La sombra que me mira - Capítulo 49
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
49: Guarida.
49: Guarida.
Noxel se encontraba solo, vagando por el paisaje nevado en busca de su última compañera desaparecida.
Eris había vuelto al portal; demasiado herida como para poder ayudar a Noxel, así que este se encontraba solo de nuevo.
Claro que Eco podría haberle ayudado a buscar, pero el sucio estafador había desaparecido de repente; aunque este resultado a Noxel no le sorprendía, definitivamente le enfadaba; puede que no confiara en Eco, pero no negaría su ayuda si este se la ofreciese.
Después de horas vagando, Noxel por fin se encontró con una persona en su camino; esta también se dirigía hacia él de forma calmada y a paso firme.
Esa persona era Anna, o al menos se parecía a ella por fuera; de ella emanaba un aura extraña, una mala sensación que alarmaba peligro.
Poco a poco se acercaba, caminando lentamente hacia su objetivo, pero antes de que pudiese seguir avanzando, algo la interrumpió.
—No des un paso más.
—Cálmate, no tengo intenciones de luchar.
—Si eso es verdad, muestra tu verdadera forma.
Anna lentamente se deformaba en una grotesca criatura, revelando a un cambiaformas.
—¿Cómo supiste que no era ella?
—¿Acaso importa?
Dime, ¿si no quieres pelear, qué quieres entonces?
—Solo quiero hablar, bueno, mi jefe es el que quiere hablar, yo solo soy un humilde mensajero; te aconsejo que me sigas si quieres volver a ver a Anna.
—¿Cómo sabes su nombre?
—Mi jefe sabe todo tipo de cosas, incluido tu nombre; mi jefe es sabio, por eso es mi jefe.
Cada paso que daban los alejaban más del portal; Noxel podía discernir sombras moviéndose a su alrededor; se estaban acercando a la guarida de los cambiaformas.
Finalmente llegaron a una cueva; allí se encontraba una criatura con figura humana, pero con toda su cara tapada.
Esta criatura se encontraba sentada en un trono de huesos de bestias, sosteniendo a una Anna inconsciente en su regazo.
—Tu sirviente me ha dicho que querías hablar conmigo.
¿Qué quieres?
—¿Qué quiero?
La respuesta a esa pregunta es sencilla: quiero negociar; yo tengo algo que tú quieres y creo que tú puedes conseguirme algo que yo quiero.
—¿Y por qué debería aceptar?
Podría matarte ahora mismo si quisiese.
—Es cierto, ¿pero llegarías a tiempo como para salvar a Anna?
¿Y si es así, correrías el riesgo?
—¿Qué quieres?
—Es muy sencillo, solo tienes que acabar con un pequeño inconveniente; seguramente hayas notado la niebla de nuestros alrededores, solo tienes que acabar con ella.
—¿Y por qué piensas que puedo acabar con la niebla?
—He visto en los recuerdos de Anna tus hazañas, tu poder; sé de lo que eres capaz.
—Si de verdad supieras de lo que soy capaz, no estarías negociando por la niebla, lo harías por tu vida.
—Lo sé, pero también sé que ella te importa y que mientras la mantenga cautiva no me dañarás.
—Yo no estaría tan seguro de eso.
—Oh, Noxel, no intentes engañarme, ya te lo he dicho, he visto sus recuerdos, he visto que la amas y también he visto cómo casi te mata; tengo que admitir que fue divertido ver toda vuestra historia, aunque fue más divertido hacerla llorar con la culpa de sus acciones.
—¿La hiciste llorar?
—No, tú la hiciste llorar, o al menos eso es lo que ella cree; ahora mismo está en una pequeña pesadilla, disfrutando de todo el arrepentimiento de sus acciones.
—¡Te mataré!
—¿En serio?
Supongo que entonces no puedo hacer negocios contigo.
Un instante después de escuchar esa frase, Noxel desenfundó su katana cortando el aire a su alrededor y realizando un tajo hacia su izquierda.
De repente, sangre azul brotó de la nada, manchando la cara de Noxel y asustando a la criatura que sostenía a Anna.
—¿Co-co-cómo?
En un momento la sangre terminó de brotar y se pudo ver el cadáver de un cambiaformas derribado en el suelo.
—Ya intentaste engañarme una vez, no volverá a funcionar.
—Espera, retiro lo dicho, aún podemos hacer un trato.
—Está bien, entrégame a Anna y te daré una muerte misericordiosa.
—Cálmate, no te precipites, aún hay muchas cosas que podemos negociar, tengo muchos trucos, mucho conocimiento, tesoros, te daré lo que pidas.
—¿Lo que pida?
—Sí, lo que pidas, sin importar qué.
—Vale, entonces dame tu cabeza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com