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La Sombra que Fui - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 La furia silenciosa de Julián
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22: La furia silenciosa de Julián 22: La furia silenciosa de Julián El apartamento de Julián era un reflejo perfecto de su personalidad: minimalista, impecable y frío.

Líneas limpias, colores neutros y ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad, como si el mundo estuviera a sus pies.

Nada estaba fuera de lugar.

Excepto la furia contenida que emanaba de su dueño.

No gritó.

No rompió nada.

Su ira era una fuerza silenciosa, un agujero negro que absorbía toda la luz de la habitación.

De pie frente al ventanal, con una copa de whisky caro en la mano, repasaba mentalmente su derrota.

Había subestimado a Camila.

Un error de cálculo inaceptable.

Había pensado que aislarla atacando a su eslabón más débil, el estudiante becado, sería suficiente.

Pero en lugar de romper la cadena, la había fortalecido, convirtiendo a Camila en una mártir y en una heroína para su pequeño grupo de rebeldes.

Su teléfono sonó, rompiendo el silencio.

Era un número que conocía demasiado bien.

—¿Sí?

—respondió, su voz peligrosamente tranquila.

—Julián —la voz de Alberto Montalbán era suave, casi paternal, pero con un filo de acero debajo—.

Me llegan noticias interesantes de la universidad.

Parece que mi sobrina se ha vuelto toda una defensora de causas perdidas.

Y, por lo que me dicen, bastante eficaz.

—Hubo un contratiempo —admitió Julián, sin rodeos.

Odiaba dar excusas.

—Un contratiempo —repitió Alberto, saboreando la palabra—.

Me aseguraste que tenías la situación bajo control.

Que el cambio de actitud de Camila era un capricho pasajero.

Esto no suena a capricho.

Suena a un plan.

Y no me gustan los planes que no son míos.

Julián apretó la mandíbula.

La condescendencia de Alberto era casi tan irritante como la propia Camila.

—Ella es más resistente de lo que anticipamos.

Ha cambiado.

—No me interesan tus análisis psicológicos, Julián.

Me interesa el control.

La empresa familiar debe permanecer unida y predecible.

Camila es una pieza clave en el futuro que he diseñado, y ahora mismo, se está moviendo por el tablero de forma errática.

Tu trabajo era guiarla.

Encauzarla.

Si no puedes hacerlo por las buenas… tendrás que encontrar otra manera.

La amenaza estaba clara.

La alianza de Julián con Alberto Montalbán no se basaba en la amistad, sino en la utilidad.

Si Julián dejaba de ser útil, sería descartado.

—Entendido —dijo Julián, su voz gélida—.

Me ocuparé de ello.

Personalmente.

Colgó, su mente ya trabajando, descartando las tácticas fallidas y formulando una nueva estrategia.

Los ataques indirectos eran inútiles.

Tenía que ir al origen.

Tenía que entender por qué Camila había cambiado tan drásticamente.

El cambio de carrera, la nueva actitud desafiante, la alianza con la hija de Alejandro de la Torre… todo había empezado al inicio del año.

No era una evolución.

Era una revolución.

Como si alguien hubiera accionado un interruptor.

Llamó a su investigador privado.

—Olvida a sus amigos —ordenó Julián en cuanto el hombre respondió—.

Quiero que te centres en ella.

En Camila.

Necesito su vida entera bajo un microscopio.

Sus notas, sus horarios, sus gastos… todo.

Pero sobre todo, quiero que busques una debilidad.

Un secreto.

Algo que no encaje.

Algo que podamos usar.

Nadie es perfecto.

Todo el mundo tiene una sombra.

Quiero que encuentres la suya.

Colgó el teléfono y dio un sorbo a su whisky.

El calor del licor no hizo nada para disipar el hielo de su interior.

El juego había cambiado.

Ya no se trataba de controlar a Camila.

Se trataba de desarmarla.

De encontrar esa única pieza de su pasado o de su presente que, si la quitaba, haría que todo su mundo se derrumbara.

Y Julián era muy, muy paciente.

Sabía que cada santo tiene un pasado y cada pecador tiene un futuro.

En algún punto de la vida de Camila Montalbán, debía haber un error.

Un fallo.

Una grieta.

Y él la encontraría.

Aunque tuviera que destrozar el muro entero para hacerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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