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La Sombra Sin Dios - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo IX Las sombras y yo
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10: Capítulo IX : Las sombras y yo.

10: Capítulo IX : Las sombras y yo.

La tensión en el departamento seguía flotando como una niebla espesa.

Mientras Kael y Aurora debatían a puerta cerrada sobre qué hacer con Elior, Seraphine ya no podía escuchar una palabra más.

Su respiración temblaba.

Su mente ardía.

Su pecho dolía como si estuviera siendo comprimido desde dentro.

Sin decir nada, se levantó y caminó hacia su habitación.

Aurora apenas alcanzó a notar la expresión perdida en los ojos de su hija.

—Seraphine, cariño… ¿estás bien?

No hubo respuesta.

La joven cerró la puerta con suavidad, pero por dentro sentía que todo se rompía.

Se deslizó hasta quedar sentada en el suelo, junto a la cama.

La habitación estaba en silencio, pero en su mente solo había ruido.

“Los arcángeles son leales al consejo.” “No dudarán en eliminarlo.” “Elior podría morir otra vez.” Seraphine hundió las uñas en sus brazos.

No había visto nunca pelear a Elior en serio.

Lo vio casi morir envenenado por un demonio, lo vio sufrir, lo vio romperse.

¿De verdad podría enfrentar a los arcángeles?

¿Podría defenderse?

¿Podría… sobrevivir?

Y sobre todo, ¿por qué dolía tanto siquiera imaginar que lo perdía?

¿Por qué cada célula de su cuerpo reaccionaba cuando mencionaban su nombre?

¿Por qué su pecho ardía cuando él estaba en peligro?

¿Por qué sus emociones se desbordaban sin control?

No tenía respuestas.

Solo tenía miedo.

Un miedo tan profundo que la estaba quebrando.

Las imágenes de Elior muriendo frente a ella… su respiración detenida… la flor… la sangre… Las sombras de esos recuerdos se mezclaron con las sombras que había dentro de ella.

—¿Por qué…?

—susurró, con los ojos muy abiertos—.

¿Por qué te siento así…?

Su poder reaccionó primero que ella.

Los ojos de Seraphine brillaron con intensidad azules y blancos, como si dos cielos se mezclaran en sus pupilas.

Y entonces, el grito salió.

—¡¡¡AAAAAAAAAHHHH!!!

La onda expansiva estalló desde su cuerpo como un latido invertido.

Las cortinas se arrancaron, los muebles golpearon contra las paredes.

Los cristales vibraron como si fueran a romperse.

Kael y Aurora sintieron el estruendo desde el pasillo.

Era imposible no sentirlo, no era un simple arrebato.

Era el poder de Seraphine respondiendo al colapso.

Aurora abrió la puerta de un golpe.

—¡Seraphine!

La habitación era un caos.

Polvo flotaba en el aire, los cojines estaban esparcidos, la cama había sido empujada unos metros hacia atrás.

En el centro, Seraphine seguía sentada en el suelo.

Su cabello flotaba como si hubiera viento.

Sus ojos aún brillaban, temblando.

Kael entró detrás de Aurora, y al verla, sus pupilas se contrajeron.

Ese brillo… ese pulso… Es el poder real del Alma reaccionando ante ella.

Aurora se arrodilló frente a Seraphine, tocándole las manos.

—Hija… mírame.

¿Estás bien?

Respira conmigo, ¿sí?

Seraphine parpadeó varias veces.

El brillo comenzó a disminuir.

Su respiración se hizo más lenta, aunque aún temblaba.

—Estoy… estoy bien —mintió sin mirarla—.

Solo… solo necesito descansar.

Kael entendió en el acto que debía salir.

Madre e hija necesitaban un momento, y ella necesitaba calma.

Pero también sabía que lo que acababa de ver no era normal.

Si puede liberar un pulso así… y con la capacidad de contenerlo para no destruir todo no está lejos de Helena.

Y eso significa que… ella se está conectando con su poder más de lo que imagina.

Aurora ayudó a Seraphine a ponerse de pie.

—Iré a Aetheris, madre —dijo con voz débil—.

Solo quiero… respirar un poco.

