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La Sombra que Fui - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 El primer disparo
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16: El primer disparo 16: El primer disparo El primer movimiento en el tablero del Proyecto Centurión no fue un ataque, sino un rumor.

Empezó como un susurro en los pasillos de la facultad de Derecho, una nota en el foro online de la universidad, un comentario casual en la cafetería.

—¿Oyeron lo último sobre el caso Centurión?

Parece que la empresa objetivo, TechCore, está a punto de firmar un acuerdo con un gigante alemán.

La oferta de Apex (el equipo de Julián) podría quedar en nada.

Teo había hecho su trabajo a la perfección.

No había emitido un comunicado oficial.

Había plantado semillas de duda, creando una narrativa paralela que se extendió como la pólvora.

La gente no hablaba del ataque de Julián, sino de la astuta jugada defensiva del «caballero blanco» de Camila.

Julián sintió el cambio en el aire.

De repente, la conversación no giraba en torno a su brillante estrategia, sino a la posible humillación de ser rechazado antes siquiera de empezar.

En la guerra simulada de Márquez, la percepción era la mitad de la batalla.

Encontró a Camila saliendo de la biblioteca, sola.

Su aproximación fue silenciosa, casi depredadora, hasta que estuvo a su lado.

—Un caballero blanco —dijo, su voz baja y desprovista de su habitual encanto—.

Una jugada de manual, Montalbán.

Barata, predecible.

Crear un comprador fantasma para inflar el valor de las acciones.

Camila se detuvo y se giró para enfrentarlo, sin una pizca de sorpresa en el rostro.

—No sé de qué hablas, Julián.

Los rumores vuelan.

Quizás tu oferta no era tan atractiva como pensabas.

Él soltó una risa seca, sin alegría.

—No juegues conmigo, Camila.

Sé que es tu movimiento.

Es inteligente, lo admito.

Pero también es una declaración de guerra muy ruidosa.

Y la gente ruidosa suele cometer errores.

—Solo los que tienen algo que perder le temen al ruido —replicó ella, encogiéndose de hombros—.

Mi equipo y yo solo estamos jugando según las reglas del profesor.

Defendiendo nuestra empresa.

—¿Tu equipo?

—Julián se acercó un paso más, su mirada recorriendo el rostro de ella, buscando una grieta en su compostura—.

Un filósofo que habla demasiado, una especialista en patentes que no tiene experiencia y un puñado de resentidos.

¿De verdad crees que esa es una defensa?

Es una banda de inadaptados.

—La historia está llena de inadaptados que derribaron imperios —dijo Camila, su voz tan fría como el acero.

No iba a permitir que menospreciara a las únicas personas que habían decidido apoyarla.

La intensidad en la mirada de Julián se endureció.

La calma de ella, su negativa a dejarse intimidar, lo estaba sacando de quicio.

Estaba acostumbrado a que la gente reaccionara, a que mostraran miedo.

Camila solo le devolvía una fortaleza gélida que no sabía cómo penetrar.

—Este jueguecito de la universidad no es nada, Camila.

Es un ensayo.

Pero en el mundo real, las «píldoras venenosas» y los «caballeros blancos» tienen consecuencias.

Hacen enemigos.

Enemigos de verdad.

¿Estás preparada para eso?

Era una amenaza velada.

No hablaba del Proyecto Centurión.

Hablaba de la Corporación Montalbán.

De su tío.

De él.

—Estoy preparada para mucho más de lo que imaginas —respondió ella, y en sus ojos hubo un destello de su vida pasada, del dolor y la traición que la alimentaban—.

Ahora, si me disculpas, tengo que preparar una defensa real.

Pasó a su lado, rozando deliberadamente su hombro.

El contacto fue mínimo, pero cargado de desafío.

Julián se quedó inmóvil, observándola alejarse.

La rabia inicial se desvaneció, reemplazada por un frío cálculo.

La había subestimado de nuevo.

Había esperado una defensa pasiva, y ella había lanzado una contraofensiva psicológica.

No estaba construyendo un muro.

Estaba minando el terreno.

Se dio cuenta de que no podía tratarla como a cualquier otro oponente.

Necesitaba saber más.

Necesitaba entender la fuente de su nueva fuerza, de su conocimiento.

¿De dónde sacaba esa confianza, esa estrategia tan agresiva?

Sacó su teléfono y marcó un número.

—Hola, soy Julián —dijo cuando contestaron—.

Necesito información.

Un favor personal.

Quiero que investigues a dos personas.

Dos estudiantes.

Sofía de la Torre y un tal Mateo Herrera.

Quiero saber todo sobre ellos.

Con quién hablan, a dónde van… y especialmente, cuánto tiempo pasan con Camila Montalbán.

Colgó el teléfono.

Su sonrisa había vuelto, pero era diferente.

Menos encantadora, más afilada.

Si Camila estaba construyendo un equipo, él simplemente tendría que desmantelarlo, pieza por pieza.

Y empezaría por sus eslabones más débiles.

La artista torturada y el filósofo bocazas parecían un buen punto de partida.

Mientras tanto, en su habitación, Camila estaba extendiendo las fotos de los documentos de Alejandro sobre su escritorio.

El Proyecto Centurión era una distracción útil, una cortina de humo que mantenía a Julián ocupado mientras ella se concentraba en la verdadera guerra.

Su dedo se detuvo en la lista de «Inversores Fantasma».

Eran solo apellidos, sin iniciales ni empresas asociadas.

Nombres como «Ferrer», «Guzmán», «Solana».

Eran agujas en un pajar.

Tomó una hoja de papel en blanco y escribió un nombre en la parte superior: Alberto Montalbán.

Debajo, dibujó líneas que conectaban con los otros apellidos, como una telaraña.

Su tío era el centro.

Pero una araña no teje sola.

Necesita puntos de anclaje.

Esos nombres eran los anclajes.

Si podía descubrir quiénes eran, podría empezar a tirar de los hilos hasta que toda la red se viniera abajo.

Su teléfono vibró.

Era un mensaje de Lucía.

—Teo está organizando una noche de trivial en el bar de la esquina el viernes.

Dice que es para «fomentar la sinergia del equipo».

Básicamente, una excusa para beber cerveza.

¿Vienes?

Camila dudó.

Su primer instinto fue decir que no, que estaba demasiado ocupada.

Pero las palabras de Julián sobre su equipo resonaron en su mente.

Él los veía como débiles, como inadaptados.

Quizás lo eran.

Pero eran su equipo.

Y un líder no se esconde de sus soldados.

—Sí.

Allí estaré —respondió.

Necesitaba mantener a sus aliados cerca.

Porque sabía, con una certeza escalofriante, que Julián no tardaría en intentar arrebatárselos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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