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La sombra que me mira - Capítulo 32

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32: Nuevo propósito.

32: Nuevo propósito.

Noxel sentía un gran dolor en el pecho; llevaba una semana desde que salió del portal.

No se sentía capaz de nada; lo que más le molestaba es que se habían sacrificado por nada, los zombis no sobrevivían al atravesar el portal.

Llegó un momento en el que Noxel dejó de comer y se aisló del mundo; se sentía débil y sentía que había fallado a sus compañeros.

Lo único que lo distraía de su dolor eran dos pequeñas criaturas que le hacían compañía.

—Clac clac.

—Cruac, comida, cruac.

—Ya voy, ya voy.

Noxel se encontró con Sui en la salida del portal; al lado de él se encontraba la bata de Ita; esta cubría a la pequeña hija del gracejo que ellos mismos mataron.

Noxel intentó matarla, pero no pudo; sabía que Ita no querría eso y aquel pensamiento le impidió de alguna manera hacerlo; tampoco la podía llevar a las autoridades o al gobierno, así que decidió cuidarla él mismo.

—Aquí tienes, Sui.

—Dijo Noxel mientras le daba un par de bayas.

—Clac clac.

—Ya sé que tú también tienes hambre, ya voy.

—Dijo Noxel mientras agarraba a la pequeña cangreja como si fuese un bebé.

Noxel, una vez la tuvo en sus brazos, le dio unos pocos moluscos para alimentarla.

Una vez que la pequeña criatura terminó de comer, Noxel también le dio parte de su energía interna, ya que descubrió que la energía interna ayudaba a los monstruos a crecer de mejor manera.

El resto del tiempo que Noxel pasaba era en un irrompible silencio, o al menos así sería si no se encontrase Sui.

—Cruac, archipiélago, cruac.

—Sé que es duro, amigo, pero tenemos que aceptar que no podemos volver a por ellos.

—Cruac, archipiélago, cruac.

Desde que volvieron, Sui no había hecho más que decir esas palabras; Noxel no descifraba lo que Sui quería decir, pero en su estado tampoco le importaba mucho, ya que tenía otras cosas de las que preocuparse, como si iría o no al funeral de sus compañeros.

Sabía que lo correcto sería ir y rendir su respeto, pero, por otro lado, se negaba a la idea de que sus compañeros estuvieran muertos; sentía que simplemente estaban atrapados en el otro mundo.

El día del funeral llegó; irónicamente, este se decidió celebrar a la orilla del mar.

Todos los funerales se realizaron juntos, ya que eso es lo que ellos habrían querido; la orilla se encontraba llena y en el agua había cuatro ataúdes vacíos.

Al fondo del funeral se encontraba un hombre joven vestido completamente de negro, con una chaqueta de cuero puesta y una bata en las manos; la mirada del joven parecía cansada y desgastada, no parecía poseer vida en sus ojos.

Ese joven se encontraba completamente solo, al menos hasta que se acercó una mujer de alrededor de unos cuarenta años, con los ojos llorosos y apenas podiendo caminar.

—¿Cómo es que tienes la bata de mi hija?

¿De qué la conocías?

—Preguntó la señora mientras se secaba las lágrimas.

—Era su compañero.

—¿Y cuándo te la dio?

¿Cómo es que te acompaña su cuervo?

—Sui, cruzo el portal detrás de mí con ella antes de que se cerrara.

—¿Así que tú eres el que sobreviviste?

—Sí, soy yo.

En ese mismo instante, la poca compostura que estaba guardando la señora se rompió dándole una cachetada a Noxel.

—¿Por qué la dejaste atrás?

¿Por qué no la dejaste pasar primero?

¿Por qué estás tú aquí en vez de ella?

Cada pregunta iba junto a llantos y golpes.

—Créame, yo también me hago esa pregunta todas las noches.

—Todo es tu culpa; si no hubieras cruzado primero, ella se podría haber salvado.

—Explico la señora mientras caía al suelo, perdiendo todas las fuerzas que le quedaban.

De repente llegó un señor que la agarró y la ayudó a levantarse, llevándola a otro sitio solo para después volver con Noxel.

—No te preocupes, no es tu culpa, solo está en shock y no sabe cómo reaccionar.

—Entiendo, dale la bata de mi parte; sé que no cambiará nada, pero creo que la debería tener ella.

—Me aseguraré de dársela.

Poco a poco todos se fueron hasta que solo quedaron Noxel y Sui.

Noxel cayó a la arena de rodillas, completamente derrumbado, viendo cómo Sui hacía formas en la arena.

—¿Qué haces, Sui?

—Cruac, archipiélago, cruac, archipiélago.

En ese mismo momento, Noxel se dio cuenta de que Sui no estaba haciendo formas, estaba dibujando un mapa.

Noxel se quedó increíblemente asombrado y se le ocurrió en ese entonces una idea.

(Exploraré el otro mundo hasta encontrar de nuevo a mis compañeros) Y así Noxel obtuvo un nuevo propósito.

¡No!

Noxel consiguió algo más que un nuevo propósito.

Consiguió un nuevo deseo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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