LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 85
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Capítulo 85: Capitulo 85 — La calma antes de la guerra
Adán se levantó con un aura diferente; se sentía una energía más allá de lo ordinario que sobresalía en él. Adán se quitó las vendas y miró hacia el techo mientras cerraba los ojos. El anciano le habló y le dijo:
—¿Qué harás ahora, Adán?
A lo que Adán le respondió:
—Muchas gracias por sus enseñanzas. Ahora pelearé por este lugar.
El anciano sonrió y le dijo:
—Tu camino no será fácil, pero confío en que siempre harás lo correcto, Adán.
Adán agradeció nuevamente al anciano y se fue de la casa. Mientras tanto, el anciano, perdido en sus propios pensamientos, dijo:
—Este chico solo nació con un propósito, y es el de mejorar el mundo.
Luego se sentó, sonriendo felizmente.
Mientras Adán terminaba su entrenamiento, en el otro sitio del Amazonas se encontraba la aldea “rival”. Allí mantenían una conversación en la que aparecía el primer general, quien le decía a la aldea:
—Vamos a pelear por el Amazonas. ¡El Amazonas será nuestro!
Los aldeanos solo mostraban una expresión falsa por fuera, por miedo a ser golpeados por los generales, ya que desobedecer sus reglas significaba la muerte misma. Ellos solo querían convivir en paz, pero no les quedaba otra opción que obedecer las reglas de los cinco generales.
Los cinco generales, mientras se dirigían a la aldea, anunciaron:
—¡Atacaremos mañana! ¡Mañana, apenas salga el sol, atacaremos!
Mientras tanto, Paula estaba sentada afuera de su casa, esperando a Adán, preocupada. Al verlo, se puso feliz y le preguntó:
—¿Dónde estuviste, Adán? Pensé que te había pasado algo. ¡Me asusté!
A lo que Adán respondió:
—Jajaja, estoy bien. Solo surgió algo. ¿Cómo estás tú?
Ella le respondió:
—Ahora que te vi, estoy muy feliz, Adán.
Adán sonrió y ambos fueron hacia la casa. Los padres de Paula le dijeron a Adán que Paula había estado muy preocupada por él. Los cuatro se sentaron a comer tranquilamente.
Mientras todo eso pasaba en el Amazonas, en la ciudad ocurría un movimiento muy grande. Albert y Rafael se dirigían hacia un puerto.
“Mientras avanzaban hacia la zona de los astilleros, el perfil de los grandes buques comenzó a recortarse en el horizonte. Allí, junto a las dársenas, aguardaba el Comandante del Ejército. Rafael sonrió ligeramente; no todos los días se hacen negocios de tal magnitud con un amigo tan cercano.”
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