La sombra que me mira - Capítulo 20
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20: Nuevos compañeros.
20: Nuevos compañeros.
Noxel se encontraba pensando en cómo mejorar; tenía que volverse más fuerte si quería sobrevivir las próximas incursiones.
No, no bastaba con sobrevivir; tenía que volverse lo suficientemente fuerte como para proteger a los demás.
—Si Anna no me quiere enseñar a controlar mi flujo, aprenderé yo solo.
—Muy bien, genio autodidactico, ¿cómo planeas aprender a controlar tu flujo?
—Aún no lo sé, pero aprenderé.
Espera.
—En ese momento, Noxel recordó que Eco era su deseo y los deseos estaban estrechamente relacionados con la energía interna.
—Tú puedes enseñarme a usar mi flujo.
—¿Por qué supones que sé cómo funciona el flujo?
—Eres mi deseo y los deseos están relacionados con la energía interna, eso significa que algo debes saber.
—¿Y por qué te lo diría?
¿Qué gano yo con eso?
—Me ayudaría a sobrevivir.
Recuerda que si yo me muero, tú también.
—Correré el riesgo; además, si te puedo ver morir, no tengo problemas en seguirte a la tumba.
—Está bien, si nadie quiere ayudarme, lo haré solo.
Derroté a un cambiaformas sin ayuda; esto no debe ser un gran problema.
En efecto, fue un gran problema; después de horas y horas de intentarlo, no sentía nada, no lograba descifrar cómo Anna pudo hacerlo y se sentía cada vez más frustrado.
Al final del día, el único avance que Noxel consiguió fue un gran dolor de cabeza y un cúmulo de frustración.
(¿Cómo mierda lo hará Anna?) Después de un par de días de intentarlo, decidió que no valía la pena y buscó otra manera de mejorar.
Quizás un poco de equipamiento le vendría bien.
Una vez llegó a la armería, decidió dar una vuelta, observando atentamente los distintos productos.
Esta visita era diferente a la anterior, ya que en esta Noxel no tenía nada en mente hasta que observó una fina cuchilla retráctil unida a un elegante guantelete; era un katar.
La decoración del guantelete era sencilla, era de un negro azabache con tonos metálicos; la cuchilla era de un metal especial del otro mundo, no tenía nada de especial aparte de su utilidad y de su gran capacidad reflectante como la de cualquier otro metal, pero aun así era extrañamente atrayente.
—Quiero esta.
¿Cuánto cuesta?
—Cuesta 1000 uros.
—Entiendo, ¿posee una habilidad especial?
—No, solo es extremadamente filosa; está hecha con un metal especial que facilita el corte y apuñalamiento, increíblemente eficaz contra los monstruos que se acercan demasiado.
—Me la llevo.
Un arma de ese estilo era justo lo que necesitaba Noxel, un arma simple que usar en ocasiones puntiagudas y que no tenía que sacar de su funda, ya que se encontraba en su misma mano.
La cuchilla se podía sacar con un simple movimiento que ni siquiera la persona más rápida podría esquivar, pero lo mejor era su resistencia, ya que al cubrir el antebrazo de su portador, le permitía bloquear ataques sin que le corten.
Al cabo de unos días se abrió otra incursión; viendo la indisposición de Anna a participar, Noxel eligió participar solo.
Viendo esta incursión como una oportunidad para mejorar, decidió apuntarse; claro que no le dejarían que fuese solo él, tendría que ir acompañado de otro grupo de participantes para poder entrar, pero eso no sería un problema, ya que se le asignaría uno automáticamente.
Cuando llegó el día de la incursión, Noxel se encontró con un grupo pintoresco de cuatro personas.
Eran sus nuevos compañeros.
A Noxel le pareció extraño que ya hubiese cuatro en lugar de dos; después de todo, su primera incursión fue solo con Anna y Oscar.
—Hola, tú debes ser el que falta; ven, te presentaré al resto del grupo.
La primera persona en la que se fijó se llamaba Thor, era un gigante de al menos dos metros y medio con un físico increíblemente imponente y una cicatriz que le atravesaba la cara; llevaba equipada una armadura vikinga.
Este era el único que no llevaba el traje de incursiones debido a que no había de su talla; junto a él se encontraba un hacha vikinga de increíbles proporciones y un anillo con extraños símbolos grabados.
La segunda era Ita, una chica bajita que llevaba una bata negra por encima del traje de las incursiones; era morena y con el pelo largo, su rostro era común con ojos oscuros y un pequeño lunar debajo de su ojo derecho; además, se encontraba acompañada por una banda de cuervos y distintos animales.
El tercero parecía ser un chico normal, era rubio con el pelo corto y parecía tener un rostro amable; llevaba una espada como la de un caballero en su torso, tenía ojos azules como el cielo y una complexión parecida a la de un calisténico; por encima del traje tenía diferentes piezas de metal con relieves cristianos que funcionaban como armadura.
La última persona en presentarse era la misma que le había hablado nada más llegar; era una chica pelirroja con el pelo hecho trenzas, tenía un rostro un poco redondo y pecas alrededor de la mejilla, sus ojos eran tan dorados como el oro y llevaba un gran bastón de madera con una bola roja en el centro, además de llevar una capa roja.
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