La sombra que me mira - Capítulo 47
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47: Taller herrante.
47: Taller herrante.
—No lo hiciste, yo lo maté y la ilusión se deshizo.
—¿Cómo sé que no estás mintiendo?
—Si quisiera matarte, ya estarías muerto.
—Sí, seguro, ¿entonces por qué el cambiaformas no me mató?
—Eso no lo sé; lo que sí sé es que debemos buscar a los demás.
Óscar intentó dar un paso para alejarse de Noxel, pero al intentarlo cayó al suelo mareado.
—¿Estás bien?
—Aléjate, aún no sé si eres el verdadero.
—Soy yo, te lo prometo.
—¿Cómo puedo saber si dices la verdad?
—Acuérdate de cuando nos enfrentamos a una serpiente gigante en nuestra primera incursión; en ese entonces me contaste lo que le pasó a tu hermano.
Solo yo o Anna podríamos saber eso.
—Tienes razón, ayúdame a levantarme.
Por cierto, ¿desde cuándo los cambiaformas pueden crear ilusiones?
—No pueden; si te soy sincero, no tengo idea de lo que son capaces de hacer.
—Dijo Noxel ayudando a Óscar a levantarse.
—¿Y cómo sabían lo de la casa?
—¿Te acuerdas de la ilusión?
—Un poco, es algo borroso, pero recuerdo el fuego, las llamas y la cara que copió el cambiaformas; era la cara de mi hermano.
Noxel y Óscar no tardaron en encontrarse con otro de sus compañeros; esta vez vieron un pequeño taller con un cartel encima; este último decía: “Herrería Montoya, las mejores armas.” —Quédate aquí, yo entraré y me encargaré del cambiaformas.
—Dijo Noxel mientras invocaba a su clon y se alejaba.
—Y tú, Eco, protege a Óscar.
Esta vez Noxel no partió su mente al invocar a su clon; en cambio, otra nueva ocupó el cuerpo de su semejante.
Esa mente era Eco, que gracias a su último trato por fin tenía cierta libertad para moverse por su propia cuenta.
Noxel no sabía si debía fiarse de Eco, pero no tenía otra opción; no podía esperar a que Óscar se recuperara y tampoco lo podía dejar solo, así que esta era su última opción.
Noxel entró por la puerta de la armería esperando ver algún recuerdo doloroso o una situación traumatizante, pero cuando prestó atención, se dio cuenta de que no podía estar más equivocado.
En cuanto entró un hombre alto con una larga barba, le saludó con una gran sonrisa.
—Bienvenido a nuestra tienda, soy Ricardo, ¿qué necesita?
Al lado del alto hombre de ojos azules había otro muy parecido a él, solo que algo más joven; esa persona era Carlo.
—…
Noxel no sabía cómo reaccionar; esta situación le era inesperada, pero al ver al cambiaformas enfrente, desenvainó su espada y le lanzó un tajo a Ricardo.
La katana de Noxel hizo impacto, pero en vez de atravesar la carne de Ricardo, se topó con una espada vistosa con detalles azules y dorados en la empuñadura.
Carlo había parado su ataque.
(Qué velocidad) La cara de Carlo se volvió seria y llena de odio, soltando un grito hacia Noxel.
—No dejaré que dañes a mi hermano.
Carlo lanzó una ráfaga de golpes que Noxel apenas pudo frenar y le obligaron a retroceder, sacándolo del taller.
Noxel volvió a sentir el frío de la nieve recubriendo su cuerpo; su rival era fuerte, pero Noxel también tenía sus trucos bajo la manga.
Noxel empuñó su katana en su mano izquierda y su wakizashi en la derecha, encendiendo las llamas de sus armas.
El humo del fuego se podía ver a lo lejos; la niebla se alzaba de la nieve derritiéndose y Noxel y Carlo se observaban, esperando a que el otro hiciese el primer movimiento.
En un instante, Carlo se abalanzó sobre Noxel, lanzando un tajo vertical que Noxel apenas pudo bloquear.
(Es fuerte) Pero Carlo no solo era fuerte, también era bastante ingenioso, ya que después del tajo aprovechó para lanzar una patada baja con el objetivo de derribar a Noxel.
Este logró dar un pequeño salto que le permitió esquivar la patada, pero le dejó a merced de una estocada que le rozó la mejilla, haciéndole brotar sangre.
Noxel intentaba defender, pero Carlo era demasiado bueno; no dejaba ningún tipo de abertura ni descanso, Noxel por fin entendía por qué a Carlo se le consideraba el mejor.
Cada vez se encontraba más lejos del cambiaformas y más cansado; si las cosas seguían así, Noxel pronto caería ante su rival.
Por suerte, en el último momento a Noxel se le ocurrió un plan.
Primero, Noxel lanzó un tajo al suelo generando suficiente niebla como para esconder su próximo movimiento.
Su plan era arriesgado, pero merecía la pena intentarlo; después de todo, no tenía otra opción.
Podría intentar luchar con todo, pero no se podía arriesgar a dañar a su compañero; Óscar ya era suficiente lastre.
Entonces Noxel, después de un segundo de duda, agarró su wakizashi con un agarre inverso, concentrando gran parte de su energía interna en ella y la lanzó como si fuese una jabalina.
Carlo se movió un centímetro apartándose de su trayectoria y mirándolo con desprecio.
—Has fallado, ahora te toca morir.
—¿Estás seguro?
Mira detrás de ti.
Carlo se dio la vuelta rápidamente solo para ver que el taller de su hermano había desaparecido y solo quedaba el cadáver de un cambiaformas con una wakizashi incrustada en la frente.
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