Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Sombra que Fui - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Sombra que Fui
  4. Capítulo 11 - 11 La cita en la cafetería
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: La cita en la cafetería 11: La cita en la cafetería La cafetería del centro era un local ruidoso y anónimo, lleno del murmullo de conversaciones intrascendentes y el tintineo de tazas.

Era el lugar perfecto para una reunión secreta.

Camila llegó diez minutos antes, eligiendo una mesa en la esquina más alejada de la puerta, un punto desde donde podía ver todas las entradas sin ser el centro de atención.

Cada vez que la puerta se abría, su corazón daba un pequeño salto.

Había una gran posibilidad de que Sofía no apareciera.

Había puesto las cartas sobre la mesa, pero la decisión de jugar era enteramente suya.

A las ocho en punto, la puerta se abrió y entró una figura solitaria.

Sofía llevaba una chaqueta con capucha que le ocultaba parcialmente el rostro, como si quisiera pasar desapercibida.

Sus ojos barrieron el local hasta encontrar a Camila.

Por un instante, pareció que iba a darse la vuelta, pero tras una profunda inspiración, caminó con determinación hacia la mesa.

—Gracias por venir —dijo Camila, con una sinceridad que sorprendió a la propia Sofía.

—No te confundas —respondió Sofía, sentándose y dejando su mochila en el suelo—.

No estoy aquí porque confíe en ti.

Estoy aquí porque odio las mentiras.

Y mi vida ha estado llena de ellas.

Camila asintió, entendiendo perfectamente.

—¿Qué quieres saber?

—preguntó Sofía, yendo directa al grano.

—Todo —dijo Camila—.

Quiero saber cómo era tu padre.

Cómo era su relación con el mío.

Cualquier detalle, por pequeño que sea.

Un nombre, un lugar, una conversación que recuerdes.

Sofía se quedó en silencio un largo rato, removiendo un azucarillo con su cuchara.

—No recuerdo mucho.

Yo era muy pequeña —comenzó, su voz teñida de melancolía—.

Pero recuerdo risas.

Mi padre y el tuyo, en nuestro antiguo jardín.

Siempre estaban dibujando en servilletas, hablando de edificios y proyectos imposibles.

Mi padre era el soñador.

El tuyo era el que sabía cómo hacer que los sueños se pagaran solos.

Se complementaban.

Eran como hermanos.

Hizo una pausa, el recuerdo claramente fue doloroso.

—Luego, todo cambió.

Las risas desaparecieron.

Empezaron las discusiones.

Mi padre llegaba a casa tarde, pálido y enfadado.

Hablaba de tu tío, Alberto.

Decía que era… un buitre.

Que estaba envenenando a tu padre contra él.

—¿Recuerdas sobre qué discutían?

Sofía negó con la cabeza.

—Eran palabras de adultos.

«Inversiones de riesgo», «socios no declarados», «líneas de crédito dudosas».

Cosas que no entendía.

Lo último que recuerdo con claridad es una noche en que mi padre llegó a casa con una caja.

Metió todos sus planos, sus cuadernos, todo lo relacionado con Montalbán, y la guardó en el desván.

Dijo:  —Se acabó, Sofía.

Nunca más.

—Poco después, nos mudamos.

Y él… él simplemente se apagó.

«Una caja.

Una caja llena de pruebas».

—Sofía, ¿esa caja todavía existe?

—preguntó Camila, sintiendo una oleada de adrenalina.

—No lo sé.

Mi madre vendió la casa hace años.

Quizás se perdió en la mudanza.

Quizás la tiró.

Como te dije, ella no quiere hablar de ello.

Para ella, ese pasado está muerto y enterrado.

Era una pista, pero una pista fría.

Sin embargo, era más de lo que tenía antes.

—Gracias, Sofía.

Esto es… importante.

—¿Qué vas a hacer?

—preguntó ella, mirándola directamente.

—Voy a seguir investigando.

Y ahora que sé que el nombre de mi tío es parte de la ecuación, sé por dónde empezar a buscar.

La conversación fue interrumpida por una voz alegre y estruendosa.

—¡Pero bueno!

¿Qué hacen las dos mentes más brillantes y torturadas de la universidad conspirando en este antro?

