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La Sombra que Fui - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Las migajas del pasado
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14: Las migajas del pasado 14: Las migajas del pasado Se encontraron esa misma noche en un rincón apartado de la biblioteca, el único lugar que ofrecía la privacidad necesaria.

Sofía llegó con una mochila que parecía pesar una tonelada, no solo por su contenido, sino por la carga emocional que representaba.

Deslizó la caja de madera sobre la mesa, y el sonido sordo resonó en el silencio del lugar.

—Ten cuidado —advirtió Sofía en un susurro—.

Mi madre cree que la tengo yo.

Si se entera de que la estás viendo… —No lo hará —la tranquilizó Camila, su mirada fija en la caja como si fuera el arca de la alianza—.

Tu secreto está a salvo conmigo.

Con un cuidado casi reverencial, Camila abrió la tapa.

El olor a papel y tiempo volvió a inundar el aire.

No empezaron por los planos, sino por las carpetas de documentos que Sofía había apartado.

Eran contratos, borradores de acuerdos, balances contables y, sobre todo, correspondencia.

Juntas, en la quietud de la biblioteca, empezaron a reconstruir los últimos meses de la asociación Montalbán & De la Torre.

Las piezas del rompecabezas eran fragmentarias, llenas de huecos, pero el dibujo que formaban era inquietante.

Descubrieron que el «Proyecto San Carmelo», un desarrollo inmobiliario de lujo, había sido la manzana de la discordia.

Era una idea original de Alejandro, pero los documentos mostraban cómo Alberto había introducido sigilosamente a «inversores» no identificados, canalizando dinero a través de empresas fantasma con sede en paraísos fiscales.

—Esto es lavado de dinero —murmuró Camila, señalando una serie de transferencias—.

Mi tío usaba el proyecto de tu padre para blanquear fondos de origen desconocido.

Encontraron cartas, nunca enviadas, de Alejandro a Rafael.

Eran súplicas desesperadas de un hombre que veía cómo su sueño era corrompido.

«Rafa, tienes que ver lo que está haciendo tu hermano.

Nos destruirá a todos», decía una.

«No puedo ser cómplice de esto.

Si no lo detienes tú, tendré que hacerlo yo», decía otra, más dura.

La respuesta de su padre nunca apareció en la caja.

Solo el silencio.

Y luego, encontraron la anotación que Sofía había mencionado, la lista de «Inversores Fantasma».

Camila la leyó, su sangre helándose.

—”Me amenazaron.

Mi familia.

Sofía.” —leyó en voz alta—.

No solo lo acorralaron financieramente.

Lo amenazaron con hacerle daño a su familia.

A ti.

Sofía, que se había mantenido en un silencio tenso, se estremeció visiblemente.

Ver la prueba escrita de la pesadilla que había destrozado a su padre era como recibir un golpe físico.

—Por eso se fue —dijo, con la voz quebrada—.

No huyó.

Estaba protegiéndome.

Camila asintió, una furia fría creciendo en su interior.

Esto era más grande que una traición empresarial.

Era una extorsión cruel y calculada.

Pero la prueba más contundente seguía siendo circunstancial.

No había ningún documento que conectara directamente a su tío Alberto con las amenazas, ninguna grabación, ninguna firma.

Solo las notas desesperadas de un hombre acorralado.

No era suficiente para llevarlo ante un tribunal.

—Necesitamos más —dijo Camila, su mente trabajando a toda velocidad—.

Los nombres de los otros inversores fantasma… son una pista.

Si podemos averiguar quiénes son, podremos tirar del hilo hasta mi tío.

Pasaron el resto de la noche fotografiando cada página relevante con sus teléfonos.

No se atrevían a sacar los documentos de la biblioteca.

Cuando terminaron, la caja parecía la misma, pero para ellas, su contenido había cambiado el mundo.

—¿Qué hacemos ahora?

—preguntó Sofía, agotada.

—Ahora, yo sigo mi parte del plan —dijo Camila, guardando su teléfono—.

Tú, por ahora, debes mantener un perfil bajo.

Nadie puede saber que nos hemos reunido.

Nadie puede saber de esta caja.

Especialmente Julián.

El nombre de Julián flotó en el aire.

—¿El tipo del club de debate?

¿Qué tiene que ver él en esto?

—Es el perro guardián de mi tío.

Sus ojos y sus oídos en la universidad —explicó Camila—.

Es más peligroso de lo que parece.

Y ahora mismo, tiene toda su atención puesta en mí.

Mientras recogían, Camila se dio cuenta de que la dinámica entre ellas había cambiado.

Ya no eran dos extrañas unidas por un apellido.

Eran dos hijas buscando justicia para sus padres.

El muro entre ellas no había desaparecido, pero ahora tenía una puerta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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