La Sombra que Fui - Capítulo 19
- Inicio
- Todas las novelas
- La Sombra que Fui
- Capítulo 19 - 19 La anatomía de una mentira
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: La anatomía de una mentira 19: La anatomía de una mentira La sala de estudio que consiguieron en la biblioteca se convirtió en un búnker de guerra.
Las ventanas estaban cubiertas para evitar miradas curiosas, y sobre la mesa, el ensayo de Teo estaba extendido como el cuerpo de una víctima en una mesa de autopsias.
A un lado, una pila con todos los libros y artículos que había citado.
Al otro, sus cuadernos de notas, llenos de garabatos, diagramas y frases a medio formar.
Teo estaba pálido y nervioso, moviendo la pierna sin parar.
Lucía, a quien Camila había llamado como refuerzo moral, estaba sentada en una esquina, con los brazos cruzados y una expresión de furia contenida.
David y Ana, los otros miembros del equipo, también habían acudido, trayendo cafés y una determinación silenciosa.
El ataque a uno de ellos era un ataque a todos.
Camila, sin embargo, estaba completamente en su elemento.
El caos y la presión parecían enfocar su mente en un punto láser.
—Bien, Teo.
Vamos a desarmar esto, pieza por pieza —dijo, su voz tranquila y autoritaria, tomando el control de la habitación—.
Primero, el método de la acusación.
El plagio por similitud es la táctica más cobarde porque se basa en la insinuación, no en la prueba.
No dicen que copiaste, dicen que se «parece demasiado».
Es subjetivo, diseñado para envenenar la mente del jurado antes de que empiece el juicio.
Recorrió el ensayo con el dedo.
—Nuestra primera línea de defensa es la intención.
Tus notas, tus borradores.
Necesitamos demostrar tu proceso de pensamiento.
Muéstrame cómo llegaste de la idea inicial al texto final.
Durante la siguiente hora, Teo, guiado por las preguntas precisas de Camila, reconstruyó su viaje intelectual.
Les mostró cómo una idea surgida en una clase de cine se convirtió en una tesis, cómo exploró diferentes autores, cómo descartó argumentos y refinó otros.
Los borradores mostraban párrafos enteros tachados y reescritos.
Era el mapa de una mente trabajando, no copiando.
—Excelente —dijo Camila, haciendo una pila con los borradores—.
Esto demuestra un proceso creativo original.
No es la obra de un plagiador.
Un plagiador es perezoso.
Esto es trabajo duro.
—Pero, ¿y si el otro artículo realmente se parece?
—preguntó Ana, la experta en patentes, con voz preocupada.
—Esa es nuestra segunda línea de defensa: el ataque preventivo —Camila se giró hacia David, el experto en investigación—.
Necesito que encuentres el artículo académico en el que supuestamente se basa el ensayo de Teo.
La denuncia anónima tuvo que mencionarlo.
David, quiero que lo disecciones.
Encuentra al autor, su especialidad, sus otras publicaciones.
Y lo más importante, quiero que busques las fuentes que él usó para escribirlo.
David asintió, sus ojos brillando detrás de sus gafas.
Le habían dado una misión.
—Si ambos, Teo y este profesor, usaron las mismas fuentes originales —continuó Camila, dirigiéndose a todos—, es lógico que sus conclusiones o su forma de expresar ciertas ideas complejas puedan tener similitudes.
No es plagio.
Se llama «convergencia académica».
Vamos a demostrar que Teo no copió a ese autor, sino que ambos leyeron a los mismos autores… —¡Exacto!
—exclamó Teo, su ánimo empezando a volver—.
¡Mi ensayo entero es una creación original!
—Lo sé —dijo Camila—.
Pero no vamos a decírselo al comité.
Vamos a demostrárselo.
Con un análisis comparativo tan detallado que se aburran antes de llegar a la mitad.
Nuestra arma no será la pasión, será el tedio.
Los ahogaremos en datos.
Finalmente, se giró hacia Lucía.
—Necesito el factor humano.
Habla con otros estudiantes, con profesores que conozcan a Teo.
Consigue testimonios informales sobre su carácter, su integridad académica.
No los usaremos oficialmente, pero quiero tenerlos a mano.
Si intentan convertir esto en un juicio sobre su persona, estaremos preparados.
Lucía sonrió por primera vez.
Una sonrisa peligrosa.
—Déjamelo a mí.
Para cuando termine, el comité pensará que Teo es un santo académico.
En dos horas, Camila había convertido un grupo de estudiantes asustados en un equipo legal cohesionado.
Había asignado roles, definido una estrategia y, lo más importante, le había devuelto la esperanza a Teo.
Cuando se quedaron solos, Teo la miró con una gratitud que lo dejó sin palabras.
—Camila… yo… no sé cómo darte las gracias.
—No me las des —respondió ella, guardando sus notas—.
Gana.
Demuéstrales que se metieron con la persona equivocada.
Esa será mi recompensa.
—No lo entiendes —insistió él—.
No es solo esto.
Es que has venido.
Has reunido a todos.
Has creído en mí sin dudar un segundo.
Nadie había hecho algo así por mí antes.
Camila se quedó en silencio.
Las palabras de Teo la tocaron en un lugar que había mantenido cerrado bajo llave durante mucho tiempo.
La lealtad.
La amistad.
Sentimientos que en su vida anterior solo le habían traído dolor.
—Julián cree que la gente son piezas de ajedrez que se mueven por interés propio —dijo ella, más para sí misma que para él—.
Cree que la lealtad se puede comprar o romper.
Vamos a demostrarle lo equivocado que está.
Salió de la biblioteca sintiéndose extrañamente energizada.
La rabia contra Julián seguía allí, pero ahora estaba canalizada, convertida en un combustible frío y eficiente.
No se dio cuenta de que el profesor Márquez la había visto salir de la sala de estudio, seguido de Teo.
El profesor había oído los rumores sobre la acusación de plagio.
Y acababa de ver a la capitana del Equipo de Defensa montar una defensa en el mundo real.
Márquez se ajustó las gafas, una expresión indescifrable en su rostro.
«Ortega era brillante, pero su juego era el poder.
Montalbán, en cambio… su juego era la estrategia.
Y acababa de unificar a su equipo no a través de la ambición, sino de la protección».
Por primera vez, el viejo profesor empezó a preguntarse si en el Proyecto Centurión, y quizás en la vida, había apostado por el caballo equivocado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com