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La Sombra Sin Dios - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo XI ― El poder de la muerte
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12: Capítulo XI ― El poder de la muerte.

12: Capítulo XI ― El poder de la muerte.

El impacto fue tan violento que Elior atravesó una columna de piedra, derrumbándola en un estruendo seco.

Su cuerpo cayó entre polvo y escombros.

Intentó incorporarse de inmediato, pero la cabeza le daba vueltas y el aire… el aire era tan helado que dolía respirarlo.

―¿Dón…de estoy?

―tosió, sintiendo cómo el frío le cortaba la garganta―.

¿Quién demonios era esa mujer…?

¿Qué quieren de mí esta vez…?

No alcanzó a terminar la frase.

Una voz suave, fría como una tumba recién abierta, susurró directamente en su oído ―Sabes quién soy.

Elior salto, alejando por puro instinto, colocándose en guardia, jadeando en nubes de vapor.

―¡Dime quién eres!

―gritó entre toses―.

¡Respóndeme!

La mujer torció una sonrisa.

―Eres más lento de lo que esperaba.

Saca tus propias conclusiones.

No tengo por qué decirte nada mocoso.

Elior apretó los dientes.

rápidamente tenso cada parte de su cuerpo y se lanzó al ataque.

Pero para ella… sus golpes eran casi un juego.

Cada puño, cada patada, cada embestida fue esquivada con una insultante facilidad.

Cuando Elior lanzó el último golpe buscando su mandíbula, la figura simplemente inclinó el rostro, desapareciendo en un instante… y reapareciendo de nuevo frente a él.

El puño de ella se hundió en el estómago del chico.

El aire escapó de su cuerpo en un jadeo desesperado.

Elior cayó de rodillas, sin poder respirar.

Entonces, la mujer lo pateó con una total indiferencia.

Salió volando varios metros, rodando por el suelo.

Intentó reincorporarse, recuperando la visión poco a poco.

Y fue entonces cuando vio… todo el panorama que lo rodeaba.

Ruinas interminables.

Torres caídas, cuerpos vagando como si estuvieran perdidos.

El suelo… un pasto gris, muerto, que no hacía sonido alguno al pisarse.

Cada golpe retumbaba con un eco profundo, como si el dominio entero fuera una caja vacía.

Elior levantó la cabeza para mirar a la mujer— Un puñetazo lo alcanzó en el rostro antes siquiera de verla.

Voló hacia atrás otra vez.

La voz de la mujer se escuchó, burlona ―¿Ves?

Aquí todos son frágiles… menos yo.

Su risa heló la sangre de Elior.

Aun así, él se levantó.

Y volvió a lanzarse.

Más rápido.

Más agresivo.

Más feroz.

Cada segundo aumentaba su velocidad.

Por primera vez, ella tuvo que esquivar con algo de esfuerzo, incluso tuvo que bloquear algunos golpes.

Pero cuando Elior alcanzó lo que parecía su límite, ella simplemente dejó de bloquear.

Se disolvió en humo.

Atravesó su cuerpo.

Y lo agarró por detrás de la polera.

Lo lanzó como si fuese un muñeco.

Elior rodó por el suelo, jadeando.

¿Quién… quién es?

¿Quién demonios es?

No podía descifrarlo.

Y no tenía tiempo, la velocidad de la mujer no se lo permitía.

―Vamos ―dijo ella con una sonrisa retorcida―.

Esto debería ponerse más interesante.

Hace miles de años que nadie se atrevía a pelear conmigo.

No me decepciones, mocoso.

Se quitó la capucha, dejándola caer al suelo.

Una luz tenue la iluminó.

Ojos verdes, vacíos.

Cabello negro amarrado, largo y pesado.

Un aura que oprimía el pecho solo con mirarla.

Volvió a su forma “humana”, dejando atrás la silueta oscura que la envolvía.

Pero algo extraño ocurrió.

la sombra de Elior se agitó, como si intentara escapar de ella.

Una dualidad dentro de él se activó.

Su sincronización corporal se rompió un segundo… y la mujer aprovechó.

La pelea comenzó otra vez.

Elior esquivó algunos golpes.

Pero recibió muchísimos más.