Aurora quiso detenerla, pero vio el temblor en sus manos y lo entendió.

Seraphine no estaba huyendo del entrenamiento de la situación.

Estaba huyendo de lo que sentía.

La joven extendió las alas y salió por la ventana, perdiéndose entre el cielo despejado.

Kael y Aurora quedaron solos en la habitación destrozada.

Aurora frotó su rostro, agotada.

—Me comunicaré contigo lo más pronto posible.

Pero Kael… Tenemos que resolver esto rápido.

—Lo sé —respondió—.

Encontraré una forma.

Tiene que haber una.

Aurora se levantó rápidamente y abrió un portal desapareciendo entre símbolos dorados.

Kael por otro lado salió del departamento.

El camino de regreso a casa se le hizo eterno y cuando llegó, encontró a Elior despierto, sentado en el sillón.

Tenía el ceño fruncido y una taza de café vacía en la mano.

—Kael… ¿tú sentiste eso de hace un rato?

Kael tragó saliva.

—¿“Eso”?

¿A qué te refieres?

—Una fuerza enorme.

Como si el aire se rompiera.Era demasiado para ser un demonio cualquiera.

Seguro fue un ángel Kael mantuvo una sonrisa falsa.

—Solo fue un demonio más.

Por eso tardé en llegar.

Ya está solucionado.

Por ahora… Descansa, hijo.

Todavía no puedes pelear.

Elior lo observó con duda.

No le creía.

Lo que había sentido no era un demonio.

Era algo más… algo que hizo arder levemente su pecho.

Pero no insistió.

Quizás Kael si decía la verdad.

—Debe ser verdad, porque razón mentiría al respecto, quizás solo estoy algo paranoico.—murmuró , mientras se levantaba.

Kael desapareció en su habitación, exhausto.

Elior hizo lo mismo.

Cuando entro a su habitación sin saber que hacer decidió abrir su libro y leyó el capítulo “El portal al cielo”, su interés despertó de inmediato.

Había cosas que quizá, solo quizá, sí podría probar algún día.

Sin darse cuenta, las horas pasaron y leyó hasta el amanecer.

Y cuando el primer rayo de sol tocó su ventana, se vistió para correr, como siempre.

Por otro lado, Seraphine ya estaba de pie y entrenando en Aetheris.

Espadas chocaban, levantando chispas blancas.

Las alas de los jóvenes temblaban con cada golpe.

La arena de entrenamiento vibraba bajo los pasos veloces.

Seraphine y Naor se movían como dos relámpagos enfrentados.

Las armas chocaban en repeticiones rápidas, casi invisibles para un humano.

Los demás estudiantes observaban en silencio.

Naor era más fuerte.

Seraphine, más ágil.

Un mal paso, y cualquiera de los dos podría quedar fuera.

En un instante, Naor giró y la desarmó.

La espada de Seraphine salió volando, chocando contra el muro.

Ella quedó expuesta.

Naor no perdió tiempo: avanzó como un rugido y la golpeó en el estómago, haciéndola retroceder.

Seraphine cayó de rodillas, respirando entrecortado.

Pero no se rindió.

Clavó sus manos en el suelo, se impulsó y esquivó el siguiente corte por centímetros.

Con un giro rápido, golpeó sus piernas.

Naor perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás.

La joven recuperó ambas espadas… y las lanzó lejos para equilibrar el combate.

Ahora era solo fuerza, velocidad y técnica.

Los golpes eran precisos.

Cada impacto sonaba como un trueno pequeño.

Pero Naor era más resistente.

En un movimiento brusco, tomó a Seraphine por el brazo y la lanzó contra un pilar.

El aire salió de sus pulmones.

quedando sin posibilidades de un contraataque Cuando intentó levantarse, sintió la espada fría contra su cuello.

—Ríndete, Seraphine —dijo Naor.

Ella apretó los dientes… pero levantó las manos.

Había perdido.

Los demás murmullaron sorprendidos.

Incluso al terminar así, había sido una pelea increíble.

Midas, el encargado del entrenamiento, se acercó sonriendo.

—No te preocupes por eso, Seraphine —la animó—.

