La sombra que me mira - Capítulo 7
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7: La manada 7: La manada Un instante después, la instructora empezó a transformarse; le empezaron a salir garras de las manos con uñas extremadamente largas y afiladas.
Su expresión cambió a una siniestra y de completa maldad.
—¡Agrupaos todos!
¡Intentad cubriros las espaldas!
—dijo Anna, aún impactada por la situación que acontecía frente a sus ojos.
La mayoría estaban asustados, no estaban preparados para pelear, pero hoy tendrían que hacerlo.
(Esto no es bueno, no solo son demasiados, sino que también tienen un cambiaformas entre ellos).
—No te preocupes, yo me encargo del cambiaformas; tú protege a los demás.
—Es demasiado peligroso, no puedes acabar con un cambiaformas tú solo.
—Relájate, estaré bien, no moriré hoy.
Después de esas palabras, Noxel salió corriendo hacia el cambiaformas, pero, por desgracia, Anna no tenía tiempo de preocuparse por él, ya que una manada de lobos se dirigía hacia ella.
Los lobos no eran lobos normales, sino que eran más fuertes, más rápidos y más feroces.
Una vez que la batalla comenzó, ríos de sangre se derramaron.
Anna podía luchar contra tres de ellos al mismo tiempo, pero no podía proteger a sus compañeros en ese estado.
Así que, como pudo, intentó retroceder hacia la retaguardia; allí podría curar a sus compañeros heridos y proteger con sus barreras.
Mientras huía, un lobo se abalanzó sobre ella, provocándole una gran herida en el hombro izquierdo y bloqueándole el camino.
—No debiste haber hecho eso.
—Dijo Anna en un tono enfadado, sacando una pequeña daga de la parte de atrás de su pantalón, donde se encontraba su funda.
Una vez más, el lobo se intentó abalanzar hacia Anna, pero esta vez Anna sí estaba preparada; entonces dio un paso hacia atrás y, cuando el lobo tocó el suelo, Anna se abalanzó sobre él como si ella misma fuera otra bestia, clavando la daga en la cabeza y matándolo en el acto.
Cuando al fin llegó a la retaguardia, pudo curarse la herida del brazo y ayudar a sus compañeros curándolos a ellos también.
A pesar de tener la ventaja numérica, iban perdiendo.
Veinte lobos eran demasiados para treinta y dos estudiantes, treinta de hecho, ya que Anna se encontraba apoyando a sus compañeros sin pelear y Noxel se estaba encargando del cambiaformas.
(Al principio había veinte; yo he matado a uno, quedan diecinueve).
En todo ese caos era imposible mantener la calma, pero Anna lo logró.
(El lobo con el que está peleando Oscar está muy herido; si le ayudo a derrotarlo rápidamente, ganaremos una ventaja importante).
Y así Anna avanzó, ayudando a distintos compañeros, curando y protegiendo a quienes lo necesitaran, pero no pudo protegerlos a todos.
Uno de sus compañeros murió delante de ella; Anna fue corriendo a ayudarle, pero no pudo hacer nada, ya que ella no podía resucitar a los muertos.
Con el tiempo lograron ir recuperando terreno, pero ninguno sabía lo que estaría a punto de ocurrir.
De repente, un lobo gigante apareció; era tan imponente que hasta los lobos con los que acababan de luchar parecían insignificantes y, para colmo, todos sus compañeros habían agotado su energía interna.
Esto no era bueno; Anna no creía poder acabar con esa cosa.
Era tan grande e imponente que podía ser considerado un monstruo de nivel 2; si sus compañeros tuvieran energía, podrían haberlo vencido, pero no era así; Anna tendría que luchar contra esa cosa sola.
Así que reunió todo el valor que le quedaba y se preparó para el combate.
(Ahora mismo Noxel está peleándose con una criatura de nivel 2; no puedo quedarme atrás, tengo que ganar).
Esas palabras fueron lo último que se le vino a la mente antes de empuñar su daga hacia la monstruosa criatura.
Anna se abalanzó hacia la bestia sin esperar a que ella diera el primer golpe; a cambio, el lobo le lanzó un zarpazo que podía partirla en dos.
Por suerte, Anna fue capaz de activar su escudo justo a tiempo y acuchilló al lobo en su otra pata delantera, lográndole cortar un tendón.
Ahora el lobo, con una de sus patas inutilizadas, se abalanzó sobre Anna, preparado para comérsela de un mordisco.
Anna volvió a activar su escudo, pero esta vez el escudo se rompió con suma facilidad, haciendo que Anna perdiera el equilibrio y dejara caer su daga al suelo y recibiendo una herida en el abdomen a causa de un colmillo.
—No debiste haber hecho eso, ahora me has enfadado.
Anna reunió todas las fuerzas que le quedaban y las concentró en sus brazos; ahora no pelearía como le habían enseñado, pelearía como si ella misma fuera otra bestia.
Si el lobo quería jugar, entonces jugarían.
El lobo volvió a intentar comerse a Anna, pero esta vez Anna no retrocedería ni usaría ningún truco; esta vez Anna pararía la violencia con más violencia.
Una vez que el lobo se acercó lo suficiente, Anna le dio un puñetazo que podría partir rocas, pero no se detuvo ahí; aprovechando que el lobo estaba aturdido, Anna se subió en su hocico y comenzó a golpearlo.
Primero el lobo cayó al suelo inconsciente, pero Anna no se detuvo ahí, sino que siguió y siguió golpeándolo.
Para cuando volvió en sí, el lobo estaba muerto y ella se encontraba llena de sangre y sesos a causa de haberle abierto la cabeza a golpes.
Justo después de darse cuenta de lo que había hecho, se desmayó a causa del agotamiento y las heridas.
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