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LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 58

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Capítulo 58: Capitulo 58 — La víspera del juicio

El tiempo pasó sin que nadie lo notara.

Y cuando el sol volvió a caer una vez más, solo faltaba un día para el ataque a la Santa Iglesia.

El aire estaba pesado.

Adán se detuvo frente a Tadeo… y sin aviso alguno, atacó.

El golpe fue brutal.

Tadeo apenas logró levantar los brazos a tiempo; el impacto lo empujó varios pasos hacia atrás, haciendo crujir sus músculos. Adán observó la reacción… y sonrió.

—Bien —dijo—. Bien, Tadeo.

Apretando los dientes, Tadeo contraatacó con un golpe directo al estómago. Pero Adán ya no estaba allí. Saltó con una ligereza antinatural y, en el aire, lanzó una patada descendente.

El impacto mandó a Tadeo volando.

Su cuerpo chocó contra el suelo, levantando polvo. Sin perder un segundo, se impulsó y volvió a ponerse de pie. Corrió hacia Adán y lanzó una patada con toda su fuerza… pero golpeó el vacío.

Adán respondió al instante.

Ambos lanzaron una patada al mismo tiempo.

El choque resonó como un trueno.

Pero la diferencia fue clara.

La patada de Adán superó a la de Tadeo y lo envió por los aires una vez más. Tadeo rodó por el suelo y quedó de rodillas, respirando con dificultad. Sus piernas temblaban, su visión se nublaba… aun así, intentó levantarse.

Adán caminó hacia él con calma.

Se detuvo frente a Tadeo y le extendió la mano.

—Has progresado mucho, Tadeo.

Tadeo tomó la mano, sorprendido.

Adán lo ayudó a levantarse… y luego se dio la vuelta.

Sin decir nada más, se fue.

Porque el entrenamiento había terminado.

Y lo que venía después… ya no era práctica.

En otra parte de la ciudad, Albert estaba de pie frente a una larga mesa, rodeado por sus inversionistas. El ambiente era tenso.

—¡Esto es inaceptable! —reclamó uno—. El gobernador nos está hundiendo con sus impuestos y sus investigaciones.

Albert levantó una mano, pidiendo silencio.

—No se preocupen —dijo con una sonrisa tranquila—. Mañana hablaré en televisión.

Las miradas se clavaron en él.

—Expondré públicamente cada movimiento del gobernador —continuó—. Cuando la gente escuche esto, su reputación quedará destruida. La presión será tan grande… que no le quedará otra opción que retirar todo lo que me impuso.

Se apoyó en la mesa, seguro.

—Este proyecto da trabajo, progreso y esperanza. La gente de esta ciudad me ama.

Alzó la mirada, con una sonrisa más oscura.

—¿Y qué creen que pasaría si alguien me tocara?

El silencio fue absoluto.

Albert rió suavemente.

—Estarían furiosos.

Su sonrisa se ensanchó aún más.

—Así que, señor gobernador… si así quieres jugar —dijo, casi en un susurro—, juguemos.

El tablero estaba listo.

Las piezas en movimiento.

Y el día siguiente… lo cambiaría todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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