LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO - Capítulo 98
- Inicio
- Todas las novelas
- LA SEGUNDA VIDA DEL ODIO
- Capítulo 98 - Capítulo 98: Capitulo 98 — La caída comenzará hoy
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 98: Capitulo 98 — La caída comenzará hoy
7:00 AM. Las luces rojas de las cámaras se encendieron en el estudio de televisión de la ciudad. El aire estaba cargado de electricidad estática.
—¡Tres, dos, uno… al aire! —susurró el director de cámaras.
—¡Hola a todos y muy buenos días! —exclamó la reportera con una sonrisa profesional que apenas ocultaba su nerviosismo—. ¡Les saluda su comunicadora de confianza! Hoy les traemos una noticia que cambiará el rumbo de nuestras vidas. ¡Adelante, Albert!
Albert entró en el encuadre. Se sentó con una calma que irradiaba un magnetismo peligroso. A través de las ventanas de los hogares de todo el país, el efecto fue inmediato.
—¡Mamá, mira, es Albert! —gritó un niño en un barrio obrero.
—¡Ese es nuestro gobernador! —exclamaban otros desde sus casas y plazas, donde la gente se amontonaba frente a las pantallas gigantes—. ¡Te amamos, Albert!
Pero mientras el pueblo celebraba, en el corazón del distrito gubernamental, el ambiente era radicalmente distinto.
En la Gran Asamblea, un auditorio colosal de techos altos y mármol frío, el poder del país estaba reunido. Diputados, senadores y ministros observaban las pantallas con rostros de piedra. En el centro de todos, el Presidente apretaba los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
La orden ya había sido sellada en la oscuridad: ejecución inmediata. Lejos de la ciudad central donde se encontraba el Presidente, los militares estaban esperando su orden. Unidades de élite esperaban la señal del General para entrar a la ciudad y matar al que intentara proteger a Albert. El plan era simple: silenciar a Albert llevándoselo y matarlo, ocultar su cuerpo bajo la excusa de que tenían pruebas de las corrupciones que cometió y así manchar su imagen, para que fuera más fácil eliminarlo.
El Presidente, sudando bajo su traje costoso, sentía una punzada de pánico en el pecho. Las cámaras captaban la mirada de Albert y, por un momento, sintió que el chico lo estaba mirando directamente a él a través del lente.
—Si ese estúpido llega a soltar una sola mierda… —susurró el Presidente, con la voz temblorosa por la furia—, yo mismo daré la orden para que lo maten en el instante en que lo detengan.
Le habló a su asistente y le dio la orden:
—¡Que los militares se posicionen ya!
El destino de todo el país colgaba de un hilo. Albert abrió la boca para hablar y, en ese mismo instante, a kilómetros de allí, Adán terminó de ajustar su traje negro. Sus padres le dijeron que se veía muy elegante y le preguntaron a dónde iba.
Adán respondió:
—Madre, padre, iré a una reunión de trabajo.
Sus padres dijeron que estaban muy orgullosos de él. Pero, aunque Adán dijera eso, sus ojos estaban listos para la guerra.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com