La Sombra que Fui - Capítulo 32
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32: La prueba de fuego 32: La prueba de fuego Camila salió del callejón de «El Gato Negro» y respiró el aire frío de la noche como si fuera la primera vez.
El encuentro con Adrián la había dejado con un sabor a ceniza y acero en la boca.
Había sido humillante, sí.
La había tratado como a una aficionada, una niña jugando a un juego de adultos.
Pero bajo la capa de cinismo y desprecio, Camila había visto algo más: un hambre de verdad tan voraz como la suya.
Él no quería rumores ni historias del pasado.
Quería un crimen actual.
Quería una prueba de que ella era quien decía ser: alguien con acceso.
Le había puesto una prueba imposible, esperando que fallara.
Pero Camila tenía una ventaja que nadie en el mundo podía anticipar.
Tenía el guion del futuro.
Durante los dos días siguientes, se sumergió en los rincones más oscuros de su memoria, buscando en el calendario de su vida pasada.
Buscaba un evento lo suficientemente pequeño como para que nadie lo viera venir, pero lo suficientemente significativo como para causar un daño real a la reputación de la Corporación Montalbán.
Y entonces, lo recordó.
En su vida anterior, aproximadamente una semana después de esta fecha, un pequeño periódico local había publicado una nota breve sobre una de las subsidiarias de Montalbán, una planta química llamada «Quim-Tec».
La nota hablaba de una multa menor por «irregularidades en el vertido de residuos».
En ese momento, Julián, que ya era un joven y prometedor asociado del equipo legal, se había jactado ante ella de cómo había «gestionado» el problema.
Había convencido a un inspector de bajo nivel para que catalogara una fuga tóxica grave como una simple «irregularidad», pagando una multa simbólica a cambio de que la historia muriera antes de nacer.
El escándalo real nunca vio la luz del día.
Pero esta vez, sí lo haría.
El desafío era obtener las pruebas antes de que ocurriera la inspección oficial.
Necesitaba documentos internos.
Aquí es donde su nueva y frágil red de alianzas se puso a prueba.
No podía pedirle a David que hackeara los servidores de Montalbán; era demasiado arriesgado y cruzaría una línea legal que aún no estaba dispuesta a saltar.
Pero recordó algo más: el padre de Ana, la tímida experta en patentes de su equipo, trabajaba como ingeniero de mantenimiento en Quim-Tec.
Era un hombre de bajo perfil, a punto de jubilarse.
Se reunió con Ana en la biblioteca, lejos de los oídos de los demás.
La situación era delicada.
—Ana, necesito pedirte un favor enorme y potencialmente peligroso —comenzó Camila, su voz seria y directa—.
No tiene que ver con el Proyecto Centurión.
Es algo real.
Le explicó, sin dar todos los detalles, que tenía razones para creer que Quim-Tec estaba ocultando una violación medioambiental.
—Necesito una copia de los informes de mantenimiento internos de las últimas semanas.
Específicamente, los relacionados con el tanque de almacenamiento secundario T-12.
No le digas a tu padre por qué es.
Solo dile que es para un caso de estudio universitario sobre protocolos de seguridad industrial.
Ana palideció.
Entendía perfectamente lo que Camila le estaba pidiendo: que involucrara a su padre en algo que podría costarle su trabajo, o algo peor.
—Camila, mi padre… él nunca ha hecho nada malo.
Ha trabajado allí treinta años.
—Y no lo hará ahora —la tranquilizó Camila, poniendo una mano sobre la suya—.
No le pido que robe nada.
Esos informes son accesibles para él.
Solo necesito una copia.
Te juro, Ana, que su nombre nunca aparecerá.
Esto es para exponer a la gente de arriba, a los que dan las órdenes de ocultar estas cosas, no a los trabajadores.
Vio la duda y el miedo en los ojos de Ana.
Era la misma prueba de lealtad que ella misma estaba experimentando a otra escala.
—Confía en mí, Ana.
Como yo confío en ti —añadió, su mirada firme y sincera.
Tras un largo silencio, Ana asintió lentamente.
—Lo intentaré.
Cuarenta y ocho horas después, un sobre manila apareció discretamente en el casillero de Camila.
Dentro, había copias de varias páginas de informes técnicos, llenos de cifras y acrónimos.
Pero Camila, que en su vida pasada había revisado cientos de informes similares, supo exactamente qué buscar.
Y allí estaba.
Una nota escrita a mano por un supervisor en el informe del tanque T-12: «Microfisura detectada en la junta 3.
Nivel de fuga mínimo, pero constante.
Se recomienda vaciado y reparación inmediata.
Notificado a Gerencia».
La fecha era de hacía tres días.
Debajo, en el informe del día siguiente, otra nota: «Gerencia ordena continuar operaciones.
Monitorear nivel de fuga.
No registrar como incidencia crítica hasta nueva orden».
Era la prueba irrefutable.
La orden de encubrimiento venía desde arriba.
Con el corazón latiéndole con fuerza, Camila escaneó los documentos.
Creó una nueva dirección de correo electrónico anónima y redactó un mensaje para Adrián Soto.
Asunto: El crimen actual que pediste.
Adjunto encontrarás los informes de mantenimiento internos de la planta Quim-Tec, una subsidiaria de Corporación Montalbán.
Demuestran una fuga activa de residuos tóxicos que está siendo deliberadamente ocultada por la gerencia.
La inspección oficial está programada para dentro de dos días.
El plan es sobornar al inspector para que lo catalogue como una falta menor.
Tienes 48 horas para reventar la historia antes de que la entierren para siempre.
¿Esto es suficientemente nuevo para ti?
Presionó «Enviar».
Los dos días siguientes fueron una tortura.
Camila intentó concentrarse en sus clases, en el Proyecto Centurión, pero su mente estaba en otra parte.
¿Respondería Adrián?
¿La creería?
¿O pensaría que era una trampa?
La respuesta llegó la mañana del tercer día.
No fue un correo electrónico.
Fue un terremoto.
Lucía fue la primera en enterarse.
Entró corriendo en la cafetería donde Camila estaba desayunando, su teléfono en la mano, sus ojos abiertos como platos.
—Cami, tienes que ver esto.
En la pantalla del teléfono, la portada de «El Centinela Digital», uno de los diarios online más influyentes del país, mostraba un titular enorme y devastador: «ESCÁNDALO EN MONTALBÁN: Subsidiaria Química Acusada de Ocultar Fuga Tóxica.
Documentos Internos Revelan Encubrimiento Deliberado».
El artículo, firmado por Adrián, era una bomba.
Citaba los informes internos, detallaba los riesgos para el medio ambiente y la salud pública, y acusaba directamente a la gerencia de Quim-Tec y, por extensión, a la cúpula de la Corporación Montalbán, de una negligencia criminal.
La historia se estaba volviendo viral.
Las acciones de Montalbán, que se podían seguir en tiempo real, empezaban a caer.
Camila sintió una oleada de poder tan intensa que la mareó.
Había funcionado.
Había lanzado una piedra y había provocado una avalancha.
Mientras Lucía leía fragmentos del artículo en voz alta, el teléfono de Camila vibró.
Era un correo de la dirección encriptada que había usado Adrián.
No había saludo.
No había texto en el cuerpo del mensaje.
Solo una palabra.
Dónde.
Camila cerró los ojos, una sonrisa lenta y peligrosa dibujándose en sus labios.
Ya no era una fuente anónima.
Ya no era una aficionada.
Acababa de demostrarle al lobo más cínico de la ciudad que ella también sabía cazar.
Y ahora, él quería conocerla.
El juego real estaba a punto de comenzar.
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