Un joven alto y delgado, con el pelo rizado y despeinado y una sonrisa que ocupaba la mitad de su cara, se plantó junto a su mesa.

Llevaba una camiseta con la frase «La duda es el principio de la sabiduría» y unos vaqueros gastados.

Era Mateo «Teo» Herrera, el presidente del club de debate y, probablemente, el estudiante de Filosofía más conocido del campus.

—Teo, ¿qué haces aquí?

—preguntó Camila, algo desconcertada por la interrupción.

—Mi dosis nocturna de cafeína y existencialismo —respondió él, guiñando un ojo—.

Pero veo que he interrumpido un cónclave secreto.

¿Están planeando la revolución o simplemente criticando a los profesores?

Porque me apunto a ambas.

Sofía lo miraba con una expresión indescifrable, no acostumbrada a ese nivel de energía desenfadada.

Teo era una fuerza de la naturaleza.

Era brillante, caótico y tenía la extraña habilidad de hacer amigos en todas partes.

Aunque Camila lo conocía solo del club, él siempre la saludaba como si fueran amigos de toda la vida.

—Estábamos hablando de un proyecto —dijo Camila, de forma evasiva.

—Un proyecto, claro —dijo Teo, arrastrando una silla y sentándose sin ser invitado—.

El mejor tipo de proyecto.

El que se discute en voz baja en cafeterías oscuras.

Suena a mi tipo de diversión.

—Luego, miró a Sofía—.

Tú eres la artista, ¿verdad?

La de la escultura que tiene a todos los de Humanidades escribiendo ensayos sobre el nihilismo.

Brutal, por cierto.

Me llamo Teo.

Le tendió la mano.

Sofía, tras un segundo de duda, la estrechó.

—Sofía.

—Lo sé.

El arte que grita no lo hace un artista silencioso —dijo Teo, con una naturalidad que desarmó por completo la tensión del momento—.

Bueno, no las molesto más.

Solo pasaba a saludar.

Cami —se dirigió a Camila, usando un apodo que nadie más se había atrevido a usar—, nos vemos mañana en el debate.

Trae tu cerebro de abogada asesina.

Lo necesitaremos contra los de Ciencias Políticas.

Con la misma rapidez con la que apareció, se levantó, saludó con la mano y se dirigió a la barra a pedir su café.

El silencio que dejó fue diferente al de antes.

Menos tenso.

—Es… intenso —dijo Sofía, casi con una media sonrisa.

—Ese es Teo —respondió Camila—.

Es inofensivo.

Y más inteligente de lo que aparenta.

La interrupción había roto el hielo.

Sofía pareció relajarse un poco.

—Buscaré la caja —dijo de repente—.

No te prometo nada.

Pero hablaré con mi madre.

Le diré que es para un proyecto de arte.

Una retrospectiva de la obra de mi padre.

Quizás funcione.

El corazón de Camila se llenó de una gratitud inmensa.

—Gracias, Sofía.

—No me des las gracias todavía —dijo ella, poniéndose la capucha de nuevo—.

Solo recuerda lo que dijiste.

Tenemos un enemigo en común.

Si descubro que me estás utilizando para tus propios fines, te juro, Montalbán, que desearás no haberme conocido nunca.

Con esa advertencia final, se levantó y se fue.

Camila se quedó sola en la mesa, el café intacto.

Había conseguido una aliada.

Frágil, condicionada, pero una aliada al fin.

Y, sin buscarlo, quizás había encontrado algo más.

Un círculo que se expandía más allá de la lealtad feroz pero aislada de Lucía.

Teo, con su energía caótica, representaba un tipo diferente de conexión.

Una que no se basaba en secretos y venganzas, sino en la simple camaradería universitaria.

Mientras pagaba la cuenta, se dio cuenta de algo importante.

En su vida anterior, su mundo había girado únicamente en torno a Julián y su familia.

Se había aislado.

Esta vez, estaba construyendo una red.

Y cada hilo, por diferente que fuera —la ira compartida con Sofía, la lealtad anarquista de Lucía, la inteligencia despreocupada de Teo—, la hacía más fuerte.

La araña a la que Julián se refería no tenía por qué ser una sola persona.

Podía ser una red de muchas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo