La Sombra que Fui - Capítulo 24
- Inicio
- Todas las novelas
- La Sombra que Fui
- Capítulo 24 - 24 El periodista y el fantasma
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
24: El periodista y el fantasma 24: El periodista y el fantasma El búnker de guerra en la biblioteca fue reactivado, pero esta vez, la misión era real.
La fotografía del misterioso señor Ferrer estaba en el centro de la mesa, un rostro del pasado que se había convertido en su única esperanza.
Camila había reunido a su equipo de confianza: Lucía, Teo y David.
Ana, la experta en patentes, no fue convocada; Camila quería limitar el círculo de exposición al mínimo indispensable.
Sofía, por su propia seguridad, también se mantuvo al margen.
—Bien, equipo.
El Proyecto Centurión sigue en marcha, pero hoy tenemos una prioridad diferente —comenzó Camila, su tono dejando claro que no era un juego—.
Este hombre es nuestro nuevo objetivo.
Les explicó la situación en términos generales, sin entrar en los detalles más oscuros sobre las amenazas o el posible lavado de dinero.
Les dijo que Ferrer era un antiguo socio comercial de su abuelo y del padre de Sofía, y que creía que su testimonio podría aclarar «irregularidades» en la fundación de la Corporación Montalbán.
Era una verdad a medias, suficiente para justificar la investigación sin ponerlos en un peligro innecesario.
—El nombre es Ferrer.
No tenemos iniciales.
La foto es de hace unos veinte años.
Nuestro trabajo es identificarlo y encontrarlo —dijo Camila, adoptando el rol de directora de operaciones.
David, el investigador del grupo, se frotó las manos con entusiasmo.
—Esto es mejor que cualquier caso de estudio.
¿Por dónde empezamos?
—Listas de asistentes a eventos de caridad de la época.
Registros mercantiles de empresas asociadas a Montalbán en sus primeros años.
Archivos de periódicos sobre el «Proyecto San Carmelo».
Tienes acceso a las bases de datos de la universidad, que son más potentes de lo que la gente cree.
Busca cualquier mención al apellido Ferrer conectado con el mundo empresarial de esa década.
David asintió, ya abriendo su portátil, sus dedos volando sobre el teclado.
Camila se giró hacia Teo.
—Tú tienes una memoria casi fotográfica para las cosas que lees.
Piensa.
En todos tus años de lectura de periódicos y revistas viejas, ¿te suena una historia sobre un empresario llamado Ferrer que tuviera una caída repentina?
Teo cerró los ojos, concentrándose.
Su mente era un archivo caótico pero sorprendentemente eficiente.
—Ferrer… Ferrer… El nombre me suena, pero no lo asocio con Montalbán.
Lo asocio con… un escándalo.
Bancarrota.
Algo feo.
A finales de los 90.
—Eso encaja con la cronología —dijo Camila, animada.
Mientras David se perdía en las profundidades de las bases de datos, Teo empezó a buscar en hemerotecas digitales, introduciendo palabras clave: «Ferrer», «bancarrota», «escándalo», «finales de los 90».
Lucía, que había estado observando el proceso con su habitual escepticismo, se cruzó de brazos.
—¿Y qué hago yo, jefa?
¿Interrogo a las estatuas del campus?
—Tú eres mis ojos y mis oídos —respondió Camila con seriedad—.
Quiero que prestes atención a Julián.
No de forma obvia.
Solo observa.
Con quién habla, si parece más tenso de lo normal, si menciona algo, cualquier cosa, que suene fuera de lugar.
Después de lo de Teo, no me fío un pelo.
Está tramando algo, y necesito saber qué antes de que nos explote en la cara.
Lucía asintió, su expresión endureciéndose.
Vigilar a Julián era una tarea que aceptaba con gusto.
Pasaron dos horas en un silencio concentrado, roto solo por el tecleo furioso de David y el murmullo ocasional de Teo mientras leía titulares antiguos en voz baja.
—¡Lo tengo!
—exclamó David de repente, haciendo que todos se sobresaltaran.
Giró su portátil—.
Ronaldo Ferrer.
Fundador y CEO de «Ferrer Construcciones».
Una de las empresas de construcción de tamaño medio más prometedoras de su época.
