LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 97
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Capítulo 97: Capitulo 97 — El amanecer de la guerra
El sol emergió con una fuerza abrumadora, bañando el país con una luz dorada que parecía anunciar un juicio final. Adán abrió los ojos en el mismo instante en que el primer rayo tocó su rostro. A su lado, Valeria aún dormía con una expresión de paz que pronto sería un lujo.
Sin girar la cabeza, Adán sintió una presencia a cientos de metros, moviéndose entre las sombras de los árboles. Era el investigador Roldán, el hombre que una vez buscó justicia por los padres de Kevin y que ahora servía a la causa de Adán. Roldán se detuvo en seco, asombrado de que el joven lo hubiera detectado a tal distancia.
Se acercó y realizó una reverencia profunda.
—Señor —susurró Roldán—, el buque acaba de atracar. La flota del Amazonas ya está en el muelle principal.
Adán se puso en pie con movimientos felinos, evitando despertar a Valeria. Roldán extendió sus brazos, sosteniendo el maletín que contenía el traje negro que rozaba la perfección.
—El padre de Albert envía esto para usted, señor.
Adán pasó sus dedos por la tela que absorbía la luz del sol, sintiendo el peso del legado que representaba.
—Así que lo lograste, Albert… —murmuró con una sombra de respeto. Luego miró a Roldán y señaló a Valeria—. Llévala a su casa.
—Como ordene, señor —respondió Roldán, escoltando el último rastro de la vida civil de Adán.
Mientras tanto, en los estudios de televisión, el aire estaba viciado por el nerviosismo. Albert se ajustó los puños de su camisa y se alineó el traje frente al espejo. Su reflejo le devolvía la imagen de un gobernante, pero sus ojos eran los de un revolucionario. En pocos minutos, su voz entraría en cada hogar del país para declarar el inicio de la guerra.
A kilómetros de allí, en el ex edificio de la Santa Iglesia, el silencio era absoluto, roto solo por el sonido del metal y el cuero. Aren y Selene, junto a los exalumnos de la Santa Iglesia y Tadeo, preparaban sus mentes para el despliegue de los intensos entrenamientos que habían tenido. Ya no eran personas normales; ahora son guerreros liderados por un solo hombre, Adán.
Y en el muelle, la escena era casi mística. Los guerreros del Amazonas pusieron un pie sobre el hormigón de la ciudad. Rafael, al frente de la embarcación, observó los rascacielos con una sonrisa desafiante. El bosque había llegado a la selva de asfalto.
Adán, ahora vestido con el traje negro que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, caminó hacia el borde de la colina. Miró la ciudad a sus pies y supo que hoy la sangre de los corruptos regaría el suelo para que la paz pudiera crecer.
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