La sombra que me mira - Capítulo 22
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22: Confianza y práctica.
22: Confianza y práctica.
Ahora Noxel y Jim se encontraban más adentro de la isla, rodeados de árboles y vegetación.
—Cuando empuñes una espada, no puedes dudar: si vas a pelear, pelea; si vas a huir, huye, pero no hagas las cosas a medias; si lo haces, te puede costar la vida.
—Entendido.
—Ahora empuña la espada con determinación y no tiembles.
Jim agarró la espada con renovada determinación, esta vez sin temblar, al menos hasta que vio que Noxel se acercaba corriendo dispuesto a golpearlo; entonces se congeló del miedo.
Noxel detuvo el tajo justo a unos centímetros de la cara de Jim.
—No puedo, quizás no estoy hecho para esto.
—Si tu deseo es ser un caballero, significa que puedes hacerlo.
—Pero tengo miedo.
—¿De qué tienes miedo?
—De sufrir, de hacerme daño, de ser una decepción, de morir, tengo miedo de muchas cosas.
—Aquel que teme sufrir ya sufre por lo que teme; no hay mayor decepción que no intentarlo y tu miedo a morir te causará la muerte.
Es normal sentir miedo, pero si dejas que ese miedo te controle, tu miedo se hará realidad.
—Lo entiendo, pero no puedo evitarlo.
—Claro que puedes, solo te falta confianza y práctica.
—¿Confianza y práctica?
—Claro, nadie es perfecto, pero mientras más practiques, serás mejor e irás cogiendo confianza.
Confianza y práctica.
—Entiendo, confianza y práctica.
Después de esa pequeña charla, Noxel y Jim finalmente volvieron al campamento.
—Veo que ya habéis vuelto, ¿cómo os ha ido?
—Bi-bi-bien, creo que dentro de un tiempo podré pelear sin problemas.
El grupo entero había decidido que utilizarían este portal para practicar mientras buscaban el núcleo del portal.
Esta era una buena oportunidad para hacer que Jim se superase a sí mismo y cumpliese su deseo.
—Ita, ¿cómo va la exploración de la isla?
—Sui se está encargando de ello.
—¿Sui?
—Preguntó Noxel extrañado.
—Es mi cuervo, se llama Sui; dentro de poco volverá y nos dirá la situación.
—Ah, vale.
A Noxel le parecía bastante extraño ponerle nombre a un cuervo, pero como ella podía hablar con los animales, podría ser que el cuervo tuviese su propio nombre.
Justo cuando volvió, Noxel se iba a ir a recoger un poco de madera para la fogata; vio al cuervo aparecer de entre los cielos.
—Cruac, archipiélago, cruac.
—Espera, el cuervo habla.
—Sí, es un cuervo muy listo, lleva conmigo desde que era pequeña.
—…
Noxel no terminaba de entender para qué querría un cuervo que habla una persona que puede hablar con los animales, pero decidió no juzgar; puede que solo lo tenga por compañía.
—Sui, dice que la isla es bastante grande y que hay muchas más a los alrededores.
En el instante en el que Ita dijo esa frase, Isu se puso a hacer trazos sobre la arena, generando un pequeño mapa de la isla.
Noxel no se podría creer que un cuervo pudiese llegar a ser tan útil; quedó tan sorprendido que hasta pensó en adoptar uno por un momento.
—Ya ha llegado la comida.
—Exclamó Thor llevando un puñado de serpientes en la mano.
—Espera un momento, iré a recoger un poco de leña.
Cuando finalmente hicieron la fogata para cenar, se pusieron a charlar despreocupadamente.
—¿Qué pasa, Noxel?
¿Acaso eres muy delicado como para comer unas pequeñas serpientes?
—Preguntó Thor burlonamente mientras le daba un gran bocado a una serpiente ensartada.
—No es eso, es solo que tengo una mala experiencia con las serpientes.
—¿Ah, sí?
Cuéntanos la historia.
—En pocas palabras, una serpiente gigante intentó comerme, bueno, y a mis amigos también; por suerte logramos sobrevivir.
—Dura historia, pero mira el lado bueno, salisteis vivos, ¿verdad?
—De hecho no, mis compañeros murieron, solo yo logré escapar.
Esta frase apagó a Thor, dejándolo arrepentido por haber preguntado y provocando que agache la cabeza.
—¡Es broma!
Deberías haber visto la cara que has puesto.
Ante esa última frase, Thor agarró a Noxel y le dio un par de coscorrones.
—Esta te la pienso devolver, pequeño Krafla.
—¿Qué significa eso?
—Es como un insulto.
—Respondió Emma rápidamente.
—En serio me va a insultar el señor del trueno.
Noxel intentó dar el mejor insulto que pudo, pero, a diferencia de Eco, este no era demasiado bueno en ello, ya que, más que resultar ofensivo, fue como un halago y causó risa a todos sus compañeros.
Poco a poco se iba haciendo la noche y el paisaje empezaba a cambiar; a lo lejos, en el mar, se podían ver innumerables cuerpos que se alzaban de la nada y la tierra se empezaba a terraformar.
—Sabía que en esta isla algo andaba mal.
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