En la pantalla apareció una vieja foto de perfil corporativo.
Era el mismo hombre de la fotografía de Sofía, solo que más joven y con una sonrisa llena de confianza.
—¿Qué le pasó?
—preguntó Camila, inclinándose sobre la pantalla.
—Aquí es donde se pone interesante —dijo David—.
Su empresa creció de forma exponencial durante dos años, consiguiendo contratos muy lucrativos.
Luego, de la noche a la mañana, colapsó.
Se declaró en bancarrota en 1998.
Hubo acusaciones de fraude, deudas masivas con proveedores, proyectos inacabados… Un desastre.
—Justo después de la salida de Alejandro de la Torre de la Corporación —murmuró Camila, conectando los puntos.
Su tío no solo había sacado al socio de su padre del juego.
Había destruido a uno de sus aliados.
—Hay más —dijo Teo, levantando la vista de su propia pantalla—.
¡Lo sabía!
¡Recordaba haber leído sobre esto!
—Señaló un artículo que había encontrado—.
Es un reportaje de investigación de un periódico local que ya no existe, «La Voz de la Ciudad».
El titular dice: «El Castillo de Naipes de Ronaldo Ferrer: ¿Mala Gestión o Sabotaje?» El artículo era un análisis profundo de la caída de Ferrer Construcciones.
Sugería que la bancarrota no había sido un simple fracaso empresarial.
Hablaba de la retirada repentina de un inversor clave y anónimo, de una campaña de desprestigio en los medios y de problemas logísticos que parecían deliberadamente orquestados.
—Esto huele a mi tío por todas partes —dijo Camila, su voz cargada de ira—.
Es su modus operandi.
Destrucción total y silenciosa.
—Pero lo más interesante no es la historia en sí, Cami —dijo Teo, sus ojos brillando con la emoción de un descubrimiento—.
Es quién la escribió.
Mira la firma.
Camila se inclinó para leer el pequeño texto al final del artículo.
Era un nombre que no le decía nada.
«Por Adrián Soto».
—¿Adrián Soto?
—preguntó ella.
—Sí.
En esa época era un novato, un periodista joven y ambicioso que se atrevía a hacer las preguntas que nadie más hacía —explicó Teo, que como un verdadero friki de los medios, conocía la trayectoria de muchos periodistas—.
Este artículo fue uno de los primeros que le dio notoriedad.
Hoy en día, es un periodista de investigación freelance.
Una especie de lobo solitario.
Muy bueno, muy cínico y con una reputación de ser una auténtica pesadilla para los corruptos.
Una nueva puerta se había abierto.
Una puerta que Camila no había anticipado.
—Si este Adrián Soto investigó la caída de Ferrer hace veinte años, quizás encontró algo que no pudo publicar.
Quizás habló con el propio Ferrer.
Quizás sepa dónde está —dijo, su mente ya formulando un nuevo plan.
—Contactar con él es arriesgado —advirtió David—.
Es un periodista.
Si huele una historia, no la soltará.
Y la historia de la familia Montalbán es una muy, muy grande.
Podría salirse de control.
—Lo sé —convino Camila.
El riesgo era enorme.
Exponerse a un periodista impredecible era como jugar con fuego.
Pero la pista de Ferrer se estaba enfriando.
Necesitaban un nuevo impulso.
Por ahora, sin embargo, la identidad de Adrián Soto era una carta que guardaría en la manga.
Una opción peligrosa para usar solo si todo lo demás fallaba.
—Buen trabajo, equipo —dijo, cerrando su cuaderno—.
Ahora sabemos quién es nuestro fantasma.
El siguiente paso es encontrarlo.
David, céntrate en los últimos registros públicos de Ronaldo Ferrer: propiedades, posibles familiares, última dirección conocida.
Mientras se dispersaban, Camila se quedó mirando el nombre de Adrián Soto en la pantalla.
Un periodista.
Un lobo solitario que odiaba a los corruptos.
En su vida anterior, le habrían enseñado a verlo como un enemigo, una amenaza para la corporación.
Pero en esta nueva vida, donde sus enemigos eran su propia familia, las viejas reglas ya no aplicaban.
Quizás, solo quizás, el enemigo de su enemigo podría ser su más poderoso e inesperado aliado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com