
Y así, al día siguiente, comenzaron los entrenamientos.
No como alumnos.
No como amigos.
Sino como dos personas caminando hacia algo mucho más grande.
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad…
En la oficina del gobernador, el ambiente era tenso. El gobernador estaba sentado al centro de la mesa, rodeado de varios diputados y asesores. Carpetas, informes y gráficos cubrían la superficie.
—El proyecto de Albert Reyes está creciendo demasiado rápido —dijo uno de los diputados—. La gente lo apoya… y eso nos deja mal parados.
—Y no olviden la llamada de Aurelio —agregó otro—. Está furioso. Dice que su hermano se está quedando con todo el reconocimiento.
El gobernador cruzó los dedos, pensativo.
—No podemos atacarlo de frente —dijo—. Si lo hacemos, la opinión pública nos va a destrozar.
Uno de los asesores levantó la voz:
—Entonces presionémoslo por donde duele…
—¿Impuestos? —preguntó un diputado.
—Exacto.
El gobernador esbozó una sonrisa fría.
—Auditorías fiscales extraordinarias.
Revisión de capitales extranjeros.
Nuevos impuestos “temporales” a proyectos de infraestructura privada.
Y controles ambientales que retrasen las obras.
—Pero todo eso es legal —dijo alguien.
—Por supuesto —respondió el gobernador—. No estamos atacándolo… solo “regulándolo”.
Hubo un breve silencio.
—Si Albert quiere seguir creciendo —continuó el gobernador—, va a tener que sentarse a negociar.
Y si no lo hace… sus proyectos empezarán a ahogarse lentamente.
Las miradas se cruzaron alrededor de la mesa.
La presión ya había comenzado.
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