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La Sombra que Fui - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 El campo de batalla del profesor Márquez
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13: El campo de batalla del profesor Márquez 13: El campo de batalla del profesor Márquez El aula 304, donde el profesor Márquez impartía sus clases magistrales, se había convertido en un campo de batalla intelectual.

Márquez, con su bigote gris y su aire de estratega militar, no daba clases; lanzaba desafíos.

Y su desafío más reciente había puesto a toda la clase en pie de guerra.

—El «Proyecto Centurión» —anunció, paseándose frente a la pizarra—.

Un caso de estudio simulado.

Dos empresas tecnológicas compiten por una fusión hostil.

Una es el agresor, la otra, el objetivo.

Dividiré la clase en equipos.

Unos diseñarán la estrategia de adquisición.

Los otros, la estrategia de defensa.

Tienen un mes.

La mejor estrategia, tanto en el ataque como en la defensa, no solo obtendrá la máxima calificación.

Les garantizará una carta de recomendación personal mía para el bufete que elijan.

Un murmullo de emoción y pánico recorrió la sala.

Una carta de Márquez era un pasaporte de oro al mundo legal.

Márquez sonrió con suficiencia.

—Los capitanes de equipo serán elegidos por sus méritos hasta ahora.

Equipo de Ataque: Julián Ortega.

Julián asintió, una sonrisa de confianza dibujándose en su rostro.

Era una elección obvia.

Era el mejor estudiante, el más carismático.

—Y para el Equipo de Defensa… —Márquez recorrió la sala con la mirada, deteniéndose deliberadamente en varias caras antes de aterrizar en su objetivo—.

Camila Montalbán.

El silencio fue absoluto.

Todas las cabezas se giraron hacia Camila.

Ponerla a ella, una estudiante de primer año que se había vuelto notoriamente reservada, a competir directamente contra la estrella de la facultad era una declaración.

Márquez no solo estaba creando un ejercicio académico; estaba montando un espectáculo.

Camila sintió una oleada de presión, pero también de determinación.

¿Una defensa?

Era perfecto.

Toda su vida se estaba convirtiendo en una estrategia de defensa.

Julián la miró desde el otro lado del aula.

No había burla en su expresión, sino un interés intenso y depredador.

Para él, esto no era un juego de notas.

Era el siguiente asalto de su guerra personal.

Una oportunidad para demostrarle, delante de todos, que ella no estaba a su nivel.

Después de clase, mientras los estudiantes se arremolinaban para unirse a uno de los dos equipos, Camila se vio rodeada.

Pero no por los mejores estudiantes, que corrían a alistarse bajo la bandera de Julián.

Se le acercaron los que eran considerados los «marginados».

—Si vas contra Ortega, me apunto —dijo un chico con gafas gruesas, conocido por sus preguntas incómodas en clase—.

Estoy harto de su arrogancia.

—Yo me especializo en derecho de patentes.

Puedo encontrar veneno en las cláusulas de propiedad intelectual —ofreció una chica de aspecto tímido que rara vez hablaba.

Y entonces, Teo Herrera se acercó, apoyando un brazo sobre su hombro con familiaridad.

—¡Capitana Montalbán!

—exclamó con una sonrisa—.

El equipo de los rebeldes necesita un líder.

Defender a los débiles del tiburón corporativo.

Es pura poesía filosófica.

Cuenta conmigo.

Mi superpoder es confundir al enemigo con retórica hasta que se olviden de por qué estaban atacando.

Camila no pudo evitar sonreír.

Su equipo no tendría a las estrellas, pero tendría a los luchadores, a los pensadores no convencionales.

Lucía se unió al grupo, cruzándose de brazos.

—Bueno, parece que la Alianza Rebelde está formada.

¿Cuál es el plan, Generala?

Camila miró a su pequeño y heterogéneo equipo.

Luego, su mirada se cruzó con la de Julián, que la observaba desde su círculo de admiradores, seguro de su victoria.

—El plan es simple —dijo Camila, su voz resonando con una nueva autoridad—.

Él espera que construyamos un muro.

Pero no vamos a construir un muro.

Vamos a construir un laberinto lleno de trampas.

Él cree que está cazando.

No sabe que está a punto de entrar en nuestra telaraña.

Justo en ese momento, su teléfono vibró en su bolsillo.

Vio el mensaje de Sofía.

—La he encontrado.

Una sonrisa fría y genuina se dibujó en los labios de Camila.

Julián creía que el campo de batalla era el aula del profesor Márquez.

No tenía ni idea de que la verdadera guerra se estaba librando con fantasmas de hacía veinte años.

Y ella acababa de conseguir el mapa del tesoro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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