LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 96
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Capítulo 96: Capitulo 96 — Dos Almas, Dos Tiempos
Adán mantenía la vista fija en la luna, pero sus dientes rechinaban con una tensión que no era por odio, sino por una vulnerabilidad que no sentía desde hace tiempo. Estaba a punto de entregar su secreto más profundo, su máxima sinceridad. Quería una vida real, un amor que fuera un refugio y no solo un concepto, y lo había encontrado en ella.
Valeria lo observó, notando el cambio en su aura.
—¿Qué pasa, Adán? ¿Estás bien?
Él no respondió de inmediato. Durante diez segundos eternos, bajó la mirada hacia la tierra y, por un instante, regresó a sus ojos esa sombra de pérdida que tenía en su habitación justo antes de regresar al pasado. Pero esta vez no se dejó vencer. Levantó la cabeza y ancló su mirada en los ojos de ella.
—Me gustas —soltó, y las palabras parecieron pesar en el aire—. Me haces sentir cosas que en otra vida nunca sentí. Eres cálida, Valeria… eres lo opuesto a mí. Eres mi sol.
Dejó escapar una pequeña risa, una chispa de luz en su rostro serio.
—Mañana pelearé por un país mejor, así que, por favor, quédate en casa. No soportaría que salieras lastimada. Valeria, yo soy un…
—Lo sé, Adán —lo interrumpió ella, poniéndose en pie con una calma que lo dejó helado.
Adán se tensó, pero Valeria continuó con una sonrisa melancólica.
—Yo también lo soy. Me di cuenta en cuanto empezaste a actuar de forma diferente a como eras en “aquella” vida. Eso fue lo que llamó mi atención. Y tú también me gustas. Siento cosas por ti que trascienden el tiempo.
El mundo pareció detenerse para Adán.
—Valeria… ¿tú también…?
—No sé qué nos trajo al pasado, pero nos trajo juntos —afirmó ella, acortando la distancia—. Así que enfrentemos todo juntos. Sé que no te detendrás en este país; sé que irás a salvar a los demás. Por eso… —ella alzó la voz, desafiando al viento nocturno— ¡Te acompañaré! Estaré a tu lado en cada batalla.
—No me perdonaría que te lastimaran —insistió Adán, con el instinto de protección rugiendo en su pecho.
Valeria, en un gesto de confianza juguetona, le lanzó un golpe amistoso en el hombro.
—¡Me protege el chico más fuerte del mundo! ¡Nada me pasará!
Adán soltó una carcajada limpia, una risa que liberó meses de tensión.
—Está bien… pero quedémonos aquí, bajo la luna, hasta que salga el inmenso sol.
Se acostaron sobre la hierba, mirando la inmensidad de la luna. Adán le contó todo: el dolor del inicio, el entrenamiento infernal y cómo su sed de venganza se transformó en algo más grande.
—Me di cuenta de que no volví solo para mi venganza —susurró él—. Mi propósito es luchar por aquellos que no pueden defenderse y, con ello, contribuir a un mundo mejor.
Valeria lo abrazó con fuerza, refugiándose en su pecho.
—Será un camino largo —dijo Adán.
—Sí —respondió ella, cerrando los ojos—, pero contigo, todo será más fácil.
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