La sombra que me mira - Capítulo 43
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43: Desaparición.
43: Desaparición.
En medio de la noche, en una autopista transitada, se podía observar el hermoso cielo junto a las estrellas; este, a pesar de su belleza, nadie le prestaba atención; todos estaban demasiado ocupados o cansados como para darle importancia.
La tranquilidad de la noche se dejaba entrever hasta que una tenue luz roja apareció en medio de la carretera.
Esa luz se hacía cada vez más y más grande, cambiando de color a un azul eléctrico a medida que se transformaba.
Cuando la luz dejó de crecer, dejó entrever un gran portal que obstruía la ajetreada carretera.
—Hola, Óscar, ¿cómo estás?
—Cansado, ¿por qué nos tienen que llamar a estas horas?
—Porque el portal está obstruyendo la carretera y no tienen a nadie más para cerrarlo.
—Mi primer día y ya me arrepiento de haber aceptado este trabajo.
—Cálmate, anda, que seguro que cuando veas la paga ya no te arrepientes.
Por cierto, ¿has visto a Noxel?
—Ahora que lo dices, no, no lo he visto; pregúntale a Carlo si lo ha visto.
Noxel no parecía aparecer por ningún lado; el equipo estuvo un rato esperándole, pero nunca apareció.
—Oye, creo que deberíamos empezar sin Noxel; aún no ha aparecido y tampoco creo que lo necesitemos para cerrar este portal; puede que sea de nivel 2, pero tampoco debe ser muy distinto al de nivel 1.
—Sí, deberíamos entrar ya; algunos tenemos cosas que hacer.
—Replico Eris, claramente molesta.
Y así se adentraron en su primera misión oficial; una vez atravesaron el portal, pudieron observar un increíble clima nevado.
A pesar de que en su dimensión era pleno verano, en el portal el frío era incluso capaz de matar; por suerte, sus trajes eran capaces de aguantar temperaturas extremas.
—Recordad, tenemos que mantenernos juntos; si nos separamos, seremos objetivos fáciles; esto ya no es una incursión de nivel 1.
—Aclaró Anna mientras examinaba su alrededor.
—Sí, sí, lo que tú digas.
—Contesto de forma sarcástica Eris.
La luz de la luna dejaba entrever una sombra distante que solo Anna pudo captar; los árboles y la oscuridad de la noche no la dejaban ver con claridad, mas aun así Anna estaba segura de que había visto movimientos en el bosque.
—Seguidme, he visto algo raro.
Anna corrió, adentrándose entre los árboles y la maleza, mientras que el resto intentaban seguirle el ritmo.
Cuando finalmente llegó al lugar donde avistó movimiento, no se encontró nada; de hecho, le pareció demasiado extraño; se suponía que las incursiones de nivel 2 estaban plagadas de monstruos, tanto débiles como poderosos, a veces incluso con jefes de nivel 1, pero esta no; el lugar parecía inhóspito y sin ninguna señal de vida; de hecho, si no fuese porque se había abierto un portal, Anna juraría que el lugar estaría abandonado.
—Lo siento, chicos, falsa alar… —Dijo Anna mientras daba media vuelta, dándose cuenta de que se encontraba sola.
—¿Chicos?
Anna buscó y buscó a sus compañeros, pero no encontró nada, no había marcas en la nieve, no había sonido, no había nada, ningún detalle de la existencia de sus compañeros; era como si hubiesen desaparecido, como si nunca hubiesen existido.
Cada vez Anna se encontraba más extrañada; no solo no podía encontrar a sus compañeros, sino que tampoco podía encontrar vida a su alrededor.
Este hecho a Anna le resultaba bastante inquietante y algo aterrador, y cabe decir que Anna no se aterraba fácilmente; después de haber peleado con todo tipo de criaturas, había perdido una sensación tan banal como el miedo.
Irónico era que lo que ahora le asustaba no era la presencia de monstruos, sino su propia ausencia.
A pesar de no encontrar nada, Anna no se rindió y siguió buscando hasta que por fin encontró algo.
(Unas huellas, por fin) Mientras seguía el camino que le marcaba, cada vez se iba alejando más del portal, pero eso a ella no le importaba; de todas maneras, no planeaba huir sin sus compañeros.
Puede que Eris le cayera mal y apenas conozca a Carlo, pero no por eso los iba a dejar a su suerte.
Cuando finalmente Anna llegó a la fuente del rastro, se pudo encontrar con un hombre apuesto, con músculos esculpidos por los mismos dioses y un pelo castaño que combinaba con sus hermosos ojos marrones.
Esa persona era Noxel.
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