Naor entrena todo el día.

Tú estás en una misión.

Es normal que esté un poco por encima por ahora.

Pero entre nosotros… —bajó la voz— si te concentras más en tu defensa y usas tu agilidad junto con tu fuerza, lo superarás fácilmente.

Eres mejor que él con la espada.

Solo te confías demasiado y eso te hace perder perspectiva.

Seraphine bajó la mirada, aún respirando rápido.

—No estoy tan segura de las cosas últimamente… cometí muchos errores hoy en la primera parte del entrenamiento  —Supongo que es normal —dijo Midas—.

Dicen que el chico que investigas podría ser un peligro para todos.

debe ser difícil estar en tu situación.

¿Tú qué opinas?

¿Qué tan fuerte crees que es ese humano?

Seraphine respondió casi en un susurro… pero con una sonrisa suave.

—Elior es fuerte.

Midas levantó una ceja, curioso, pero no insistió.

—Bueno, no te molesto más.

Continúa con la siguiente parte del entrenamiento, ahora viene lo duro.

Seraphine respiró profundo, pero su corazón aún estaba acelerado.

Elior, el Consejo, su poder.

Todo comenzaba a chocar entre sí.

Y ella, aunque no lo quería admitir, ya había elegido de qué lado estaría.

Por otro lado , Elior, mientras completaba su rutina diaria , ya casi terminando los 25 kilómetros que solía correr, llegó a la cascada.

Fue ahí cuando todo empeoró.

Primero fallaron sus audífonos.

Luego el celular.

Ambos comenzaron a distorsionarse, como si algo invisible se metiera entre las señales.

Y los susurros… Los susurros se intensificaron con una violencia abrumadora, hundiéndose en su mente como agujas.

Elior tambaleó.

—¿Qué… qué me está pasando…?

—murmuró, la respiración entrecortada y apretando los dientes.

Su cuerpo se volvió pesado, casi imposible de mover.

Cayó de rodillas.

La cascada frente a él dejó de fluir hacia abajo… y el agua comenzó a subir, retrocediendo como si alguien rebobinara la realidad.

La tierra tembló bajo sus manos.

Y antes de que su frente tocara el suelo, la realidad se rasgó.

Literalmente, como un papel siendo abierto de un tirón.

Elior volvió a ese lugar oscuro.Ese lugar donde había estado antes, a algunos les gustaba llamarlo “purgatorio”.

Pero esto… esto no era el purgatorio.

Era mucho más siniestro.

Elior logró incorporarse solo un poco para darse cuenta de que estaba rodeado de sombras agitadas, enloquecidas, como si una tormenta las deshiciera y formara al mismo tiempo.

Algunas se acercaban, temblando, extendiendo sus manos hechas de oscuridad.

Otras retrocedían como si le temieran.

Los susurros ahora sí eran entendibles: —No temas, mi señor… —Por favor… vuelve a tu reino… —Corre… corre de aquí… —Eres mío… Hasta que una figura se acercó a él.

Al principio era una sombra… pero mientras esta sombra lo tocaba, adoptó la forma de una mujer cubierta de oscuridad.

Puso sus manos en las mejillas de Elior.

—Mi señor… ¿Eres tú?… Elior intentó hablar, pero otra sombra lo golpeó con tal fuerza que voló hacia atrás.

Después vinieron más.

Decenas.

Elior esquivaba lo que podía, pero estaba en clara desventaja, sus golpes atravesaban a las sombras, incapaces de tocarlas, mientras ellas sí podían golpearlo.

Algunas sobras gritaban —¡Deténganse!

¡Él no es enemigo!

Pero no les hicieron caso.

Para la mayoría de esas sombras, Elior era un intruso en un lugar donde nadie era bienvenido.

Mientras se levantaba, escupiendo sangre, vio algo que lo dejó paralizado.

Un niño.

Una pequeña sombra con forma de niño, escondido detrás de la mujer que lo había tocado antes.

Pero no tuvo tiempo de reaccionar.Otra sombra lo golpeó directamente en el rostro, haciéndolo rodar por todo el vacío.

Elior ya había perdido por completo la paciencia contra esas sombras..

