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La Sombra que Fui - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 El hilo que se tensa
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18: El hilo que se tensa 18: El hilo que se tensa La primera grieta apareció el lunes por la mañana.

Teo entró en el aula de debate con el rostro pálido, despojado de su habitual energía desbordante.

Se movía con una rigidez que no era natural en él, y la sonrisa que solía regalar a todo el mundo había sido reemplazada por una línea tensa.

Se sentó en su sitio habitual, junto a Camila, sin decir una palabra.

—¿Teo?

¿Estás bien?

—preguntó Camila en voz baja—.

Pareces como si hubieras visto a un fantasma.

Él la miró, y por primera vez, ella vio auténtico miedo en sus ojos.

—Peor —murmuró—.

He visto a mi futuro desmoronarse.

Antes de que Camila pudiera preguntar más, el moderador del club dio inicio a la sesión.

El tema del día era sobre la ética de la financiación universitaria.

Mientras otros estudiantes debatían, Teo sacó su teléfono discretamente y le mostró a Camila la pantalla.

Era un correo electrónico.

El remitente era la oficina del Decano de Humanidades.

El asunto decía: «Revisión Urgente de Beca Académica».

El cuerpo del mensaje era un desorden burocrático, pero el núcleo era devastador.

Una «denuncia anónima» había llevado a la universidad a revisar su expediente.

La denuncia alegaba que uno de los ensayos con los que había ganado su beca de mérito, la que le pagaba la matrícula completa, contenía «similitudes preocupantes» con un artículo académico poco conocido de un profesor de otra universidad.

El correo lo convocaba a una reunión con el comité de disciplina académica esa misma tarde.

—Es una locura —susurró Teo, su voz apenas audible—.

Juro por mi vida que nunca he plagiado nada.

Mi ensayo era sobre la dialéctica en el cine de autor.

Pasé meses investigando.

—Por supuesto que no lo hiciste —dijo Camila, su mente trabajando a una velocidad vertiginosa.

Una denuncia anónima.

Una acusación de plagio, la ofensa capital en el mundo académico.

El timing era demasiado perfecto.

Esto no era una coincidencia.

Era un misil teledirigido.

Y solo una persona tenía el motivo y los recursos para lanzarlo.

—Julián —dijo ella, la palabra sonando como una maldición.

Teo la miró, confundido.

—¿Ortega?

¿Qué tiene que ver él con esto?

—No lo sé con seguridad, pero él nos ve como una amenaza.

A ti te ve como mi mano derecha —explicó Camila, su voz endureciéndose—.

Atacarte a ti es una forma de atacarme a mí.

Busca desestabilizar a nuestro equipo, aislarme.

—Pero… ¿cómo podría hacer algo así?

¡Es una acusación gravísima!

—Alguien con los contactos adecuados puede plantar una duda.

Una denuncia anónima no necesita pruebas sólidas al principio, solo lo suficiente para iniciar una investigación.

Y una investigación, aunque al final te declaren inocente, deja una mancha.

Crea estrés, te distrae… te rompe.

Teo se pasó una mano por el pelo, su habitual confianza hecha añicos.

—Si pierdo la beca, Camila… se acabó.

Mi familia no puede permitirse esta universidad.

Tendré que dejarlo todo.

La amenaza era real.

Julián no había ido a por una simple nota o a por la reputación de Teo.

Había ido a por su yugular.

A por su futuro.

La rabia que sintió Camila fue tan intensa que le costó respirar.

Una cosa era que Julián la atacara a ella.

Se lo esperaba.

Pero usar a sus amigos, a gente inocente cuyo único «crimen» era apoyarla… eso cruzaba una línea.

—No vas a perder nada —dijo Camila, su voz cargada de una determinación feroz.

Miró a Teo a los ojos—.

Escúchame.

No vas a ir a esa reunión solo.

Yo iré contigo.

—¿Qué?

No, Camila.

Esto es mi problema.

No quiero arrastrarte… —Ya me ha arrastrado —lo interrumpió ella—.

Este ataque es por mi causa.

Así que es mi lucha.

No eres un experto en derecho, yo sí.

O al menos, estoy en camino de serlo.

Vamos a prepararnos para esa reunión.

Necesito una copia de tu ensayo, todas tus fuentes, tus borradores, tus notas.

Todo.

—¿Crees que podemos luchar contra esto?

—No vamos a luchar —dijo Camila, y sus ojos brillaron con una luz peligrosa que Teo nunca había visto antes—.

Vamos a humillarlos.

Vamos a desmantelar su acusación de una forma tan metódica y brutal que el comité de disciplina le pedirá disculpas a un denunciante anónimo por haberle hecho perder el tiempo.

Julián quería jugar sucio.

Pues bien.

Le vamos a enseñar cómo se juega de verdad en el barro.

Por primera vez esa mañana, una chispa de la vieja energía de Teo regresó.

Ver la confianza inquebrantable de Camila era como un ancla en medio de su tormenta.

—¿Qué tengo que hacer?

—Por ahora, actúa con normalidad.

No dejes que nadie, y menos Julián, vea que estás afectado.

La debilidad es lo que él busca.

Después de esta sesión, nos reuniremos en la biblioteca.

Y empezaremos a construir tu defensa.

Cuando terminó el debate, Camila recogió sus cosas.

Al salir, su mirada se cruzó con la de Julián, que estaba al otro lado del pasillo, hablando con sus seguidores.

Él le dedicó una sonrisa mínima, casi imperceptible.

No era una sonrisa de triunfo.

Era una pregunta silenciosa.

«¿Y ahora qué, Montalbán?

¿Ves lo fácil que es?».

Camila no le devolvió la sonrisa.

Simplemente sostuvo su mirada, fría e inexpresiva.

Su silencio era una promesa.

«Has tensado el hilo equivocado, Julián.

Y ahora voy a usarlo para ahorcarte».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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