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La Sombra que Fui - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 El contraataque de Julián
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26: El contraataque de Julián 26: El contraataque de Julián El correo a Adrián Soto había sido enviado.

Camila sabía que la respuesta, si llegaba, podría tardar días, incluso semanas.

Mientras esperaba en ese limbo de incertidumbre, la guerra simulada del Proyecto Centurión volvió al primer plano con una ferocidad renovada.

Julián había permanecido en silencio durante casi una semana después del fiasco de la acusación contra Teo.

Su equipo de ataque no había hecho ningún movimiento público, una quietud que a Camila le parecía más amenazadora que cualquier agresión abierta.

Sabía que no estaba inactivo; estaba recargando, reajustando su estrategia.

El contraataque llegó un martes por la mañana, y no fue a través de un rumor, sino de un golpe directo y brutal.

Todos los estudiantes de la clase del profesor Márquez recibieron un correo electrónico.

No era del profesor, sino un boletín informativo simulado, creado por el equipo de Julián, imitando el estilo de una prestigiosa publicación financiera.

El diseño era impecable, el lenguaje profesional, y el titular era una daga envenenada: «Crisis de Liderazgo en TechCore: ¿Está su Capitana Hundiendo el Barco?».

El artículo, anónimo pero claramente escrito con la pluma afilada de Julián, era una obra maestra de la manipulación.

No contenía mentiras flagrantes, lo que lo hacía aún más peligroso.

Usaba verdades a medias y las retorcía para crear una narrativa de incompetencia.

Mencionaba la estrategia del «caballero blanco» de Camila, pero no como una jugada defensiva astuta, sino como una «táctica desesperada y engañosa que ha creado incertidumbre en el mercado».

Citaba fuentes «cercanas a la compañía» (es decir, miembros del propio equipo de Julián) que expresaban su «preocupación» por el liderazgo «errático e inexperto» de Camila.

Pero el golpe más bajo estaba en el último párrafo.

«Fuentes internas sugieren que la CEO interina, Camila Montalbán, ha estado notablemente distraída, dedicando más tiempo a asuntos personales y a la defensa de asociados en polémicas académicas que a la protección del valor para los accionistas.

En un momento crítico en que la empresa se enfrenta a una oferta de adquisición generosa por parte de Apex, la pregunta que todos se hacen es: ¿está Montalbán realmente capacitada para liderar, o es su apellido su única cualificación?» El ataque era doble.

Por un lado, desacreditaba su liderazgo en el juego.

Por otro, y mucho más personal, traía a colación el incidente de Teo y usaba su propio apellido contra ella, insinuando que era una niña rica jugando a ser empresaria.

Camila leyó el correo en su tablet, sentada en la cafetería.

Sintió la sangre subirle a las mejillas.

El ataque era tan personal, tan cruelmente preciso, que por un momento le costó respirar.

Sintió las miradas de otros estudiantes sobre ella, susurrando, comentando el boletín.

—Maldito cobarde —masculló Lucía, leyendo por encima de su hombro—.

No se atreve a atacarte por lo de Teo directamente, así que lo disfraza de análisis financiero.

—Es más que eso —dijo Camila, su ira inicial solidificándose en una fría determinación—.

Está creando una narrativa.

Si la gente cree que soy una líder débil, mi equipo dudará.

Si mi equipo duda, cometeremos errores.

Y él estará allí para capitalizarlos.

Justo en ese momento, Teo, David y Ana llegaron a la mesa, sus rostros una mezcla de indignación y preocupación.

—No hagas caso, Cami —dijo Teo inmediatamente—.

Es basura.

Pura propaganda.

—Pero la gente lo lee —dijo Ana en voz baja, mirando a su alrededor con nerviosismo—.

La gente lo cree.

—Ha envenenado el pozo —añadió David—.

Ahora, cualquier movimiento que hagamos será interpretado a través del filtro de este artículo.

Si somos agresivos, dirán que estamos desesperados.