—…Malditos bastardos… —susurró.

Y esa rabia despertó algo.

Las venas de su cuerpo se marcaron como si ardieran.

Sus ojos comenzaron a brillar con una intensidad casi divina.

La siguiente sombra que se acercó… no logró atravesarlo.

Elior la tomó del cuello con una sola mano.

El brillo de sus ojos era tan fuerte que las sombras retrocedieron automáticamente y cuando algunas intentaron lanzarse sobre él otra vez, Elior levantó a la sombra que sostenía y gritó: —¡¡YA BASTAA!!

Su voz retumbó por todo el lugar provocando un temblor.

Todas las sombras se quedaron inmóviles.

La mujer se arrodilló ante él.

—Mi señor… ha vuelto… Y, una a una, todas las sombras hicieron lo mismo.

Elior quedó helado.

No entendía nada.

—Si vuelven a atacarme —advirtió— los aniquilaré.

Las sombras agresivas ignoraron eso… y se lanzaron.

Elior esquivó sus golpes con facilidad y le devolvió uno solo, uno simple golpe Y esa sombra murió, se deshizo en polvo oscuro.

Todas las demás dieron un paso atrás.

—¡Ya les dije que fue suficiente!

—gruñó Elior, liberando más poder.

Ese poder obligó a todas las sombras, sin excepción, a arrodillarse profundamente ante él.

Aunque él no quería eso.

Respiró hondo, tratando de calmarse mientras murmuraba para sí mismo: —¿Qué mierda es esto…?

¿Dónde estoy…?

¿Y por qué “señor”…?

Se acercó rápidamente a la mujer que lo había defendido.

—Por favor… explícamelo.

Ella levantó la mirada.

—Mi señor… —Otra vez con eso… —Elior suspiró.

—Lo hemos estado esperando.

Casi ciento cincuenta años.

Elior parpadeó.

—Creo que se equivocan.

No sé cómo llegué aquí, pero no soy quien ustedes creen.

Tengo… dieciséis o diecisiete años.

Bueno, no lo recuerdo bien… pero es imposible que sea yo.

Me llamo Elior Blackwood.

¿Cuál es tu nombre?

La mujer abrió los ojos, sorprendida.

—Elior… ¿Blackwood?

¿Y dices que tienes dieciséis años?

Los muertos no tienen edad, mi señor.

—¿Muertos?

—Elior retrocedió un paso—.

¿Todas estas sombras son personas muertas?

—Sí, mi señor.

Personas… y seres que quedaron atrapados en el limbo.

No encajaron en Gehenna ni en Aetheris.

—Pero yo no he muerto —replicó Elior.

La expresión de la mujer cambió por completo.

—¿Cómo que no has muerto…?

¡Debes irte de aquí, mi señor!

Si te quedas… atraerás a alguien que no quieres ver.

—¿A quién?

—A la muerte —susurró ella—.

La ángel de la muerte vendrá.

Elior no sintió ninguna presencia cercana.

Eso le tranquilizó, un poco.

—No siento a nadie más que ustedes.

Estamos bien… por ahora.

Pero necesito saber cómo salir de aquí.

No tengo idea de cómo llegué.

La mujer murmuró algo entre dientes.

—La muerte no viene mucho por aquí… a menos que se aburra y quiera jugar con los niños.

Elior levantó una ceja.

—Eso no suena… precisamente bueno.

—Por cierto —dijo—, ¿tu nombre?

La mujer lo observó detenidamente antes de contestar.

—Alice, mi señor —Un gusto, Alice.

Pero puedes explicarme esto.

¿Qué lugar es?

—Hace mucho era llamado el Reino de las Sombras.

Un nombre que nuestro antiguo rey le dio.

Pero desapareció, y el reino con él.

—¿Rey?

—Elior miró alrededor—.

No veo un reino.

—Porque murió.

Sin rey… todo se deshace y se vuelve nada.

Por eso vagábamos.

Elior procesó eso.

Había leído algo similar en los libros de mitologías: cuando un rey de un dominio muere, su reino muere con él.

—¿Y por qué me llamaron “señor”?

—Tus ojos —dijo Alice sin dudar—.

Son iguales a los del rey.

Y la fuerza que liberaste, solo él podía hacerlo.

Elior se frotó el rostro.

—No entiendo nada… no sé qué está pasando, no soy él.

—Y yo te creo, que quizás no eres aquel rey que solíamos tener —dijo Alice—inclinándose hacia él —Pero quizás de alguna forma su poder, terminó en ti, Elior, quizás y solo quizás, sea una señal —No lo sé, pero de verdad me gustaria ayudarlos, no me gusta que esos niños no tengan que hacer—Murmuró Elior— mientras se limpiaba el polvo de la ropa.

—Creo que intentare algo, tu dijiste que el antiguo rey creó el reino , ¿no?

— Sí, así es, no recuerdo exactamente como lo hizo, pero si, él lo hizo.—dijo Alice Elior al terminar de sacudir su ropa, avanzó hacia la nada, con la esperanza de que lo que leyó y lo que le contó Alice , pudiera funcionar.

Así que Extendió su mano hacia la nada, cargando su fuerza en sus manos y fue cuando sus ojos brillaron, más y más.

El brillo intenso y la sobrecarga que estaba teniendo le hizo sangrar por ambos ojos.

—¿Qué haces?

—preguntó Alice, alarmada.

La oscuridad del lugar respondió a Elior.

Y, ante todas las sombras presentes, un reino entero comenzó a formarse.

Torres, muros, caminos, luces hechas de penumbra… Todo materializado desde la imaginación de Elior, guiada por su poder.

Una sombra se deslizó por su piel, como si fuera parte de él.

Alice se quedó muda.

—Supongo que… este es su nuevo reino —murmuró Elior, cayendo de rodillas al suelo.

Las sombras aún no se movían.

como si estuvieran a la espera de una orden Elior lo notó.

—Pueden entrar —dijo—.

No se queden vagando afuera.

Y entonces comenzaron a caminar, una a una, hacia lo que era ahora su hogar.

Elior y Alice se quedaron sentados juntos, observándolo.

—Es extraño —admitió Elior—.

Pero no me siento incómodo aquí.

Siempre me enseñaron que la sombra es mala… pero no lo siento así.

Alice sonrió con tristeza.

—Las personas siempre prefieren lo colorido, lo brillante.

Olvidan que todos cargan una sombra.

Es la única que nunca los abandona.

—Sí… supongo que tienes razón, Alice.

Ella lo miró con suavidad.

—Mi señor… Por más que me gustaría que se quedara ,debería regresar.

El antiguo rey se concentraba en el lugar donde quería ir o donde estaba, procure relajar su cuerpo a un nivel que nada le perturbe, así que respire como si meditaras.

Con suerte eso funcionará.

Debe irse antes de que la muerte llegue.

lo más probable es que ya haya sentido su presencia.

—¿Y el reino?

—preguntó Elior—.

No quiero que vuelvan a vagar por ahí.

Había muchos niños… Quiero que puedan jugar tranquilos.

—Tienes un gran corazón, mi señor.

Lo creas o no… tú eres el nuevo rey.

Este reino existe mientras tú existas.

Elior respiró hondo.

—Entonces… tendré que hacerme más fuerte.

Para lo que venga.

Se sentó, cerró los ojos, y se concentró en recordar la cascada.

—Hasta pronto, Elior —susurró Alice.

Y entonces todo desapareció.

Elior abrió los ojos en el bosque, rápidamente miró su celular.

—Menos mal… solo pasaron dos horas… Se levantó del suelo a duras penas, ya que aun sentía el cuerpo demasiado pesado, se acercó a la cascada y limpió la sangre de su rostro.

Esto no había sido un sueño.

—Lo que faltaba… —bufó—.

Un supuesto reino que no entiendo… ¿Cómo demonios voy a ser rey, si ni siquiera entiendo mi propio poder?

Se pasó una mano por el cabello, frustrado.

—Es horrible… ahora mi existencia cargará también con un reino Las sombras y yo… ¿Una unión…?

No se si reir o llorar, pero ya debo volver a casa, deben estar preocupados , si es que están despiertos…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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