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La Sombra que Fui - Capítulo 29

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  4. Capítulo 29 - 29 Una sombra en el espejo
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29: Una sombra en el espejo 29: Una sombra en el espejo La presentación intermedia del Proyecto Centurión se llevó a cabo en el auditorio principal de la facultad, no solo ante el profesor Márquez, sino ante toda la clase y varios profesores invitados.

Era un evento, un espectáculo diseñado para medir el temple de los futuros abogados corporativos.

La atmósfera estaba cargada de electricidad.

El equipo de Julián, Apex, presentó primero.

Su exposición fue impecable.

Mostraron gráficos, proyecciones financieras y un plan de adquisición que era, en la superficie, agresivo pero justo.

Julián actuó como el perfecto CEO: confiado, carismático y con un dominio absoluto de los datos.

Luego, fue el turno del equipo de Camila.

Camila subió al estrado, sintiendo el peso de las expectativas.

Sabía que su jugada de la «Defensa Pac-Man» los había puesto de nuevo en el mapa, y ahora necesitaban demostrar que no había sido un golpe de suerte.

—Nuestra estrategia no se basa en el miedo, sino en la fortaleza —comenzó, su voz clara y firme resonando en el auditorio—.

No nos oponemos al crecimiento, sino a la aniquilación.

Por eso, nuestra siguiente fase es la «Defensa de la Corona».

Con la ayuda de David y Ana, desglosó el plan.

Explicó cómo habían identificado los activos más valiosos de TechCore, las «joyas de la corona», principalmente su innovadora división de Investigación y Desarrollo.

Detalló cómo, en caso de que la OPA hostil de Apex avanzara, tenían un acuerdo preliminar para vender esta división a un «tercero de confianza», protegiendo así la tecnología y haciendo que la adquisición de la empresa vacía fuera inútil para Apex.

Era una estrategia sólida, la opción nuclear que demostraba que estaban dispuestos a todo para sobrevivir.

Camila podía sentir cómo la sala se inclinaba a su favor.

Incluso el profesor Márquez asentía con aprobación.

Cuando terminó la presentación, llegó el turno de las preguntas.

Julián se levantó, no desde su asiento, sino desde el pasillo, tomando el centro del escenario.

No parecía un estudiante haciendo una pregunta; parecía un fiscal a punto de interrogar a un testigo hostil.

—Una presentación fascinante, Camila.

Realmente admirable —comenzó, su voz goteando falsa admiración—.

La «Defensa de la Corona» es una táctica clásica.

Pero toda defensa, por muy clásica que sea, depende de la fortaleza de esas joyas.

Y me temo que las joyas de TechCore no son tan brillantes como nos quieren hacer creer.

Hizo una señal a uno de los miembros de su equipo, quien proyectó un nuevo gráfico en la pantalla gigante detrás de Camila.

—Nos hemos tomado la libertad de hacer un análisis de riesgo independiente sobre la división de I+D de TechCore —continuó Julián, su voz volviéndose más cortante—.

Y hemos descubierto algo… preocupante.

Su principal proyecto, un nuevo algoritmo de IA, se basa en una serie de patentes que, según nuestros expertos legales, son extremadamente vulnerables a litigios.

En la pantalla aparecieron extractos de documentos legales, cláusulas complejas, precedentes de otros casos.

Era un análisis tan detallado y específico que dejó a Camila sin aliento.

—De hecho —prosiguió Julián, como un tiburón que huele sangre—, hemos identificado al menos tres competidores que podrían demandar a TechCore por infracción de patentes en cuanto este nuevo algoritmo salga al mercado.

Una demanda que podría costarles cientos de millones.

—Se giró hacia el público—.

Así que, la joya de la corona de la que habla el equipo de Camila no es una joya.

Es una bomba de tiempo.

Una responsabilidad legal que haría que cualquier «tercero de confianza» huyera despavorido.

Su estrategia de defensa, damas y caballeros, se basa en un engaño.

Un engaño muy caro y muy peligroso.

El silencio en el auditorio fue sepulcral.

Camila se quedó paralizada en el estrado.

El ataque de Julián era demasiado preciso.

Demasiado bien investigado.

Había apuntado directamente al corazón de su estrategia, usando un nivel de detalle que no podría haber obtenido con una simple investigación externa.

Era el tipo de vulnerabilidad que solo alguien desde dentro podría conocer, el tipo de análisis de riesgo que Ana había preparado para ellos en sus reuniones privadas.

Miró a su equipo, sentados en la primera fila.

Teo la miraba con horror.

David estaba pálido, revisando frenéticamente sus notas.

Ana tenía la boca abierta, incrédula.

Y Leo… Leo no la miraba.

Tenía la vista clavada en el suelo, su rostro una máscara de culpa y miseria.

En ese instante, Camila lo supo.

Como un cristal que se rompe en cámara lenta, comprendió lo que había pasado.

La precisión del ataque.

La información específica.

La mirada huidiza de Leo.

Todo encajó en una imagen nauseabunda y dolorosa.

Había una fuga.

Había un traidor en su equipo.

Julián terminó su intervención con una sonrisa de depredador satisfecho.

Había destruido su argumento, había humillado a Camila frente a todos y había expuesto su estrategia como un castillo de naipes.

El profesor Márquez carraspeó, rompiendo la tensión.

—Gracias, señor Ortega, por su… perspicaz análisis.

Equipo de Defensa, ¿tienen alguna réplica?

Pero Camila no podía hablar.

Estaba mirando el reflejo distorsionado de su equipo en la pulida superficie del atril.

Veía sus rostros conmocionados, confundidos.

Y entre ellos, vio una sombra.

Una grieta en el espejo de confianza que había construido con tanto esmero.

La sombra que fue, la Camila traicionada por Julián años en el futuro, le susurró al oído.

«¿Ves?

La historia siempre encuentra la forma de repetirse.

La traición es el lenguaje que mejor entienden».

Sacudió la cabeza, intentando disipar la voz.

—No… no tenemos réplica en este momento, profesor —logró decir, su propia voz sonando lejana.

La presentación terminó en un fracaso humillante.

Mientras recogían sus cosas en un silencio incómodo, Camila evitó mirar a Leo.

No podía enfrentarse a él.

No todavía.

El dolor de la traición era demasiado fresco, demasiado parecido al que ya había sentido una vez.

Esa noche, no se fue a casa.

Caminó sin rumbo por las calles frías y desiertas del campus.

La victoria de Teo, la alianza con Sofía, la lealtad de su equipo… todo parecía ahora frágil, contaminado.

Se detuvo frente a un gran ventanal de un edificio vacío y miró su propio reflejo.

Vio a una joven con los ojos llenos de una furia y una tristeza antiguas.

Se había prometido a sí misma no volver a ser la víctima, no volver a confiar ciegamente.

Y, sin embargo, aquí estaba de nuevo, apuñalada por la espalda, no por un enemigo, sino por alguien a quien había intentado proteger.

Julián no solo la había derrotado en un juego.

Le había recordado su mayor debilidad: su tendencia a creer en la gente.

Y mientras se miraba a sí misma, a la sombra en el espejo, se hizo una nueva promesa.

Una mucho más oscura que la anterior.

Se acabaron las segundas oportunidades.

Se acabó la confianza.

Si quería ganar esta guerra, tendría que volverse tan despiadada como ellos.

O incluso más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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