Sus puños nunca llegaron a tocarla.

No importaba cuánto analizara, cuánto intentara prever su siguiente movimiento.

Desesperado, arrancó una roca enorme del suelo y la lanzó a toda velocidad.

Ella apareció frente a él antes de que pudiera reaccionar.

Lo tomó del pelo.

Y golpeó.

Estómago.

Cara.

Piernas.

Una secuencia perfecta de golpes que dejarían a cualquiera incacitado por días.

Elior bloqueó algunos golpes, pero su cuerpo no soportaba más.

Hasta que tuvo suficiente y gritó: ―¡ YA BASTA!

Y por puro instinto, extendió la mano hacia ella.

Una onda invisible explotó.

La Muerte salió despedida varios metros hacia atrás.

Sin que Elior siquiera la tocara.

Ella frunció el ceño.

―¿Quién demonios te crees para lanzarme así?

Se acercó tan rápido que Elior apenas la vio moverse.

Le enterró una patada en el estómago.

Rodó nuevamente por ese asqueroso suelo gris.

La sangre, el dolor y la desesperación.Fueron claros partícipes del momento.

Mientras ella se acercaba a Elior este se levantó e Intentó darle un puñetazo.

lo esquivó y… ―¡CRACK!

Agarró su brazo , quebrandoselo de inmediato.

Elior gritó por el dolor ocasionado.Pero aun así, no cedió.

Con su pierna golpeó a la muerte para que se alejara, poniéndose en pie.

Siguió escupiendo sangre.

Siguió mirando hacia la mujer misteriosa.

Fue entonces cuando lo vio.

El collar que ella poseía era muy distintivo.

Ese símbolo.

Ese mismo símbolo que había visto en los libros que compró hace unos días.

La marca de ella.

La recolectora de almas.

La hija olvidada.

La única que pactó con Dios para mantener el equilibrio.

Elior tragó saliva.

Y lo dijo, jadeando ―Tú… eres la Muerte, ¿no?

Ella desvió la mirada, fastidiada.

―Tardaste diez minutos en darte cuenta.

Tsk.

Ahora sí podemos hablar del tema pertinente.

Miró a Elior directo a los ojos y así lograr ver sus recuerdos.

Pero no pudo.

Un bloqueo extraño en el alma de Elior se lo impedía.

Era un bloqueo impuesto por alguien de forma reciente, para lograr acceder a la memoria del chico, este debía estar muerto o aceptar de forma voluntaria que su mente sea manoseada ―Maldita sea ―explotó―.

¿Qué tienes en la mente, mocoso?

¡No puedo ver tu vida!

Se acercó en un parpadeo.

Elior reaccionó por instinto y la golpeó en el estómago.

Solo se escuchó el golpe seco por todo el dominio pero a ella el golpe no le hizo absolutamente nada.

―Eres débil ―murmuró ella― Y francamente, bastante estúpido si crees que puedes lastimarme.

El siguiente golpe fue devastador.

Un golpe certero en las costillas y antes de que Elior cayera, lo sostuvo del cuello y lo azotó contra el suelo.

Se subió encima de él comenzando a golpearle el rostro sin piedad.

Elior apenas podía cubrirse.

Tenía un brazo roto.

Estaba fatigado.

Perdía sangre a borbotones.

Finalmente lo soltó.

―Levántate, debilucho.

Estoy descargando todo el estrés que me causaste estos días… por haberte escapado del lugar donde debías estar.

Elior abrió un ojo, hinchado y ensangrentado.

― ¿Qu…e estas dicie…ndo?

De dónde… me escapé?

Ella se giró hacia su capa.

―De donde te correspondía esta.

Debiste morir hace días.

Eras mío.

No debiste haber vuelto.

Elior apretó los dientes y con enojo dejó soltar su ira… ―¿Crees que yo quería volver?

―escupió sangre al suelo―.

¡Hice todo lo posible por quedarme muerto!

¡No me dejaron!

¡Ellos querían que viviera!

¿Crees que quiero seguir viviendo?

¡PERDÍ A TODOS LOS QUE AMABA!

¡YO SOLO QUERÍA ESTAR CON MI FAMILIA!

Ella se detuvo.

La expresión de su rostro cambió.

al escuchar al chico.

Aquello significaba… que quizá Dios lo retornó.

mandando a su familia a por el O algo aún más imposible.

¿Satanás…?

No.

A él no le interesaban los mortales.

Elior siguió llorando.

Llorando con un dolor que no había podido sacar en años.

Como si todo se rompiera de golpe.

La Muerte suspiró, mirando hacia arriba.

Se acercó a él.

―Lo lamento,chico ―dijo, más suave―.

Olvidé completamente que al final, solo eres un niño.

Pero que conste… tú empezaste a golpear.

Sin embargo,de un momento a otro el flujo del aire helado se detuvo de forma impensada Elior ya no lloraba.

De él provenía un profundo silencio mientras las lágrimas caían por sus mejillas, mientras miraba el cielo oscuro.

Su sombra actuó sola.

Lo envolvió.

Lo levantó.

La Muerte retrocedió instintivamente.

Reconocía ese poder, esa sensación.

El poder del antiguo rey de las sombras.

Los ojos de Elior estaban apagados.

Sus venas, inflamadas.

Su respiración normal por primera vez en todo ese lapso de tiempo.

Y murmuró una frase… de forma obsesiva, delirante.

―Tú… eres la Muerte…¿no?

La Muerte frunció el ceño.

¿Le habré golpeado muy fuerte la cabeza?

―…la Muerte es un ángel… ¿no?

si… claro… es un ángel, es un ángel, es un ángel, ¡¡ES UN ÁNGEL!!― Exclamó con una risa totalmente ajena a él.

Los ojos de Elior cambiaron.

No brillaron.

Se apagaron como los de un depredador.

―Y yo… voy a asesinar… a todos los ángeles―dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

Se lanzó.

La pelea se volvió violenta, pareja por primera vez.

La Muerte recibía golpes, y aunque seguía siendo superior, Elior no retrocedía.

Hasta que logró golpearla en el estómago.

Ella se cubrió.

Elior rápidamente soltó una sonrisa,giró, posicionándose a su espalda y la lanzó lejos.

Luego apareció detrás de ella en un parpadeo y la golpeó en pleno rostro.

Ella se enfureció.

―Maldito mocoso… ¿Así que quieres pelear en serio?

Soltó su capa nuevamente.

Y esta vez ella se lanzó.

Golpes velocísimos.

guiado por miles de años de experiencia.

Intentó inmovilizarlo.

Pero algo no estaba bien.

Elior se liberaba una y otra vez.

Era como si… supiera exactamente qué movimiento haría ella.

Ella procesó la idea.

Recordando el inicio de la pelea.

El movimiento torpe, lento Las guardias eran aun más lentas.

Los errores absurdos.

Llegó a la conclusión.

Este mocoso… estaba estudiándome.

Uso su cuerpo como escudo.

Confiando en su resistencia solo para aprender mis patrones.

Molesta, apareció frente a él.

Lo tomó del rostro.

Y lo lanzó hacia arriba con tal fuerza que rompió el dominio entero en una grieta gigantesca.

Elior atravesó las capas del plano como si fueran vidrio.

Y cayó.

Cayó.

Cayó.

Hasta estrellarse en un mundo oscuro y frío El Reino de las Sombras.

Su propio dominio.

El estruendo que sacudió el Dominio de las Sombras fue tan violento que el mundo pareció romperse desde dentro.

Las estructuras de piedra oscura crujieron.

Las sombras se agitaron al escuchar el ruido Muchos habitantes del reino reaccionaron de inmediato, algunos huyeron, otros se ocultaron, y otros simplemente corrieron a alejar a los niños.

Porque esa presencia había llegado.

La Muerte.

Que ella estuviera allí nunca significaba algo bueno.

Solo Alice, que recorría el dominio cumpliendo sus tareas, corrió en dirección al estruendo.

Su corazón latía con fuerza.

Sabía que algo terrible había ocurrido incluso antes de verlo.

—No… —susurró.

Elior estaba incrustado en un pilar de piedra, el cuerpo sangraba por el impacto.

Al acercarse corriendo, él cayó pesadamente al suelo… y de inmediato alzó una mano temblorosa.

—A-Alice… —dijo con voz rota—.

Aléjate… no te acerques… Ella no entendía nada.

Iba a protestar… hasta que la vio.

De pie, a pocos metros, con una calma insultante, estaba la mujer envuelta en negro.

—Hazle caso a tu rey, Alice —dijo la Muerte con una sonrisa suave—.

No querrás llevarle la contraria.

El aire se volvió más pesado.

La Muerte volvió su mirada hacia Elior, que ya intentaba reincorporarse.

—No pelees… —rogó Alice—.

Elior, por favor, detente.

Ella lo sabía.

Por más poderoso que fuera… seguía siendo un niño.

Seguía siendo humano.

Sus músculos no estaban hechos para soportar esa fuerza.

Sus huesos se estaban resintiendo.

Si continuaba así, su cuerpo simplemente se rompería por completo.

Los brazos de Elior tiritaban sin control… pero aun así, se levanto y apretó los músculos, forzándolos a obedecer.

Una risa nerviosa escapó de sus labios.

Sabía que estaba en graves problemas.

Desde el principio lo supo.

Era imposible vencer a la Muerte.

Pero aun así… no pensaba rendirse.

Se había prometido matar a todos los ángeles.

Y en el fondo, muy en el fondo dicha promesa no era más que una forma desesperada de buscar su propia muerte… porque no tenía el valor de hacerlo con sus propias manos.

Sin decir una palabra más, se lanzó al ataque.

El choque fue inmediato.

Ambos se movían a tal velocidad que incluso para Alice y las sombras cercanas era difícil seguirlos.

Golpes, impactos, ondas de choque.

Algunos observaban con los ojos abiertos de par en par.

Su rey… estaba enfrentando a la Muerte en un uno contra uno.

Elior recibía golpes sin cesar.

Costillas, abdomen, espalda, rostro.

Intentaba contraatacar, pero la Muerte se volvía niebla una y otra vez, dejando que los ataques la atravesaran antes de reaparecer para contraatacar con brutal precisión.

Pero entonces… En un instante en que ella se confió en su juego… —¡DEMONIOS!

Elior giró sobre sí mismo y le incrustó una patada directa en las costillas.

Por primera vez, la Muerte salió eyectada con violencia, estrellándose contra una casa cercana y levantando una gran nube de polvo y escombros.

Elior jadeaba.

Sus piernas temblaban.

No podía continuar con ese ritmo.

Solo le quedaba resistir.

De entre los escombros, la risa de la Muerte resonó.

—Fue una buena patada, mocoso.

Eso te lo aseguro.

Salió caminando tranquilamente, sacudiéndose el polvo.

—Pero sigues siendo un debilucho.

Su sonrisa se ensanchó.

—Y aunque me entretuviste… rompiste mi vestimenta.

Así que, mientras me cambio… jugaras con mis mascotas de Gehenna.

Elior apretó los dientes.

Ella no estaba cansada.

Ni un poco.

y eso le molestaba aun más Desvió la mirada hacia el horizonte,tras sentir un olor profundamente repugnante Un portal con runas rojas se abrió… y de él emergieron alrededor de cien demonios, corriendo directamente hacia él.

—¡Elior!

—gritó Alice, intentando acercarse para ayudarlo.

Él levantó la mano.

Y su dominio , su reino, actuó en consecuencia alzándose un muro enorme que cortaba la entrada y salida de la ciudad donde estaban sus habitantes para asi protegerlo de los demonios  —¡Lárgate de aquí!

—le gritó.

—¡Por favor, tienes que parar!

—suplicó ella—.

Mi señor, Tu cuerpo sufrirá cada consecuencia de esto.

¡Recuerda que aún tu cuerpo es humano!

Elior lo sabía.

Pero ya no tenía tiempo para pensar, los demonios venían y él ya estaba exhausto.

En un momento de duda, una idea cruzó su mente: Tal vez… si dejo que me maten… podré volver a verlos.

En ese momento estaba listo para dejarse llevar por su mente, asi que, cerró los ojos.

Extendió los brazos.

Como diciendo: vengan… mátenme.

La Muerte observó la escena, sorprendida.

No entendía lo que hacía el chico, ¿Se estaba rindiendo?

¿De verdad quiere morir?

Pero justo cuando los demonios llegaron hacia él… El instinto de Elior reaccionó de forma automatica Esquivó al primero y lo atravesó con un golpe en la cabeza.

Luego otro.

Y otro más.

La masacre comenzó.

Sin piedad.

Sin vacilación.

Desmembramientos, aplastamientos, sus puños atravesando cada demonio que estaba cerca.

La ira que llevaba dentro salió a la superficie.

El cansancio desapareció.

y con él al parecer las ganas de morir Su cuerpo se movía solo, guiado por supervivencia y rabia.

La Muerte observaba en silencio la masacre que se estaba llevando acabo.

Entonces recordó las palabras del mocoso: “Mataré a todos los ángeles.” Y comenzó a unir las piezas.

tomando el libro de vida de Elior, revisó paso a paso los datos que si podía ver y con ello llegando también a los datos de vida de las personas que vio en el purgatorio con él, su familia había sido asesinada frente a él, eso ella ya lo sabía… Pero ese odio donde proviene como murieron, y al terminar de revisar los datos de su familia , unió completamente todo.

Un arcángel había asesinado a su familia mientras intentaba matar a un demonio noble.

Frente a sus ojos.

Ahí nacía la culpa.

El instinto de pelea.

El odio.

Ángeles.

Demonios.

Todos.

Y no solo los estaba matando… Lo estaba disfrutando.

—Interesante… —susurró la Muerte.

Revisó nuevamente el libro del chico.

Este ser había captado completamente su atención, algo que no pasaba hace miles de años..

Los habitantes del reino intentaron ayudar, pero el muro seguía allí.

Elior estaba solo… y aun así, era abismalmente fuerte.

Tal vez incluso tenía habilidades que aún no conocía.

—Con razón en Aetheris se pusieron tan nerviosos… —murmuró—.

Si sigue así, este chico podría ser capaz de asesinarlos todos.

—Bueno, ya es suficiente  Chasqueó los dedos.

Los demonios restantes murieron al instante.

Elior, al ver como se desintegraron los demonios la miró, furioso.

—Bueno, ya podemos hablar de lo relevante, pasaste la prueba— dijo con una sonrisa  —¿Una… prueba?

—rugió—.

¡¿Te parece un juego todo esto?!

Su voz temblaba de rabia.

—¡¿Crees que soy uno de tus juguetes?!

¡NO SOY UN MALDITO JUGUETE!— gritó con todo su ser En Geheris Kael llevaba varios minutos en silencio, caminando de un lado a otro, con la mente atrapada en un único pensamiento: ¿cómo llegar hasta él?

No sabía dónde estaba Elior.

No sabía cómo alcanzarlo.

Si la Muerte lo había llevado a su dominio… entonces era imposible.

Ninguno de ellos podía entrar allí.

En otra habitación, Seraphine y Hina se habían llevado a los niños, intentando calmarlos aunque ellas mismas no lograban hacerlo.

Lia lloraba desconsolada, aferrándose a la ropa de Hina, temblando de miedo.

Aramis, en cambio, no lloraba.

Caminaba en círculos, una y otra vez, incapaz de quedarse quieto, como si algo dentro de él se negara a aceptar la espera.

—Tranquilo, Aramis… —dijo Seraphine con voz suave, aunque su mirada delataba su propia angustia—.

Él volverá.

Confía en mí.

Aramis se detuvo.

No respondió.

Guardó un silencio absoluto que pesaba más que cualquier grito.

Hina se agachó frente a Lia, secándole las lágrimas con torpeza.

—Elior estará bien —dijo, intentando sonar convencida—.

Siempre sale adelante… de alguna forma.

—¿Qué fue lo que se lo llevó?

—preguntó Lia entre sollozos.

Hina dudó.

No sabía qué responder.

Solo volvió a abrazarla.

Seraphine, al escuchar esas palabras, sintió un nudo apretarse en su pecho.

Sí, Elior era fuerte… pero la Muerte estaba molesta.

Él había escapado del purgatorio.

Y nadie desafiaba a la Muerte sin pagar un precio.

Su corazón comenzó a latir con violencia.

Sus manos sudaban.

Una sensación oscura le recorría el cuerpo.

En otra habitación, Aurora hablaba en voz baja con Kael.

—Iré a Aetheris —dijo—.

Quizá pueda descubrir algo… o pedir ayuda.

Kael negó de inmediato.

—No.

—Su voz fue firme—.

Ellos no ayudarán.

Solo aprovecharán la situación.

Y entonces… todo cambió.

El ritmo del aire se alteró de forma antinatural.

Solo Kael, Aurora y Seraphine fueron capaces de sentirlo.

Un instante después, Geheris entero comenzó a temblar.

—¡Al suelo!

—gritó Hina.

Hina y Seraphine empujaron a los niños debajo del escritorio justo cuando el temblor se volvió violento.

Nadie podía mantenerse en pie; todos tambaleaban.

Los cristales estallaban, los muebles se desplazaban, el techo crujía de forma alarmante.

—¿¡Qué está pasando!?

—gritó Hina, aterrada.

Seraphine luchaba por mantener el equilibrio.

—¡Métete debajo del escritorio!

—le ordenó.

Kael y Aurora también se afirmaban como podían.

Aurora lo comprendió de inmediato.

—Esto no es un terremoto… —pensó—.

El aire no cambia así.

Sus ojos se abrieron con horror.

—Es una pelea… —susurró—.

—Una pelea entre colosos.

Kael apretó los dientes con tanta fuerza que le dolieron.

No podían hacer nada.

Estaban atados de pies y manos.

—Por favor… —murmuró—.

—Hijo… tú puedes.

—Vuelve… El temblor cesó de golpe.

Un silencio pesado cayó sobre la casa, silencio que fue roto solo por las alarmas de los autos que estaban fuera de la casa.

Los niños corrieron hacia Kael, aún temblando.

Hina y Seraphine los siguieron.

Ambos adultos les aseguraron que todo estaría bien, aunque ni ellos mismos estaban seguros, si los temblores seguían, sería fatal para los humanos.

Seraphine se llevó la mano al pecho.

Algo estaba mal.

No sabía si era su vínculo con Elior… o si su poder reaccionaba al miedo que inundaba Geheris.

Si era lo segundo, entonces significaba una sola cosa: Su poder estaba creciendo.

Aurora fue la única que se dio cuenta.

Y al verla, supo que algo le sucedía, pero no podían atender eso ahora, la situación de Elior por ahora era más grave, debían solucionarlo de forma inmediata.

El grito de Elior rasgó el dominio de las sombras.

Sus ojos brillaron con una intensidad antinatural, y al mismo tiempo, algo respondió.

El suelo se agrietó.

Las sombras se alzaron como mareas vivas.

Y muy lejos de allí, Geheris comenzó a temblar.

La Muerte alzó una ceja, por primera vez genuinamente intrigada.

—Oh… Elior desapareció.No fue velocidad.

Fue la ausencia misma, como si jamás hubiera estado ahi.

La Muerte giró el cuerpo por instinto, y el golpe pasó rozando su mejilla, arrancando un hilo de sangre negra que se evaporó antes de tocar el suelo.

—…interesante.

El siguiente impacto llegó desde abajo.

Luego desde atrás.

Luego desde todos lados.

Elior atacaba sin detenerse, su cuerpo moviéndose en perfecta sincronía con su sombra que cubría cada vez más su cuerpo.

Cada golpe hacía vibrar el espacio, cada choque resonaba como un trueno lejano.

La Muerte bloqueó.

Una vez.

Dos.

Retrocedió medio paso.

No porque no pudiera resistirlo… sino porque era la primera vez en siglos que alguien la obligaba a hacerlo.

primera vez en siglos que alguien la hacía divertirse tanto en una pelea —Así que esta es tu fuerza… —murmuró—.

Ahora lo entiendo.

Elior no respondió.

Ya no podía hablar, su energía estaba enfocada en pelear  Sus venas ardían, su respiración era un jadeo irregular, y aun así no se detenía.

Su cuerpo se estaba rompiendo poco a poco, pero su voluntad lo empujaba a seguir.

Un golpe directo impactó en las costillas de la Muerte.

El suelo se hundió kilómetros a la redonda.

Las sombras estallaron hacia el cielo.

Y en Geheris, edificios enteros crujieron.

Por un instante… solo un instante… la Muerte fue empujada hacia atrás.

Sus pies dejaron surcos en el suelo negro del dominio.

—Tch… Elior apareció frente a ella, su mano envuelta en oscuridad pura, y descargó otro golpe.

La Muerte levantó el brazo y detuvo el ataque con la palma abierta.

El choque fue brutal.

El aire se comprimió, el dominio se plegó sobre sí mismo, y el eco del impacto cruzó todos los planos posibles —Suficiente.

Con un simple movimiento de muñeca, la Muerte liberó una presión invisible.

El cuerpo de Elior se dobló como si hubiera sido atravesado por una montaña.

Escupió sangre.

Sus huesos crujieron.

Aun así, en el suelo.

se estaba reincorporando —No… —jadeó—.

No… soy… La Muerte lo tomó del rostro, obligándolo a mirarla.

Sus ojos verdes, vacíos y eternos, se clavaron en los de él.

—No eres un juguete —admitió—.

—Pero tampoco creas que eres mi igual.

Lo levantó del suelo con una sola mano.

Elior intentó moverse.

No pudo.

Su sombra respondía… pero su cuerpo ya no.

—Has cruzado límites que ni los ángeles se atreven a rozar —continuó ella—.

Has forzado al equilibrio a mirarte.

Al fin después de lo que lo intento, pudo entrar a la mente de Elior, la vez que el arcángel peleó con el demonio y la sangre de ambos entro a el, pero la muerte en un lapso , reconoció a ese arcángel, aunque ya no poseía ese título… fue desterrado después de esa batalla —¿Azhael…?— susurro la muerte mientras comprendía todo.

Azhael si era un arcángel fuerte, pero era demasiado inestable, para él los humanos no eran más que carne de cañón , escudos de carnes, seres inservible, posterior a esa batalla le arrancaron las alas y para su supervivencia sentenció un pacto con uno de los príncipes de Gehenna, el paradero de él es completamente desconocido.

—Pobre niño, al final tu sangre se mezcló con dos demonios…, estás maldito.

Elior no era capaz de escuchar lo que ella susurraba, solo vio como sin el menor esfuerzo esta lo levantó como si nada.

La Muerte lo lanzó contra el suelo con una violencia que quebró el propio espacio.

El impacto apagó las sombras.

El dominio quedó en silencio.

Elior quedó tendido, apenas consciente, con el pecho subiendo y bajando de forma irregular.

La Muerte lo observó unos segundos más.

—Sobreviviste.

—Eso ya es un problema.

Se dio media vuelta, su capa ondulando como niebla.

—Descansa, rey de las sombras —dijo sin mirarlo—.

—La próxima vez… no jugaré.

Y mientras su presencia se desvanecía, en Geheris el temblor finalmente cesó.

Elior no se movió.

su cuerpo ya no se lo permitía Apenas de regreso en su dominio, la Muerte suspiró.

—Qué chico tan difícil… Avanzó unos pasos entre la niebla eterna y, por costumbre, llevó la mano a su mejilla.

El corte seguía ahí.

No se cerraba.

Frunció el ceño.

Algo parecido había ocurrido cuando se quemó las manos con aquella luz que lo protegía en el purgatorio.

Un poder extraño.

No era divino… pero tampoco demoníaco.

—Tch… El golpe de ese niño había interferido con su regeneración.

—La próxima vez hablaremos en serio —murmuró, desapareciendo entre sombras.

En el dominio de las sombras, el muro que Elior había levantado finalmente se desmoronó.

Las sombras retrocedieron.

Elior yacía en el suelo.

Derrotado.

Exhausto.

Incapaz de moverse.

Sus ojos sangraban, delgados hilos carmesí recorriendo su rostro por la presión extrema del combate.

Su respiración era irregular, superficial, como si su cuerpo no estuviera seguro de querer seguir funcionando.

—¡Elior!

Alice corrió hacia él y se arrodilló a su lado.

—Elior, respóndeme… por favor… No hubo respuesta.

Su mirada estaba perdida, fija en un punto inexistente.

Había peleado con todo lo que tenía… y aun así, la Muerte había detenido sus golpes con la palma abierta.

No fue suficiente… No soy suficiente… —¡Elior!

—gritó de nuevo.

Entonces… parpadeó.

Sus ojos finalmente la enfocaron.

—Ah… Alice… Ella lo ayudó a incorporarse.

Todo alrededor era un caos, estructuras destruidas, los habitantes estaban agitados aún, el reino estaba marcado por el combate.

La ropa de Elior estaba destrozada, empapada de sangre —la de los demonios y la suya—.

Su aspecto era totalmente demacrado.

Caminó con dificultad con la ayuda de Alice hasta la fuente y se lavó el rostro.

El agua se tiñó de rojo… pero no sirvió de mucho.

La sangre seguía brotando.

Sus heridas ya no se estaban regenerando.No como antes.

De pronto, Elior se detuvo.

Enderezó la espalda.

Se dio media vuelta… e hizo una reverencia profunda hacia los habitantes del reino.

—Perdón… —dijo, con voz baja pero firme—.

—Los expuse innecesariamente.

Fue irresponsable de mi parte.

—De verdad… lo lamento.

El silencio fue absoluto.

las sombras solo lo miraban, pero no con molestia, si no con un tono de admiración, Supieron ahí , que su rey, era extremadamente fuerte a pesar de ser aún joven, pero que a pesar de eso, él es capaz de de cuidarlos sin importar que.

Estaba exhausto física y emocionalmente.

Necesitaba descanso, hielo, tiempo.

Alice se lo pidió, casi suplicando que se quedara.

Elior estuvo a punto de aceptar.

Pero entonces recordó.

La Muerte irrumpiendo en su casa.

El terror de los niños de Hina o de Seraphine , solo el pensar que debía explicarle las cosas a esta , lo agotaba de mas.

—No puedo —dijo finalmente—.

—Deben estar asustados… sobre todo ellos, necesito verlos.

Se apoyó en la pared para mantenerse en pie.

—Volveré mañana.

Sin falta.

—Perdón por preocuparte.

—Eres un caso perdido, mi señor… —murmuró Alice, con una sonrisa forzada—.

Nos vemos mañana y por favor cuidese  Ella estaba profundamente preocupada.

Las heridas no sanaban… y había algo distinto en él.

Algo que no lograba nombrar.

—Me iré.

Cuando Alice iba a decirle cómo regresaría esta vez, Elior ya no la escuchaba.

Avanzó hacia la nada.

Y atravesó un portal que se abrió frente de él Alice quedó inmóvil.

Eso… no debería haber sido posible aún.Incluso agotado, incluso con su cuerpo destrozado, Elior había aprendido a usar el cruce de plano.

Se había adaptado rápidamente al domino.

—Increíble… —susurró.

En Geheris, los niños ya estaban con Kael y Aurora después del temblor.

El ambiente seguía cargado.

Entonces, el aire cambió otra vez.

—¿Otro temblor…?

—susurró Hina.

Pero no ocurrió.

En cambio, la chimenea se oscureció.

Un portal se abrió.

Todos retrocedieron instintivamente.

Kael se colocó delante de los niños y de Hina.

Aurora y Seraphine tensaron el cuerpo.

Y entonces… sus ojos vieron, lo que provenía de ahí Elior salió del portal tambaleándose.

Cubierto de sangre seca.

Ropa destrozada.

Moretones, cortes abiertos, heridas que aún sangraban.

Parecía más sangre que persona.

—Elior… —murmuró Kael—.

—Hijo… ¿estás bien?

Nadie se acercó.

Había algo… perturbador en su mirada.

no era una mirada vacía , ni una mirada furiosa Era fría.

Distante.

Como si hubiera dejado algo atrás.

Elior notó cómo lo miraban .Lo cual no le gustó para nada.

Alzó la cabeza lentamente y los observó uno por uno, con los ojos entrecerrados.

y como aquel que no quiere nada, dijo….

—¿Qué?.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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