Si somos cautelosos, dirán que somos débiles.

Julián los había atrapado en una trampa narrativa.

Camila cerró la tablet con un gesto decidido.

—No.

No nos ha atrapado.

Nos ha dado una oportunidad.

Todos la miraron, confundidos.

—Él espera que respondamos a esto —explicó Camila, su mente estratégica tomando el control—.

Espera que publiquemos nuestro propio boletín, que neguemos sus acusaciones.

Espera que nos pongamos a la defensiva.

Y mientras estamos ocupados gestionando una crisis de relaciones públicas, él lanzará su verdadera ofensiva: una oferta formal que no podremos ignorar.

—Entonces, ¿qué hacemos?

¿Lo ignoramos?

—preguntó Teo.

—Peor —dijo Camila, y una sonrisa peligrosa, la primera en toda la mañana, se dibujó en sus labios—.

Vamos a darle la razón.

Hizo una pausa para asegurarse de que tenía la atención de todos.

—Vamos a dejar que todo el mundo crea que estamos distraídos, que somos incompetentes.

Vamos a filtrar un nuevo rumor: que nuestro «caballero blanco» europeo se ha echado atrás.

Dejaremos que Julián y toda la clase crean que su artículo nos ha destrozado, que estamos en modo pánico.

—¿Estás loca?

—soltó Lucía—.

¡Eso es un suicidio!

Julián se abalanzará sobre nosotros.

—Exacto —confirmó Camila, sus ojos brillando con una luz febril—.

Se abalanzará.

Confiará en su victoria.

Se volverá arrogante.

Y un depredador arrogante es un depredador descuidado.

Mientras él celebra su supuesta victoria psicológica, nosotros prepararemos nuestra verdadera contraofensiva.

Una que no verá venir porque estará demasiado ocupado leyendo su propia propaganda.

Miró a su equipo, uno por uno.

—Él cree que ha atacado nuestro liderazgo.

No se da cuenta de que acaba de atacar a nuestra familia.

Y eso es un error que le va a costar muy, muy caro.

Ahora, al búnker.

Tenemos que diseñar la trampa más ingeniosa que esta facultad haya visto jamás.

Se levantaron, dejando atrás los susurros y las miradas.

Camila caminaba al frente, ya no como una víctima acorralada, sino como una general reagrupando a sus tropas después de ceder un territorio estratégico.

Había absorbido el golpe más duro de Julián y, en lugar de romperse, lo estaba convirtiendo en un arma.

Mucho más tarde esa noche, después de horas de planificación con su equipo, Camila regresó a su apartamento.

El agotamiento mental era profundo, pero se sentía energizada por el desafío.

Dejó sus libros sobre el escritorio y se dirigió a la cocina a por un vaso de agua.

Al volver a su habitación, se detuvo en seco en el umbral.

Algo estaba fuera de lugar.

Un escalofrío helado le recorrió la espalda.

No era nada obvio, nada que un ladrón hubiera hecho.

La ventana estaba cerrada, sus cosas de valor intactas.

Era algo pequeño.

Ínfimo.

Una de las fotografías de los documentos de Alejandro de la Torre, la que contenía la lista de los «Inversores Fantasma», no estaba donde la había dejado, oculta bajo una pila de libros de texto.

Ahora estaba sobre el escritorio, perfectamente alineada con el borde.

Sola.

Aislada.

No era un robo.

No era vandalismo.

Era un mensaje.

Alguien había estado en su habitación.

Alguien que sabía exactamente qué estaba buscando.

Alguien que no solo quería hacerle saber que podía entrar, sino que también conocía la pieza más importante de su investigación.

Su corazón martilleaba contra sus costillas, no de miedo, sino de una furia gélida.

Miró a su alrededor, a las sombras de su propio santuario, ahora profanado.

¿Había sido Julián?

¿O alguien más?

El mensaje era claro: «Te estamos observando.

Y estamos mucho más cerca de lo que crees».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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