LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 95
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Capítulo 95: Capitulo 95 —La verdad que hará temblar al país
La noche empezaba a devorar los últimos restos de luz cuando Albert y Ángel llegaron al corazón de la cadena televisiva. Como gobernador electo de la ciudad, Albert ya no era un simple empresario; era la voz del pueblo, y esa voz estaba a punto de gritar una verdad que haría temblar los cimientos del país.
La presentadora que lo había entrevistado la primera vez lo recibió con una mezcla de sorpresa y alegría.
—¡Albert! No esperaba verte por aquí a estas horas —dijo, abriéndole paso hacia los estudios—. Pasa, por favor. ¿Cómo has estado?
—Bien, gracias —respondió él con una cortesía tensa—. Pero no he venido por cortesía. He venido porque mañana este país dejará de ser el mismo.
En la privacidad de la oficina de producción, Albert le explicó la magnitud del plan. No era solo una reforma; era una guerra abierta contra la cúpula del gobierno. Necesitaba que, al amanecer, el noticiero estuviera en vivo y que él lanzara una alerta máxima para que cada ciudadano se atrincherara en su hogar. No quería que una sola gota de sangre inocente manchara la causa de Adán.
La mujer guardó silencio, asimilando el peligro. Luego, asintió con firmeza.
—Cuenta con nosotros, Albert. Gracias a tu valentía, mi familia y yo vivimos mejor. Pondré a toda la producción a tu disposición. Mañana transmitiremos la verdad, pase lo que pase.
Tras cerrar el trato, Albert y Ángel salieron al aire gélido de la noche.
—Señor —dijo Ángel mientras caminaban debajo de la inmensa luna—, sabe que mañana tendrá que enfrentar a su propio hermano, a Aurelio. ¿Qué piensa hacer al respecto?
Albert se detuvo un segundo. Una sonrisa vacía, desprovista de cualquier rastro de afecto familiar, cruzó su rostro.
—Aurelio lleva mi sangre, pero sus actos dicen que nunca fue mi hermano —respondió con una frialdad que asustó incluso al investigador—. Mañana, él es solo otro obstáculo en el camino hacia la justicia.
Con esas palabras, el tablero político quedó listo. Mientras tanto, lejos de los micrófonos y las cámaras, en un lugar donde solo el viento y las estrellas eran testigos, algo sagrado estaba a punto de ocurrir bajo la luz de la luna.
Adán y Valeria llegaron a la colina más alta, el lugar donde la ciudad parecía una alfombra de diamantes y la luna, una perla gigante suspendida sobre ellos. Valeria estaba radiante, su pulso acelerado por la invitación de Adán, pero él… él miraba el cielo como si estuviera leyendo el final de una historia.
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