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LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 76

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Capítulo 76: Capitulo 76 — El viaje que se aproxima

El sábado amaneció con una calma engañosa. Para la mayoría, el fin de semana era un refugio para el descanso, pero para Adán el tiempo era un recurso que se agotaba. Se reunió con Albert en un lugar discreto.

—Lo encontré —dijo Albert, yendo directo al grano—. Pero es un hombre de condiciones. No vendrá a nosotros; quiere que vayamos a su terreno.

—¿Dónde vive? —preguntó Adán, con la voz plana, sin rastro de duda.

—Brasil —Albert hizo una pausa, observando la reacción de su líder—. Es un mundo distinto, Adán. Un lugar donde la cultura vibra y la gente vive entre fiestas y música. Un contraste casi irreal comparado con la corrupción gris que respiramos aquí cada día.

Adán clavó la vista en un punto lejano.

—Brasil… —susurró—. Bien. Iremos.

—Mañana a primera hora —confirmó Albert—. Sacaré los pasajes para el domingo.

El silencio se instaló entre ambos. Adán pensó en el lunes escolar, en Valeria y en el rostro de sus padres. No quería que el peso de sus decisiones cayera sobre ellos.

—Tengo que hablar con mis padres. No pueden sospechar nada de esto.

—Diles que es un viaje de trabajo conmigo —sugirió Albert—. Una oportunidad que no puedes rechazar.

Adán asintió. Era una mentira necesaria para proteger su inocencia.

El Refugio de los Guerreros

Mientras tanto, en el antiguo edificio de la iglesia, el aire estaba saturado de sudor y esfuerzo. Los guerreros de Adán no conocían el descanso; llevaban una hora de entrenamiento ininterrumpido cuando la puerta principal crujió.

En cuanto Adán cruzó el umbral, el caos del entrenamiento se detuvo en seco. Los combatientes cuadraron los hombros y bajaron la cabeza en una reverencia sincronizada.

—¡Líder! Es un honor verlo —clamaron al unísono.

Adán caminó hacia la tarima y se sentó junto a Tadeo. Ambos observaron en silencio la danza de golpes y bloqueos. Tras unos minutos, Adán rompió el silencio sin apartar la vista del frente.

—Tadeo, tendrás que encargarte de este lugar. Me voy.

Tadeo se tensó, girándose con una mirada cargada de desconcierto.

—¿Por qué? ¿A dónde?

—Necesito aliados —respondió Adán. Recordó las palabras de Albert sobre los fondos y la magnitud de lo que planeaban—. Necesito asegurar los cimientos para la guerra que viene. Confío en ti para que este lugar siga en pie.

Tadeo comprendió de inmediato. La gravedad en la voz de Adán no dejaba lugar a réplicas.

—Los entrenaré hasta que sus músculos sean de acero —prometió, con renovada intensidad.

Adán sonrió levemente. En ese momento, una de las alumnas se detuvo frente a él, hizo una pequeña reverencia y, con la voz entrecortada por el esfuerzo, dijo:

—Gracias por todo, líder.

Adán le devolvió una sonrisa tranquila antes de que ella regresara al combate.

Se recostó en la grada, entrelazando las manos tras su nuca. Por un instante, el sonido de los golpes y los gritos de esfuerzo se convirtieron en una extraña melodía de paz.

Esta paz…, pensó para sí mismo, es la que tengo que proteger, cueste lo que cueste.

Al terminar la sesión, dos figuras se adelantaron con paso firme. Los hermanos, ahora vestidos con ropas de entrenamiento, se presentaron ante él con una dignidad nueva.

—Somos Aren y Selene —dijo el chico con orgullo—. Es un honor estar a tu lado, Adán. Seremos la ayuda que necesitas.

Bajo la atenta mirada de todos los presentes, Adán se puso en pie y los miró con una calidez humana que rara vez mostraba.

—Bienvenidos al equipo —sentenció, y su sonrisa fue el sello final de su nueva familia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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