La sombra que me mira - Capítulo 11
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11: La cita 11: La cita La semana de vacaciones pasó y todos se vieron obligados a volver a clase.
Anna ya había obtenido el alta y se encontraba justo en la puerta, esperando a que Noxel llegara.
—¿Cómo estás, Anna?
—Ya estoy bien, los médicos me han dicho que ya puedo hacer vida normal.
—Me alegro mucho; deberíamos llegar ya si no queremos llegar tarde.
—Vale, vamos.
Noxel se había percatado de que a Anna se le había quedado una cicatriz en forma de zarpas en el hombro.
Por un momento se sintió culpable de no haberla podido proteger, pero este sentimiento se disipó por uno de felicidad al ver que, a pesar de sus cicatrices, ella seguía sonriendo.
Una vez en clase, el profesor Julius comenzó a hablar.
—A partir de ahora, todos vosotros podréis participar en incursiones de portales de nivel 1.
Una vez que hayáis logrado cerrar seis portales, os graduaréis.
—¿Por qué de repente nos ponen esta condición para graduarnos?
—Esta condición no es nueva, solo que debido al gran desempeño que tuvisteis en el accidente de la semana pasada decidimos adelantar esta noticia, para que os podáis graduar antes.
—¿Qué pasa si aún no estamos listos para realizar incursiones?
—No pasará nada, cada alumno puede realizar las incursiones en el momento que quiera, pero personalmente recomiendo que las hagan con sus compañeros.
A la mayoría de la clase no le gustaba esta noticia, le parecía una estafa para que hicieran el trabajo de cazadores de forma gratuita; al menos esta era su opinión hasta que uno de ellos preguntó: —Si vamos a cerrar portales, ¿se nos pagará por nuestro trabajo o espera que hagamos esto gratis?
—Se os pagará como cazadores normales y también podréis pedir a algún equipo de investigación o tecnología que os creen armas personales para entrar en los portales.
Justo después de eso, las caras de los alumnos se iluminaron; los portales de nivel 1 no daban demasiado dinero a la mayoría de cazadores, pero para los alumnos la suma era bastante decente, y que cobraran por cerrar portales también significaba que el gobierno les pagaría por el incidente del cambiaformas.
Una vez terminaron las clases, Noxel y Anna hablaron tranquilamente sobre lo que harían con el dinero.
Noxel se compraría equipo para poder realizar incursiones de forma más fácil, mientras que Anna no sabía qué hacer con él.
—Deberías gastártelo en una armadura o algo por el estilo, así evitamos que te salieran más cicatrices.
—Las cicatrices me dan igual; además, sería estúpido que me comprase una armadura cuando mi habilidad es curarme y crear escudos de energía.
—Tienes razón, pero también es buena idea reforzar tus fortalezas.
—Puede ser.
¿Por qué no vamos este sábado de compras y lo decidimos allí?
—¿Acaso me estás invitando a una cita?
—Puede ser.
El sábado llegó antes de lo esperado.
Noxel estaba esperando a Anna al lado de una gran fuente en el centro comercial cuando alguien le tapó los ojos por la espalda.
—¿Quién soy?
—preguntó Anna en un tono coqueto.
—Anna, no tiene gracia que preguntes eso si he quedado contigo; ya voy a saber que eres tú.
—Le quitas lo divertido a la vida.
Una vez que estuvieron juntos, fueron a la armería; esta era bastante simple, con un toque rústico que resaltaba sobre las demás tiendas.
—Hola, bienvenidos.
¿Qué desean?
—Nos gustaría mirar un poco y ya decidiremos lo que nos llevamos.
—Por cierto, Anna, ¿cuál es tu presupuesto?
—Me dieron 3000 uros por los inconvenientes, pero solo planeo gastar 2000.
¿Y a ti?
—Me han dado lo mismo.
Por cierto, al final, ¿qué vas a comprar?
—Probablemente una batería de energía interna; mi habilidad gasta demasiada, la recargaré cuando tenga tiempo libre, y quizás unos guantes para el combate cuerpo a cuerpo.
¿Y tú?
—Una wakizashi.
Después de un rato de observar diferentes armas, Anna se fijó en unos guanteletes rojos que cubrían todo su antebrazo; le fascinaron tanto que se los compró sin pensárselo dos veces, hasta que escuchó la voz de Noxel.
—¿Por qué no en vez de comprarte los guanteletes y la batería, simplemente que te modifiquen los guantes y te incrusten las baterías a ellos?
—Lo haría, pero la modificación cuesta 500 uros más y no puedo gastar más.
—No te preocupes, yo te pago la modificación; total, no sabía qué hacer con lo que me iba a sobrar.
—Te lo agradezco muchísimo.
—Dijo Anna con una cara completa de felicidad y satisfacción.
Después de que tuvieron claro lo que querían, se acercaron al mostrador y empezaron a pedir.
—Me llevaré estos guantes, pero me gustaría que le incrustaran baterías de energía interna.
¿Es posible?
—Por supuesto, el pedido tardará un tiempo, pero le avisaremos cuando lo tengamos listo.
¿Y qué desea usted, señor?
—Me gustaría una ko-wakizashi modificada, quiero que sea capaz de producir fuego y también me gustaría que modificaran mi katana para que pudiese hacer lo mismo.
—Perfecto, lo tendremos listo todo aproximadamente dentro de una semana; le avisaremos a usted y a su pareja para que puedan venir a recogerlo.
—¡No somos pareja!
—gritó Anna antes de salir corriendo de la tienda con la cara sonrojada.
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